Periodismo de opinión y cuotas de género

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En México hay una brecha de sexo en el periodismo de opinión. Hay más columnistas, articulistas, editores y comentaristas hombres. En algunos casos la disparidad es enorme. Según Ivabelle Arroyo, por ejemplo, la brecha en columnas de los diarios principales es de hasta 90/10 a favor de los hombres. No sé en qué medida esto es resultado de una discriminación sistemática contra las mujeres, y en qué medida producto del interés vocacional, de preferencias de mercado y de otras posibles razones que escapan a la opresión.

La duda es en qué casos y cómo corregir la desproporción. Cuando un editor publica o deja de publicar a un periodista por su sexo en lugar de por su calidad, en realidad está perjudicando a la audiencia; cuando juzga que va primero el sexo del periodista que su excelencia, ya no le ofrece a su público el mejor periodismo posible sino una etiqueta. Por supuesto que hay audiencias que prefieren etiquetas antes que calidad, y allá ellas, pero el estándar del buen periodismo debe ser siempre la calidad.

Desde luego que la mirada de ambos sexos no es idéntica e intercambiable en todos los temas. El sexo sí puede ofrecer un distintivo, o influir en la voz del periodista. Si después de un balance de calidad, un medio se halla en una desproporción tal que provoque evidente monotonía, es válido un ajuste, pero siempre que el principal criterio para ello sea, otra vez, la calidad.

Esta semana un grupo de mujeres columnistas estrena Opinión 51, un medio de opinión exclusivamente de mujeres con costo de suscripción. En sus filas hay 80 populares columnistas, algunas muy buenas y otras no tanto, como en todo. No es un modelo que persiga la paridad hacia dentro, pues es explícita y únicamente de mujeres, pero sí busca “reducir la brecha de representación en las columnas de opinión” en el mercado. Este propósito no queda muy claro dado que la mayoría de ellas ya opina en los principales medios, pero en todo caso es un esquema mucho más sano que el de cuotas artificiales, porque deja la decisión final en el lector.

En un mundo ideal lo deseable sería la paridad con calidad, pero es mejor la disparidad con calidad que la paridad mediocre. Así, si lo que se persigue es la excelencia, las cuotas de género no son deseables como tampoco lo son las que obedecen al amiguismo, a la militancia y al arreglo político. En cualquier caso, evitemos siempre el ad hominem: una opinión es buena o mala, certera o errada, independientemente del sexo de quien la emite.

 

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