El virus está acorralado.

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Ugur Sahin, director de BioNTech, afirma que la vacuna genera anticuerpos que lo neutralizan rápidamente y células citotóxicas que destruyen cualquier célula infectada.
En el laboratorio han comprobado que los anticuerpos neutralizan al menos veinte variantes del virus y lo más probable es que ninguna variante se escape a su acción. Tanto Karikó como Sahin predicen una vuelta a la normalidad, sin necesidad de más aislamientos ni medidas restrictivas, para este próximo verano.
Este prodigio de la ciencia y la tecnología, comparable a los proyectos Manhattan o Apolo, se pudo llevar a cabo gracias a la financiación de decenas de países y al conocimiento acumulado por la ciencia base durante más de treinta años y será el trampolín para acorralar a otro gran enemigo, el cáncer.
Para añadir más transparencia el proyecto se ha publicado en la página de la Organización Mundial de la Salud el código genético de la vacuna Pfizer-BioNTech. Lo han hecho en un formato poco afortunado .doc, pero no seré yo quien me queje.
En este pequeño documento se desvelan las estrategias utilizadas en la creación de la vacuna, capaces de sorprender y emocionar a cualquier aficionado de la bioquímica.
Para enmascarar la molécula de ARN, y evitar que el organismo la detecte como extraña y la destruya, se ha cambiado una sola base nitrogenada, el uracilo por pseudouracilo. Este cambio es suficiente para burlar el sistema defensivo celular y permitir que el ARN llegue a los ribosomas.
La secuencia de ARN comienza con una caperuza modificada, que protege a la molécula de la degradación y engaña a la célula haciéndole pensar que es ARN procedente del núcleo.
Se sabe desde hace años que el ARN rico en guaninas y citosinas tiene más probabilidad de llegar al ribosoma y traducirse en proteína. Por eso, han cambiado algunas bases de la secuencia original de la proteína espiga del SARS, para crear una secuencia más rica en Cs y Gs, pero que codifica la misma proteína. Es decir, se han cambiado, siempre que ha sido posible, unos codones por otros sinónimos más ricos en citosina y guanina.
Pero la mayor genialidad la encontramos en el cambio de dos aminoácidos con respecto a la proteína original, K986P y V987P. Significa que han cambiado el aminoácido 986 de Lisina (K) a Prolina (P) y el 987 de Valina (V) a Prolina (P). Las proteínas producidas por la vacuna no formarán parte del cuerpo del virus y por separado son inestables. Se sabe desde 2017, por estudios en el SARS de 2003, que la prolina estabiliza la proteína S, proporcionándole mayor rigidez al ser un aminoácido cíclico, y le permite mantener la misma forma tridimensional que presenta en la superficie del virus.
Todo un éxtasis bioquímico.
German Fernández Investigador Universidad de Oviedo

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