El ciudadano Meade y el PRI, entre tecnócratas y dinosaurios

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José Antonio Meade es el precandidato no priista del PRI-PVEM-Panal a la Presidencia, se presume, por ser quien más votos de no-simpatizantes, incluso repelentes al PRI, puede sumar.

La premisa básica es que el piso de votantes priistas fieles (21-23 por ciento) sirva de cimiento electoral a partir del cual el ciudadano Meade jale panistas inconformes, empresarios pro-PAN que privilegien las dotes técnico-políticas del cinco veces secretario de Estado.

Al confirmar que su tapado no era un militante, el PRI profundo, político, operador electoral, reclamó posiciones protagonistas para hacer posible la ecuación del gran elector; primero todo el PRI y después, sumar.

De lo contrario es difícil imaginar que sólo el prestigio individual venza maquinarias corporativas opositoras, ni las de Anaya, ni las de AMLO. Sin embargo, hasta hoy el aparato detrás de José Antonio Meade no envía señales claras al priismo de base, liderazgos y operadores.

Independientemente de sus probabilidades en la CDMX, el caso de Mikel Arriola ilustra la preeminencia de los perfiles tecnócratas sobre los políticos, la ausencia de cuadros con experiencia electoral no construye victorias. Ni en el PRI, ni en Morena o PAN-PRD-MC.

Desde el nombramiento de Enrique Ochoa al frente del PRI como relevo de Manlio Fabio Beltrones, la mano del canciller, Luis Videgaray, asomó; el triunfo en el Estado de México, en junio pasado consolidó el liderazgo del exdirector de la CFE. Influencia de una mente brillante sobre dinosaurios de leyenda.

Los rumores sobre el arribo de algún jefe priista nominal de raíces profundas se dispersan. La extraña ruta de Eruviel Ávila hasta una posición indefinida en la precampaña de Meade aporta colmillo para operar elecciones; sin embargo, la alineación parcial no responde a las expectativas de apenas hace un par de meses.

Jaime González Aguadé va de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores a la campaña de Meade, se suma a Ochoa, a Nuño; Alejandra Lagunes irá con Alejandra Sota a redes y mensaje; se anticipa que Vanessa Rubio irá a Sedesol, que otros políticos, muy priistas, saldrán del gabinete para buscar acomodo, refugio, futuro, en listas de plurinominales al Senado y San Lázaro, después de Año Nuevo.

La constante tecnócrata-itamita se repite en precandidaturas de Mauricio Sahuí y de Miguel Castro para Yucatán y Jalisco, respectivamente. Perfiles técnicos vinculados al precandidato presidencial.

Son más de tres mil los puestos de elección que requieren candidaturas de todo tamaño y color, cartas quedan por repartir.

Si bien José Antonio Meade no está en ayuno de asesores con experiencia política-política (desde su padre hasta el mismo Presidente), la teoría del gran relevo generacional-ideológico en el tricolor toma forma.

El resultado el 1 de julio dirá qué tan acertada o errónea fue, lo que parece ser, la última gran reforma estructural de Enrique Peña Nieto, la del partido que lo llevó al poder.

 Carlos Urdiales

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