Migración, la terca realidad y el discurso

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Con la migración al Gobierno lo alcanzó la realidad. Hemos vivido en el último año bajo un uso del lenguaje como extensión de lo que pasa; sin embargo, una cosa es el discurso y otra, lo que sucede.

El peso de las palabras del Presidente es cada vez más fuerte y significativo. Tiene que ver con la gran relación que ha establecido con un amplio y significativo sector de la sociedad; uno de sus grandes méritos ha sido hacer a los invisibles, visibles.

Ha creado un vínculo realmente fuerte, el cual se ha fortalecido en el último año. Lo que dice el Presidente es, en muchos casos, una verdad incuestionable. La referencia a los “otros datos” se ha convertido, más allá de memes y gracejadas, en una verdad y también en una verdad paralela.

No sucede igual con su gabinete. Lo que dicen los funcionarios no tiene, muchas veces, ni la mitad, ni la fuerza, ni la atención del discurso presidencial. Lo que dice López Obrador es defendido por una gran cantidad de ciudadanos militantes que no cuestionan, lo que lleva a que su discurso se fortalezca y expanda.

Cuando se pregunta por los “otros datos”, a menudo la información se maneja herméticamente o mejor se evade, confiando en que lo que dice el Presidente es lo que es.

Sin embargo, algunos hechos saltan a la vista de los ciudadanos y es difícil para el Gobierno mostrar información que sea diferente, debido a que existen elementos para confrontar los discursos con testimonios de una realidad irrefutable.

El tema migrante está siendo una manifestación de ello. Por más que el discurso oficial reporte que no hay violencia los hechos, dicho de otra manera, la realidad, presenta escenarios distintos a los discursos de funcionarios y del propio Presidente.

La situación adquiere mayor relevancia porque detrás de los hechos está lo que se presume una política que busca conciliar intereses con el gobierno de Donald Trump, más que fortalecer y establecer una política migratoria propia la cual ha sido solidaria y ejemplar, en nuestro pasado.

Existen testimonios e imágenes de lo que está pasando estos días en la frontera sur, que contradicen el discurso oficial. La Guardia Nacional se ha encargado de frenar la migración de manera violenta, en medio de un ambiente cada vez más tenso del que de suyo se vive.

Se asegura que detrás de la estrategia está una negociación político-económica. Lo expresado hace días por un funcionario de EU nos coloca bajo la evidencia y contradicción.

El reconocimiento y felicitación por la política migratoria del Gobierno nos ha puesto en el camino de hacer el trabajo sucio, evitándole problemas a EU, lo cual deja a nuestro país en circunstancias adversas y señalado.

El Gobierno está bajo una cuestionable imagen y está siendo visto en medio de la sumisión; o en medio de una negociación adversa.

En ambos casos, todo genera dudas, porque lo que se ve no tiene que ver con un Gobierno que se asume, y presume, de izquierda, con una vocación social, respeto a los derechos humanos y a la libre circulación de personas.

El discurso oficial se ha enfrentado a la terca realidad. Lo que se dice es cuestionado, al tiempo que enfrenta un desgaste, porque la realidad se está encargando de desmentirlo.

No es un tema que al Gobierno le venga bien ver con maniqueísmo o bajo el discurso de filias y fobias. La estrategia, por más que en su discurso la defienda, está generando problemas mayores.

El Gobierno está en medio de la crítica y se ve sumiso ante un presidente que se ha distinguido por atacar, por decir lo menos, a los migrantes.

Al gran poder del discurso oficial le ha llegado la terca realidad.

RESQUICIOS.

El AICM ya es otra sede de protestas. Ayer, un grupo de padres de familia y sus hijos se manifestó por la falta de medicamentos contra el cáncer. Más allá de la pesadilla de los viajeros, resulta incomprensible y lamentable que se organice una protesta por un tema verdaderamente delicado; ¿no la ven?


Javier Solórzano

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