Nuestros incapaces partidos

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Acontecimientos recientes nos muestran que los partidos políticos han sido incapaces de procesar adecuadamente sus conflictos internos. Lejos de los discursos que presumen unidad o de los llamados a la concordia que hacen los líderes partidistas, la realidad es que la inconformidad es la constante al interior de los institutos políticos, algo que pocas veces logra salir al exterior y cuando lo hace, refleja en toda su magnitud los problemas que se viven internamente. Aquí unos cuantos botones de muestra.

PRI, mejor lo expulsamos

Para nadie es un secreto que la presidencia de Alejandro Cárdenas, Alito, no es del agrado de buena parte de la militancia, al grado que ya ha habido una toma de las instalaciones del CEN del partido, misma que terminó con un enfrentamiento entre militantes y supuestos golpeadores.

El saldo de este episodio fue la expulsión de Ulises Ruiz, quien recurrirá a instancias judiciales, a la vez que lanzó un pésimo vaticinio para el priismo, llegar al 2024 sin una sola gubernatura y siendo un partido bisagra que pudiera darle el triunfo a Morena en el ámbito legislativo con algunas iniciativas de interés del presidente, traicionando a la alianza electoral del 2021.

Morena, partido autoritario

Gibrán Ramírez intentó ganar la presidencia del partido, contienda que se definió mediante una encuesta, pero no pudo ocupar una posición relevante en el proceso renunciando a sus aspiraciones y dando su respaldo a quien finalmente ganó el sondeo, Mario Delgado.

Pero es evidente que no quedó conforme, pues en un reciente video que se difundió en redes sociales se le escucha afirmar que “es una lástima decirlo, Morena es hoy el partido más autoritario de México”.

Durante el pasado proceso electoral federal, se dieron varias renuncias y denuncias por las postulaciones de candidatos, incluso el pasado 3 de octubre 30 consejeros nacionales de Morena criticaron abiertamente el papel de Mario Delgado durante el proceso electoral de este año.

PAN, competencia sin participantes

Lo que sucedió en el proceso para renovar la dirigencia nacional del partido es otro episodio que demuestra que Acción Nacional está dejando atrás los ideales que le dieron origen.

El actual presidente –y ahora reelecto dirigente– Marko Cortés anunció su solicitud de licencia para participar en la campaña interna, siguiendo los mismos pasos que su antecesor Ricardo Anaya. Como la elección del presidente del partido se hace por medio de una votación con la participación de los militantes, desde que se cambió el proceso –anteriormente se hacía por medio del Consejo Nacional– los candidatos que cuentan con el apoyo de los caciques azules no tienen problemas en presentar las firmas de, al menos, la mitad de los militantes registrados en el padrón panista, lo que en automático indica quien será el ganador habida cuenta de que la abstención en las elección de Anaya y Cortés ha sido de 50% en promedio.

Esta capacidad de reunir las firmas ha sido cuestionada dentro y fuera del partido, pero una vez más genera sospechas por un detalle que se dio en el actual proceso: los dos competidores que buscaban la presidencia panista en esta ocasión, Adriana Dávila y Gerardo Priego, acabaron saliéndose del proceso y acusando la falta de piso parejo en la contienda.

Adriana Dávila señaló que no registró en el proceso “para no legitimar todas las irregularidades que se han presentado durante el proceso”, además de señalar que “para Marko Cortés resultaba más cómodo que no hubiera candidato o contrincantes, para que no hubiera elección y él fuera ratificado por el Consejo Nacional”, algo que finalmente sucedió.

Así, los partidos muestran que son incapaces de resolver sus conflictos internos, y ya no digamos los problemas del país.

Armando Reyes Vigueras

armando.reyesvigueras@gmail.com

Periodista

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