¿Para los bancos no hay crítica?

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El financiamiento a la inversión y al consumo son necesarios, para canalizar recursos de los ahorradores, pero también para impactar positivamente la dinámica económica a través del crédito accesible y con tasas de interés (costo del dinero) adecuadas para la ganancia de los intermediarios bancarios, y también para generar demanda agregada y crecimiento. Definitivamente, en nuestro país no es así.

Las proyecciones negativas de la pandemia en el crecimiento económico nacional van desde -6.5 a -17 por ciento, inclusive se afirma que la recuperación será en cinco años mínimo. Pero los críticos histriónicos e histéricos de la 4T (comentaristas anodinos, connotados intelectuales orgánicos defensores del neoliberalismo, académicos con “creencias” neoclásicas), no observan que la banca comercial, mayormente extranjera, ha contribuido a la precaria situación económica del País, no sólo ahora con la contingencia sanitaria, sino desde hace más de tres décadas.

En México los costos por intermediación y tasas de interés crediticias son escandalosas, por estos rubros integrados, según la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, en 2019 los bancos cobraron 102.9 mil millones de pesos (mmdp), 4.3 por ciento más que en 2018; al primer cuatrimestre de este año sus utilidades netas fueron 39 mmdp, 29.1 por ciento menos que el mismo periodo del año pasado, aún así, en plena pandemia los bancos no dejan acumular capital, lo que no sucede en otros sectores de la economía.

Además, esta actividad tiene alta concentración, porque 75 por ciento de los activos están en 6 bancos (5 extranjeros y uno nacional), los cuales obtienen más del 80 por ciento de la ganancia total.

Comisiones, consulta de saldos, repuesto de plásticos, comisión por apertura, comisión anual, traspasos, gastos de cobranza e intereses moratorios, aparte del reporte al buró de crédito. Según reconoció la Asociación de Bancos de México (AMB) reconoció (13-03-20) que son más de ¡28 mil 500! la suma de sus comisiones.

El argumento del elevado costo del dinero es que en la sociedad mexicana existe la cultura del “no pago”, pero inclusive en créditos de nómina, garantizados con descuento a salarios, las tasas van de 20 a 40 por ciento sobre el préstamo total, con Costo Total Anual de 52 por ciento en promedio. El promedio de tasas de interés en tarjetas de crédito es 48 por ciento, en crédito hipotecario 12 por ciento y empresariales 18 por ciento. No extrañe que la cartera vencida se haya incrementado de alrededor de 30 mmdp en 2018 a poco más de 38 mmdp en 2019.

Con captación de más de 6 billones de pesos en promedio, en México los bancos ofrecen tasas de interés al ahorro de 2 a 7 mmdp nominal (según plazo y monto depositado), pero, al descontar el incremento en los precios, el dinero ahorrado pierde mucha capacidad de compra. La diferencia entre tasas de interés ahorro-crédito (o tasas pasivas-activas), por decir lo menos, es escandalosa.

Por otra parte, hace falta más infraestructura bancaria, porque para 40 millones de usuarios (incluyendo nóminas) sólo existen poco más de 18 mil sucursales y 55 mil cajeros; aún con más de 44 mil corresponsales bancarios (tiendas de conveniencia o abarroteras con sus comisiones), se generan extensas filas para acceder a los servicios bancarios.

Por el COVID-19, la Asociación de Bancos de México anunció que los deudores tendrán el beneficio de pagos diferidos de cuatro a seis meses; pírrico apoyo, porque comisiones e intereses no se tocan… y siguen contando.

Aunque estratégicamente el Banco de México reduzca a 5 por ciento la tasa de interés referencial al ahorro, la economía mexicana siempre tendrá una pesada loza qué cargar por las altas tasas de interés al crédito y los excesivos costos de la banca comercial. En más de 30 años de gobiernos neoliberales los dueños de los bancos adquirieron enorme poder económico y ahora se asumen intocables ¿por qué no critican eso quienes se oponen a la verdadera transformación?

Jose Maria Gonzalez Lara

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