Sindicatos, ¿nuevos controles o democracia?

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En un gran número de casos los sindicatos se convirtieron en centros de poder, control y eje del corporativismo.

Los gobiernos priistas y los cuestionables 12 años de panismo lo construyeron y asumieron. Para el PRI la relación entre los líderes sindicales y el partido eran el eje de la gobernabilidad y la forma de mantenerse en el poder. De otra manera no se explica cómo los líderes sindicales permanecieron tantos años en el poder.

Hemos citado en otras ocasiones al sociólogo estadounidense Wright Mills. Decía que los líderes sindicales llegaban por los trabajadores y se mantenían en el poder por los políticos o los empresarios.

Los liderazgos de algunos sindicatos, particularmente los ligados a los gobiernos del PRI y el PAN, se diluyeron en los últimos años ante los impulsos democráticos de los trabajadores y sobre todo ante la caída de estos partidos.

Ya no tuvieron de dónde asirse unos y otros porque la relación de poder se diluyó, lo que derivó en el fin de la complicidad e intereses comunes, para terminar viendo el tsunami electoral junto con una toma de conciencia de los trabajadores, que los llevó a exigencias y demandas que los líderes ya no tenían manera alguna de enfrentar.

El resultado final terminó por evidenciar cómo, en un buen número de casos, los trabajadores rebasaron a los líderes, quienes nunca entendieron la transición y que el Gobierno pretende sea una transformación.

Lo importante de lo que ha venido pasando es que los sindicatos pueden entrar en una nueva dinámica con una autonomía real, sin pasar por alto las eventuales tentaciones del Gobierno, que no va a reconocer, en el sentido que las organizaciones se conviertan en extensiones del Gobierno o del partido en el poder.

No se pueden soslayar estos escenarios debido a las constantes referencias a un pasado que consolidó el corporativismo y la relación entre sindicatos y organizaciones campesinas con el PRI.

Un error estratégico del PAN fue que en lugar de alimentar la democracia sindical acabó ligándose a ella para ganar elecciones y gobernar. Estableció una alianza electoral con el SNTE, con la afamada maestra, sin preguntarse lo que estaba pasando al interior del sindicato.

En la campaña de López Obrador los sindicatos corporativistas estaban diluidos. El confuso, desafortunado y en muchos sentidos corrupto gobierno de Peña Nieto, provocó un sinfín de cuestionamientos por parte de las bases sindicales, a lo que se sumó el oportunismo de algunos líderes que de la noche a la mañana vieron con buenos ojos a López Obrador.

El triunfo del hoy Presidente se gestó entre su evidente popularidad y también en el hartazgo de la población por los gobiernos priistas y panistas, a los que quería hacer a un lado a como diera lugar.

Muchas cosas están por definirse. Un elemento positivo es el que este mismo año el sindicato petrolero tenga elecciones abiertas; está claro que al Gobierno le interesa y mucho el sindicato. Lo que no queda claro, por lo pronto, es cómo va a establecer a futuro la relación entre la organización gremial y el Gobierno.

Habrá que reconocer que la vida sindical del país está entrando en terrenos en donde los trabajadores pueden ser, por primera vez en muchos años, quienes determinen la vida de su organización.

El reto ya está en las tentaciones en el ejercicio del poder. Al paso del tiempo sabremos si el Gobierno y Morena entendieron el reto histórico en el que hoy están.

Sabremos si la apuesta fue por la democracia y libertad sindical o por encontrar nuevas formas de control.

RESQUICIOS.

No deja de aparecer la mano que mece la cuna en la UNAM. Los brotes de inseguridad, junto con casos muy señalados de abuso a mujeres, han derivado en irritación, protestas y muy particularmente en provocaciones. A esto se suma lo que parece un asunto irresoluble: los problemas en la Facultad de Filosofía y Letras.

Javier Solórzano

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