Madrearse al árbitro

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Nadie puede defender al INE apostando sus manos al fuego, hace mucho que la institución ya no se percibe ciudadana, por ejemplo, algunos consejeros se sienten más con ínfulas de políticos, parece que a veces aquello de la imparcialidad se les olvida, como se les olvida el objetivo primordial para el que sirven, más allá de las abstrusas telarañas legales que, ni modo, les han terminado por imponer.
El INE, y sus consejeros, deben garantizar la confianza a los ciudadanos más, mucho más, que a los partidos. El súper IFE de Woldenberg quedó sepultado desde hace mucho, cuando se impuso poco a poco la injerencia de los políticos en las decisiones y acciones del árbitro, por las buenas, a través de cabildeos constantes, y por las malas, saturándolo cada vez con más responsabilidades, desde generar la credencial de identidad por excelencia, participar en la organización y mediación de elecciones locales, organizar las elecciones en el extranjero, validar encuestas, administrar el espacio en medios, fiscalizar todos los gastos, validar la legitimidad de los independientes, desarrollar sistemas informáticos para múltiples tareas a prueba de hackeos y un largo etcétera, etcétera, etcétera…
El INE no legisló los tiempos, ridículos, que hoy día rigen las campañas, tampoco lo hizo para establecer las condiciones de la mercadotecnia electoral que se asemejan más a un decálogo del jardín de niños que a una contienda para mayores de edad, el INE no prohibió que en los tiempos de intercampaña los candidatos se abstuvieran de llamar al voto… ¡todo eso lo hicieron los políticos!, el INE no legisla nada, sólo acata normas porque no puede hacer otra cosa.
Pero el INE, además, ha jugado el papel de punching bag por excelencia, la clase política lo culpa de lo que la clase política lo ha obligado a hacer, todo es culpa del INE y, en el fondo, quizá muy poco realmente lo es… queriéndolo, o sin quererlo, están haciendo una apuesta riesgosa para el resultado electoral, están descalificando al árbitro que ellos mismos eligieron con el as bajo la manga de un comodín que se trague absolutamente todo.
Es aterrador escuchar a los candidatos prestos para madrearse al árbitro, a todos los candidatos, porque esa es la apuesta más sencilla: la culpa la tiene el del silbato, todos son blancas palomitas.
Más información: http://eluni.mx/2GBCOSw

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