La Corte se hace terrenal

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Quizá no sea el mejor de los caminos en el que se ha ido metiendo la SCJN. Lo que es un hecho es que desde donde se vea, la Corte está expuesta ante los ciudadanos como quizá nunca antes había estado.

Todas las estructuras del país han pasado por procesos de cuestionamiento y eventual transformación. Algunas han vivido cambios importantes para dejar de ser intocables, digamos que estamos y estaremos todavía un buen rato en ello.

Es cuestión de revisar lo que ha pasado con partidos políticos, el Legislativo, la Presidencia, las redes, las iglesias, e incluso la relación entre medios de comunicación y Gobierno, la cual todavía no acaba por armarse del todo.

Esto es sólo parte de lo que hemos sido testigos y en algunos casos actores. Hemos entrado en procesos en donde con razón nos preguntamos por el valor y sentido de lo que nos rodea, debido a que no responde a nuestras exigencias y aspiraciones como sociedad.

Se podría decir que la Corte se había mantenido al margen de los grandes debates sobre las instituciones, era vista a distancia y hasta ajena. Se le veía también  como una institución compuesta por un conjunto de “notables”, quienes desde una especie de púlpito, con toga y birrete, tomaban decisiones en materia de justicia.

Quien ha sido el más enfático crítico de ello ha sido y es el Presidente. A nadie está engañando con sus discursos y con sus propuestas de cambio para la Corte. Basta con recordar muchos de sus dichos y opiniones sobre el tema en al menos los últimos 18 años.

La sociedad ha ido tomando conciencia del papel relevante que juega uno de los tres Poderes de la Unión, en la medida en que se va teniendo más información, y también por el hecho de que por ella han pasado casos de enorme importancia, y particularmente mediáticos, los cuales eventualmente nos han afectado.

Los ciudadanos la hemos ido identificando, al tiempo que vamos entendiendo lo que significa que sea la última puerta para dirimir asuntos de carácter legal de toda índole.

Salvando las distancias, en algún sentido a la Corte le ha venido pasando lo que a la CNDH. A la comisión se acude bajo cualquier circunstancia, a pesar de las limitaciones propias de su condición y sus atribuciones.

En el caso de la Corte los ciudadanos hemos ido descubriendo su importancia y su papel, la cual nunca había estado en los medios y en el imaginario colectivo como ahora. Las razones de ello son diversas y pasan por los nuevos códigos y actitudes que vamos asumiendo.

A pesar de las polémicas que han rodeado a la institución, hemos visto cómo en su ámbito se resuelven problemas que tienen que ver con nuestras vidas y con nuestro ámbito de acción.

No es que andemos descubriendo el hilo negro, lo que sucede es que la institución se alejó de sus obligaciones y sobre todo sometió su espíritu. Durante mucho tiempo la SCJN y los ministros se convirtieron en entes aislados que decidían, insistimos desde su púlpito, asuntos que tenían que ver con los ciudadanos.

Hemos sido testigos de cómo durante muchos años se tomaron decisiones sobre los ciudadanos, sin que éstos pudieran mínimamente estar involucrados y otras tantas ni ser consultados.

Otro elemento que en los hechos definía ¿o define? a la Corte es la tendencia a moverse al son del Ejecutivo. Más que un poder autónomo, en la práctica actuaba como extensión del presidencialismo.

Ante la renuncia de Eduardo Medina Mora el reto para el Presidente y el Senado está a la vista. A las explicaciones que nos debe el exministro, ahora se suman las que nos debe la UIF sobre las presiones que le hicieron a Medina Mora para que dejara el cargo. No todo acaba ahí, está también en medio el lío entre Zaldívar y Calderón.

La SCJN se anda volviendo terrenal, la clave está en cómo termina por hacerlo.

RESQUICIOS.

¿Qué quiso decir el gobernador de Puebla? ¿A quién castigó Dios y por qué? ¿Pues que Dios es simpatizante de Morena? Nosotros que creíamos que estaba más allá del bien y del mal.


Javier Solórzano .

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