Medios públicos, grillas privadas

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Nunca habíamos hablado tanto de los medios públicos como en la administración de López Obrador. Desgraciadamente no para bien. La pretendida transformación de la radio y la televisión públicas, y la agencia noticiosa nacional (Notimex) lejos de acercarse a algo parecido a medios de Estado están cada vez más en el centro de discusión por el uso faccioso o por la falta de certeza sobre lo que se quiere de ellos en este Gobierno.

Todos los gobiernos, de una u otra manera, han querido servirse de los medios públicos para hacer propaganda. Eso, desde donde se vea, es un uso indebido de recursos públicos. Los medios que se pagan con dinero de todos deben asegurar no solo la neutralidad con respecto al Gobierno en turno sino su uso para beneficio público.

La televisión pública quiso incursionar, por ejemplo, en la sátira como elemento de formación de opinión. La televisión francesa, por citar un ejemplo, lo hace muy bien, la diferencia estriba que allá el primer satirizado siempre es el Presidente de la República y de ahí para abajo, mientras que los nuevos responsables de las televisoras, periodistas que alguna vez se pensaron independientes, han concentrado su golpeteo en los opositores al Presidente.

La radio pública estuvo a punto de ser desmantelada. Los obligaron a llegar al límite para que, en una especie de síndrome de Estocolmo intelectual, después del maltrato de la actual administración salieran a agradecer al Presidente que les hubiese regresado un poco del presupuesto que les había quitado. Cayeron en el juego de la sumisión; su patrón ya no es el Estado mexicano, es el Presidente en turno.

El caso más sonado en los últimos días es el de Notimex. La directora, Sanjuana Martínez, se dice atacada y perseguida pero no por el Gobierno sino por colegas periodistas que, dice, han emprendido una campaña en su contra. El problema es que la agencia que debería actuar con criterios de Estado, pues es la cara informativa de México al mundo (podemos discutir si hoy en día tienen sentido las agencias de Estado, pero ese es otro boleto) se convierta en el centro de una discusión entre colegas que a nadie le importa salvo a los directamente involucrados. La pregunta es dónde está la Secretaría de Gobernación en todo este dislate que, al menos en teoría, es la responsable de la política de medios. Hasta ahora no nos han dicho cuál es el proyecto de medios públicos y qué quiere el Gobierno de ellos. Como en muchos otros asuntos en esta administración las decisiones corren por extraños cauces que no son los institucionales lo que permite, tristemente, que los medios públicos estén abocados a grillas privadas.

Diego Petersen

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