El arca de AMLO o el diluvio que viene

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En la granja nacional cunde el caos, rebelión o diluvio democrático, es pronóstico temprano en este 2018 y, ocurra o no, la fauna política azteca ya busca hueso, fuero, futuro y refugio.
El López Obrador que en 2006 regateaba el derecho de admisión a su campaña, agendaba citas para después de la elección, cuando su triunfo quedara sentenciado, o nombraba gabinete ex ante, ha cambiado.
El afable es el moderno Noé del evangelio, el que ha construido en Morena un refugio político ilimitado para mujeres y hombres de fe, para quienes creen que su tercera será la vencida y que, con la consecuente afectación a islotes de poder, desean subir al arca de AMLO, ser purificados y alistarse para futuras recompensas.
Ocioso es asombrarnos porque tal o cual político abjuró de partido e ideología, mudó de doctrina como de zapatos. Gabriela Cuevas a Morena, Manuel Bartlett y Miguel Barbosa acumulan millas viajando de un membrete a otro, Julio Di-Bella va con Meade, Javier Lozano también, pero ¿alguien debería espantarse por tanto chapulinazo? No.
AMLO lleva tres. Anaya viste de amarillo, canta de naranja y presume sangre azul sin empacho. Armando Ríos Piter, el aspirante a independiente más próximo a la boleta por la dispersión territorial de sus apoyos, era perredista y hoy es ciudadano. El Bronco, igual y Margarita, lo mismo, pero sin PAN.
José Antonio Meade, el único precandidato sin militancia, tuvo que pedir al PRI, PVEM y Panal que suyo lo hicieran. Y en ésas andan, en hacer propio no sólo al ajeno ungido, sino al resto de pasajeros que quieren ir de aventón en sus siglas partidistas, pero al tiempo se deslindan de cuanto pecado acumulan.
Al ciudadano Meade los membretes no le ayudan, las estructuras territoriales y corporativas quizá, pero ésas deben ser motivadas, estar comprometidas y hay dudas más que razonables de eso.
Toda ventaja partidista conlleva una perversión también, unas más tolerables, otras ya francamente insoportables. Una simple cuestión de uso, abuso y desgaste del poder y del no poder.
Ayer Andrés Manuel López Obrador abrió la puerta de su arca Morena a Roberto Gil Zuarth. El exsecretario particular de Felipe Calderón tiene un peso específico diferente, un activo azul semejante en el caleidoscopio político de AMLO sería estratégico, pero ayer mismo el senador le dijo a Pepe Cárdenas en Radio Fórmula que del PAN lo sacan con los pies por delante.
Las adhesiones a la campaña del ciudadano Meade no son menores, su problema es que cada nuevo fichaje amenaza con traducirse en una nueva inconformidad intestina, las listas de candidatos, en marzo, dejarán claro cuántas bajas y heridos dejan los nuevos amigos entre los viejos militantes.
En cambio cada nuevo pasajero en el arca de AMLO fortalece la prematura idea de que este arroz ya se coció. A este guiso le falta.

Carlos Urdiales

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