Migrantes. Se puede poner peor

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No hay indicios de que vaya a cambiar el flujo migratorio en este año como tampoco parece que vayan a cambiar las políticas migratorias de EU y México.

Más bien estamos ante la posibilidad de que los gobiernos sean más severos, debido a que hay elementos para pensar que dentro de los muchos temas de la agenda bilateral, en este en particular, hay acuerdos tácitos.

El Gobierno mexicano se ha esmerado en responder a Trump en todos sus planteamientos migratorios. Si bien ya no somos un país marcadamente migratorio, nos hemos convertido en receptores de ocasión de la migración centroamericana.

Los migrantes se están quedando en nuestro país, mientras enfrentan un largo proceso burocrático en EU para determinar si procede su solicitud de asilo o el permiso de residencia. En un buen número de casos el proceso obliga a los migrantes a dar a conocer una gran cantidad de datos personales, que en muchos casos tienen que ver con sus derechos, pero es tal el deseo de dejar sus lugares de origen que son capaces de cualquier cosa.

El porcentaje de aceptación es bajo. Las políticas draconianas de EU están llevando a que se esté colocando a nuestro país como una alternativa. Los albergues, como hemos venido reportando, están siendo cada vez más insuficientes y se está entrando en una delicada etapa que podríamos llamar de oprobiosa “normalidad”.

Por más esfuerzos que hacen organizaciones sociales y los propios trabajadores de migración, la situación está llegando al límite y en cualquier momento podría detonar violentamente. De lo último que se tiene registro es que a los problemas de hacinamiento se han sumado los de salud. Estos días se reportó un brote de varicela que está afectando al menos a 40 niños.

Los escenarios se complican porque en Guatemala, El Salvador y Honduras, países que generan el mayor flujo migratorio, las cosas no cambian. Los proyectos para crear mejores condiciones internas no han logrado consolidarse, lo que está llevando a que más familias consideren migrar.

No es casual que hace algunos días la titular de Gobernación haya reportado la posibilidad de que pudiera presentarse un nuevo flujo migratorio.

Ayer se dio cuenta de la posibilidad de que los mexicanos que soliciten asilo en EU sean llevados a Guatemala, en lo que se toma una decisión. En caso de que esto se apruebe el problema podría ser grave, debido a que la solicitud de asilo se debe a la inseguridad y amenazas en que viven quienes lo piden, lo que lleva a cuestionar si Guatemala está en condiciones de garantizar seguridad y respeto a los derechos humanos de quienes quieren dejar nuestro país, debido a las condiciones sociales y políticas adversas en las que viven. EU de alguna manera está dejando el paquete a Guatemala, la cual desde hace meses está siendo presionada para jugar el papel de tercer país.

Un elemento más se ha sumado. La crisis entre Irán y EU puede colocar el tema migratorio bajo el escritorio. Son otras las prioridades que va a tener Trump, y en medio de las amenazas de unos y otros su gobierno quizá cierre aún más su frontera, por los temores de un conflicto que pudiera peligrosamente escalar.

A Guatemala le va a ser muy complicado garantizar la seguridad porque además de que sus oficinas de migración son realmente pequeñas, la inseguridad y la violencia tienen una alta tasa de asesinatos, es una de las principales adversidades del país, lo cual podría colocar en riesgo a los solicitantes de asilo.

Insistimos, los flujos migratorios no van a cambiar como para pensar que el problema podría irse resolviendo.

Mientras el Gobierno mexicano no tenga una precisa estrategia migratoria y los migrantes sean una suerte de moneda de cambio el problema, de suyo grave, seguirá agudizándose.

RESQUICIOS.

Ha sido engorroso en estos días adaptarse a no usar bolsas de plástico; sin embargo, es algo que se tenía que hacer. Lo que hace muchos años se pensó como una solución moderna terminó siendo una calamidad.


Javier Solórzano

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