Tokio: las olimpiadas pandémicas

0
119

“Citius, altius, fortius” es el lema de los juegos olímpicos, que, presumiblemente se desarrollan a partir de una premisa casi lúdica de hermanar a las naciones a través del deporte. Ese es un fin loable. Es sabido que las actividades deportivas contribuyen a la cohesión social, amén de mejorar la calidad de vida de las personas. Asimismo, el deporte tiene importantes consecuencias para la salud: en 2003, la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso en marcha la iniciativa “por tu salud, muévete”, debido a que ya se ha documentado ampliamente por parte de diversos especialistas, que la falta de actividad física, junto con una alimentación poco saludable, son los principales factores de riesgo que contribuyen a la morbilidad y mortalidad por enfermedades crónicas en el mundo.[1] Hoy la pandemia generada por el SARSCoV2, agente causal del COVID-19 ha evidenciado el impacto devastador que la enfermedad tiene en personas aquejadas por enfermedades crónico-degenerativas no transmisibles, muchas de ellas generadas por estilos de vida sedentarios y obesogénicos.

El brasileño Bruno Rezende, durante el partido de voleibol masculino entre Brasil y Túnez. ANTONIN THUILLIER // AFP

Por lo tanto, el deporte “se reivindica como una actividad humanista, destinada a favorecer el desempeño deportivo de los hombres, a mejorar la salud pública, a participar en la expansión del ludismo y a convertirse en un factor de integración y amistad. Contribuye a la emancipación de las mujeres, a la lucha contra el racismo y la xenofobia, a la aceptación, por parte de los individuos, de los valores republicanos y a la manifestación, para los más afortunados, del ascenso en la escala social.”[2]

El deporte recibe cada vez más atención de parte de las sociedades en el momento actual. Ello es positivo, pero también plantea el desafío de que las autoridades de cada país lo someten a intereses políticos, buscando derivar beneficios particulares, a menudo alejados del bien común. Por lo tanto, “el deporte está lleno de tensiones, tensiones entre el pueblo y las élites dominantes, entre innovación y restauración, entre liberación y colonización. Cuando se pretende armonizar estas contradicciones, se ignoran aspectos relevantes y esenciales del deporte.”[3]

Puesto que la política deportiva es responsabilidad del Estado, un evento como los juegos olímpicos posibilita que los países proyecten una imagen de liderazgo y poder ante el mundo. Es el poder suave de los países en su máxima expresión. Es una forma de mostrarle a otras naciones los logros de las políticas de determinado Estado en el terreno deportivo y en rubros relacionados –como el alimentario, el educativo, el sanitario, el tecnológico, etcétera. Los deportistas exitosos, por su parte, pueden convertirse en genuinos embajadores promotores de una imagen positiva del país del que proceden. Todo ello se resume, para decirlo pronto, en que el deporte es una herramienta al servicio del poder político y del poder económico, si bien lamentablemente parece estar menos vinculado a la equidad y la justicia social.

Los juegos olímpicos revisten una gran importancia política y económica, y cuentan con la concurrencia de actores estatales y no estatales -entre estos último el Comité Olímpico Internacional (COI), los patrocinadores, las televisoras y empresas de comunicación y tecnológicas-, siendo los segundos tanto o más importantes que los primeros.[4] Lejos ser actividades que hermanen a las naciones -donde “lo más importante no sea ganar sino competir”-, los juegos olímpicos ponen de manifiesto la enorme distancia entre países desarrollados y en desarrollo, ejemplificando, una vez más, el irresoluble conflicto Norte-Sur, como se ilustra en el mapa 1.

Mapa 1

Las olimpiadas: un juego para el Norte, no para el Sur

 

En los juegos olímpicos que se efectuaron en Río de Janeiro en 2016, se otorgaron 973 medallas a atletas de 86 países/comités olímpicos nacionales. Esto significa que de los 207 países/comités participantes, sólo el 41 por ciento obtuvo alguna presea. Ahora bien: de las 973 preseas entregadas, los 10 países que encabezaron el medallero olímpico acapararon 517, esto es, el 53 por ciento, por lo que otras 76 naciones se repartieron las 456 restantes.

Siguiendo con este razonamiento, entre los 10 países punteros, se observa el predominio estadunidense con 121 preseas o bien, el 12 por ciento de todas las preseas fueron a parar a manos de sus atletas. El Reino Unido se ubicó en segundo lugar si bien por cantidad de preseas es superado por la RP China. Rusia, otrora el rival acérrimo de Estados Unidos en la guerra fría quedó confinado al cuarto lugar y los países que siguen son todos desarrollados -o casi, como Corea del Sur. México tuvo que confirmarse con cinco medallas, ninguna áurea para ocupar la 61ª posición en aquella oportunidad.

 

 

Otra muestra de la brecha Norte-Sur resalta en el mapa 1: el predominio de países capitalistas avanzados como sedes de las justas olímpicas de verano e invierno, es aplastante. El llamado Sur global, con la clara excepción de México y Brasil, está ausente como organizador y/o gestor. Las razones son evidentes: los juegos olímpicos demandan infraestructura, seguridad, gastos logísticos, promoción, etcétera, y estas son condiciones que no tan fácilmente pueden reunir las naciones más marginadas. Baste mencionar que, a la fecha, ningún país del continente africano, como tampoco de Medio Oriente ni del Sur de Asia ha sido sede de los juegos olímpicos. París ha sido elegidos para desarrollar este magno evento en 2024, en tanto Los Ángeles hará lo propio en 2028 y Brisbane en 2032. De hecho, además de Beijing y Seúl -capitales de países oficialmente en desarrollo-, sólo México, en 1968 y Río de Janeiro en 2016, fueron capaces de albergar este evento, por cierto, en contextos nacionales e internacionales desafiantes -se recuerdan, en el caso mexicano, los dramáticos eventos del 2 de octubre en que las autoridades dispusieron la represión de estudiantes.

El equipo de Rusia celebra la victoria en la final por equipos de gimnasia femenina. LAURENCE GRIFFITHS // GETTY

Las justas deportivas de Río de Janeiro tampoco estuvieron exentas de controversias. En el plano económico no hay que olvidar que dos años antes, Brasil había sido sede de la Copa del Mundo, la cual tuvo un costo de 13 mil 600 millones de dólares.[5] Aun cuando el mundial de fútbol requirió importantes obras de infraestructura e inversiones para adecuar o construir estadios, vías de comunicación, tecnologías de la información, etcétera, era a todas luces visible que organizar juegos olímpicos en tan poco tiempo, con tantas disciplinas para las que no necesariamente existía la infraestructura requerida, implicaba una erogación presupuestal significativamente mayor, que si bien se supone que sería aportada en parte por el sector privado, también involucraba la participación decisiva del gobierno. En ese entonces, Brasil transitaba por una profunda recesión económica y 2015 fue un año malo para las finanzas nacionales.

A las dificultades económicas hay que sumar la crisis política en el gobierno que se desencadenó semanas antes de la inauguración del magno evento y que llevó al inicio de un juicio político contra la ahora defenestrada Dilma Rousseff. Como la imagen internacional de Brasil no pasaba por buen momento los juegos olímpicos eran vistos como una oportunidad para atraer turismo y recursos económicos, inyectando un poco de dinamismo a la economía de la nación sudamericana, además de mostrar su poder suave. El gigante sudamericano se ubicó, en esa oportunidad, como el que más preseas obtuvo respecto al resto de América Latina, con 19 medallas: 7 de oro, 6 de plata y 6 de bronce. Más allá de ello, los beneficios políticos y económicos de este importante evento deportivo, quedaron por debajo de las expectativas.

Medallas, deporte y bienestar social

¿Qué importancia reviste la obtención de medallas olímpicas a la luz de lo visto en el gráfico 1? Independientemente de que revelan que los países punteros han puesto especial énfasis en la promoción del deporte, también evidencian que éste es parte integral del desarrollo nacional. No se trata de asumir que la fórmula “más desarrollo es igual a muchas medallas en las olimpiadas” es infalible, dado que, por ejemplo, Noruega, el país con el más alto desarrollo humano según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), apenas logró adjudicarse 4 medallas en Río de Janeiro -todas de bronce. A partir de este ejemplo se podría debatir el sentido del deporte en una sociedad como la noruega, aparentemente más preocupada por promover un desarrollo menos desigual entre sus habitantes, que por dar muestras de superioridad en el atletismo y el deporte a los ojos del mundo. En contraste, Estados Unidos, que obtuvo la mayor cantidad de preseas doradas en 2016, es un país con enormes disparidades sociales, ubicado en la 10ª posición en los citados índices de desarrollo humano de aquel año,[6] lo que llevaría a pensar que, a diferencia de Oslo, prefiere sobre todo hacer de sus logros deportivos una muestra de poder ante el mundo, más que utilizar a estas actividades en beneficio del bienestar, la equidad y el empoderamiento de su población.

Cuba, el país más medallero del continente americano –con la excepción, claro está, de Estados Unidos-,[7] parecería una nación cuyas políticas deportivas vendrían siendo una especie de híbrido entre el ejemplo de lo que significa el deporte para Noruega, y la omnipresencia de la Unión Americana.[8] Es sabido, por ejemplo, que en Cuba hay una decisiva promoción del deporte por parte de las autoridades y que desde el triunfo de la revolución se decidió eliminar el profesionalismo en términos de comercialización, apoyando, en cambio, el amateurismo bajo la consigna de que el deporte es un derecho del pueblo. Es conocida la asesoría que Cuba brinda a países como Brasil, Venezuela y Bolivia en materia deportiva, además de que la ínsula caribeña es una verdadera potencia en béisbol, boxeo, judo, lucha grecorromana y atletismo. Es también sabido que con frecuencia La Habana se enfrenta a la pérdida de atletas que desertan a otras naciones, lo que sin duda constituye una merma para el desarrollo de esta actividad en el país y pone en duda las bondades de su sistema político, económico y social.

Yufei Zhang de China, durante la segunda semifinal de 200m mariposa. STEFAN WERMUTH // REUTERS

Con todo, al igual que en el caso de Estados Unidos, la RP China, Rusia/Unión Soviética y otras naciones, también es cierto que las autoridades cubanas han exaltado los logros de sus deportistas en diversas oportunidades, a fin de destacar las bondades del sistema político, económico y social en que se desenvuelven. Sin ir más lejos, en agosto de 2008, en el marco de los juegos olímpicos de Beijing, Fidel Castro dio a conocer un comunicado en el que señalaba que la ínsula caribeña es el único país donde no existe el deporte profesional; que es la única nación que hace años creó una Escuela Internacional de Educación Física y Deporte de nivel superior, donde se han graduado muchos jóvenes de países en desarrollo y donde estudia [ba] n en la actualidad alrededor de 1 500 alumnos sin pagar un solo centavo; que los atletas cubanos de alto rendimiento estudian gratuitamente como profesores de educación física y deporte y que el país ha graduado en centros superiores de enseñanza a decenas de miles de ciudadanos en esa especialidad, quienes prestan sus servicios a niños, adolescentes, jóvenes y personas de todas las edades, amén de que muchos de ellos se involucran en los programas de cooperación con otras naciones en desarrollo, servicios que ofrecen a un costo mínimo, o de manera gratuita en algunos casos, efectuando una decisiva contribución al deporte en el mundo; y, por supuesto, Castro no dejó escapar la oportunidad para señalar que la ínsula caribeña era el único de los participantes en Beijing, económicamente bloqueado por el imperio más poderoso y rico que existió jamás.[9] Así, para Cuba, sus logros olímpicos evocan el orgullo nacional y exaltan su poder suave.

Depresión, SARSCoV2 y dopaje

Es revelador el estrés personal a que se encuentran sometidos los atletas, situación que, en muchos casos, los ha colocado en situaciones depresivas. Ian Thorp, el “torpedo” australiano, cinco veces campeón olímpico en natación reveló que padecía depresión desde la adolescencia. Recibió tratamiento en 2014 y dos años más tarde reconoció su homosexualidad. Naomi Osaka la segunda mejor tenista del mundo, afirma haber vivido problemas de depresión desde 2018 y fue eliminada muy temprano en las actuales olimpiadas de Tokio. También en la capital nipona, la laureada gimnasta estadunidense Simone Bailes abandonó la competencia reconociendo que necesita concentrarse en su estabilidad emocional y su salud mental.[10] Un caso a destacar es el del prodigioso medallista olímpico estadunidense -ganador de 28 preseas, 25 de ellas de oro-, hoy retirado, Michael Phelps quien ha revelado la condición depresiva que lo aqueja en el marco de la pandemia del SARSCoV2. Phelps ha explicado al mundo los estragos que la depresión ha hecho en su persona, pero también ha llamado la atención sobre la salud mental en este contexto de confinamiento donde millones de seres humanos debieron modificar sus hábitos y actividades, sin dejar de lado el duelo ante la pérdidas de seres queridos. A Phelps de todos modos se le recuerda en diversos momentos de su formidable trayectoria cuando afirmó que tenía severas depresiones tras cada justa olímpica en la que participó.[11]

 La pandemia ha tenido importantes impactos en el deporte tanto amateur como profesional. Desde la cancelación misma de los juegos olímpicos en 2020 dadas las condiciones sanitarias imperantes en el mundo, pasando por el confinamiento, la suspensión de torneos, entrenamientos, prácticas, en fin. Ello ha pegado en el ánimo de las personas y los atletas no son la excepción. Diversos exoertos reconocen que a diferencia de las lesiones que obligan a los atletas a suspender sus actividades de manera temporal -amén de que todos ellos están conscientes de que tarde o temprano las sufrirán, si bien saben podrán salir adelante-, la pandemia, para muchos de ellos fue inesperada pero además con una duración tan prolongada que les impide trazarse objetivos, lo que genera frustración, tristeza y depresión, ello sin contar los duelos por las defunciones de familiares y amigos. A ello hay que sumar la manera tan impersonal de desarrollar las competencias en las diversas especialidades, sin público o con escasos asistentes, sin “porra”, sin el calor humano ni la convivencia que suelen producirse en estos eventos. La inauguración misma de Tokio 2020-21 fue posmoderna: tecnológicamente espectacular, pero con un estadio vacío, mientras muchas personas en los alrededores del recinto, protestaban: la pandemia silenció a la disidencia, al menos durante la transmisión de la inauguración.[12] Y el rechazo no se detuvo ahí: la incertidumbre ante la pandemia ha llevado a que más de la mitad de los consultados en una encuesta efectuada en 28 países, despotriquen contra la realización del evento, destacando la oposición del 78 por ciento de los japoneses como se ilustra en el gráfico 2.

Una manera de acercarse a la pandemia y su impacto en los atletas, es analizar a los 10 países que obtuvieron más medallas en los juegos olímpicos de Río de Janeiro, frente a las estadísticas sobre contagios, personas fallecidas e índice de vacunación. El cuadro 2 muestra “otro medallero”, con Estados Unidos a la cabeza, sí, pero por casos positivos y defunciones a nivel global. Rusia, que figuró en la cuarta posición por las medallas que obtuvo en Río de Janeiro, también está en la cuarta posición por contagios. Los tres países asiáticos que figuran en el cuadro 2 tienen como denominador común una tasa muy inferior en contagios y defunciones respecto a sus contrapartes occidentales. Ello no significa que no experimenten problemas: de la RP China se desconoce su tasa de vacunación, en tanto Japón tiene inoculada apenas a la cuarta parte de su población. Corea del Sur, por su parte, ha aplicado vacunas sólo al 13 por ciento de sus habitantes. Será interesante observar el saldo final de las medallas olímpicas en Tokio 2020-21, donde pareciera que la enfermedad ha prevalecido sobre la salud física y mental de los atletas.

Otro tema a propósito de las exigencias que enfrentan los atletas es el dopaje, práctica de larga data pero que hasta 1968, en las olimpiadas de México, mereció más atención, mediante la instauración de controles obligatorios. Aun así, parecía difícil desterrar esta práctica. “Entre los años 1988 y 1998 se destapan importantes escándalos relacionados con el dopaje: el positivo en anabolizantes de Ben Johnson en los juegos olímpicos de 1988, el dopaje sistemático establecido por los soviéticos y el caso Festina en el Tour de Francia de 1998. Estos sucesos hicieron replantearse la forma de realizar controles. Hasta entonces, estos se llevaban a cabo durante la competición, resultando inservibles, ya que los deportistas podían calcular los plazos para que las sustancias empleadas para mejorar su rendimiento no fuesen detectadas. Es por esto que, el COI decide realizar controles antidopaje de forma esporádica y por sorpresa a lo largo de la temporada, dando lugar a la formación de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) en 1999. Con la elaboración del Código Mundial Antidopaje en 2003 se establece un marco común para la creación de normativas tanto a nivel nacional como internacional por parte de los distintos organismos deportivos. Las actividades clave de la AMA son la investigación científica, los métodos de prevención basados en la educación y trabajar mano a mano con diferentes organizaciones antidopaje, así como la publicación de manera anual de la lista de sustancias y métodos prohibidos para los deportistas. A raíz de la aparición de la AMA, se realizaron diferentes conferencias en las que se llevaron a cabo modificaciones del Código Mundial Antidopaje para, entre otras cosas, abordar la necesidad de realizar ensayos y análisis de muestras más efectivos y precisos.”[13] Como es sabido, Rusia fue excluida de los juegos olímpicos de Tokio por esta razón, si bien sus atletas pueden participar bajo la bandera del Comité Olímpico Ruso (COR).

¿Cuánto cuesta una medalla olímpica?

El pobre desempeño deportivo en los juegos olímpicos de la mayor parte de los países en desarrollo tiene que ver con una triste realidad: una medalla olímpica cuesta, y mucho. Baste mencionar que un atleta de alto rendimiento en un país desarrollado -o bien, de los 10 que dominan el medallero-, para competir, demanda una inversión, en promedio, de unos 2 millones de dólares al año, esto porque se requiere pagar los gastos de un entrenador, del cuerpo técnico, de un fisioterapeuta, más las giras para el “fogueo” del atleta, y sus medicinas y alimentación, entre otros insumos. Si un deportista aspira a competir en los juegos olímpicos, debe participar en justas previas unas cuatro veces por año lo cual entraña gastos más los del staff de apoyo que trabaja con él o ella.[14]

Cuadro 2

COVID-19: casos positivos, defunciones y vacunación en los países que encabezaron el medallero olímpico en Río de Janeiro en 2016 *

 

* Datos actualizados al 27 de julio a las 11: 21 am.
** Porcentaje de la población con esquema completo de vacunación.
Fuentes: Johns Hopkins Coronavirus Resource Center, disponible en https://coronavirus.jhu.edu/map.html y John Holder /27 July 2021), “Tracking Coronavirus Vaccinations Around the World”, en The New York Times, disponible en https://www.nytimes.com/interactive/2021/world/covid-vaccinations-tracker.html

Al respecto, la experiencia mexicana es contradictoria en este ámbito. Baste mencionar que, para los juegos olímpicos de Beijing de 2008, el país envió una delegación de 85 atletas, cuya preparación, según datos de la Comisión Nacional del Deporte (CONADE) costó unos 130 millones de pesos, suma superior a lo que se invirtió en la preparación para las justas de Atenas (80 millones de pesos) y Sídney (70 millones de pesos). Lo que resulta más irónico es que pareciera que a mayor inversión, menos medallas: en Sídney, el representativo nacional obtuvo 6 preseas, en tanto en Atlanta fueron 4. En Beijing, México apenas consiguió tres medallas. Para las justas de Londres asistieron 102 atletas cuya preparación requirió una inversión récord de 2 mil 800 millones de pesos.[15] Felizmente, el país se alzó con ocho preseas: 1 aurea, 3 de plata y 4 de bronce. El contraste fue en Río de Janeiro, donde México llevó a 125 atletas a un costo de 17 mil 864 millones de pesos, logrando cinco preseas, tres de plata y 2 de bronce. A Tokio 2020-21 México envió a 163 atletas. Se estima que la preparación de cada deportista oscila entre los 1. 5 y los 3. 5 millones de pesos anuales para el ciclo olímpico. Llevarlos a la capital del país del sol naciente tendría un costo estimado de 40 millones de pesos, pero la poca planeación de las autoridades, al decir de Nelson Vargas, pareció apostar a la cancelación definitiva del evento, por lo que fue necesario buscar apoyos privados para sufragar los gastos de viaje y otros más.[16] Carlos Bremer, del consorcio Value, quien tiene una larga trayectoria apoyando al deporte en México, fue uno de los principales contribuyentes de recursos para concretar la presencia de los atletas mexicanos en Tokio.[17] Las autoridades nacionales estiman que el país podría obtener 10 medallas en Tokio, cifra ambiciosa, aunque podría haber -ojalá- sorpresas.[18]

Partido de vóley playa femenino entre Japón y Suiza. JOHN SIBLEY // REUTERS

La ocasión en que México tuvo su mejor desempeño en unos juegos olímpicos, fue, naturalmente, en 1968, cuando se embolsó nueve preseas, tres de cada denominación (oro, plata y bronce). Si bien es cierto que la motivación y el factor anímico fueron un factor considerable en el desempeño de los deportistas mexicanos en las justas de 1968, evidentemente en aquellos años no se invertía en la preparación de los atletas lo que se destina en la actualidad, pero, en cambio, hubo planeación más allá del presupuesto. Históricamente, México se ha hecho de 69 medallas desde que participa en los juegos olímpicos –su primera incursión fue en Paris, en 1900, donde obtuvo una medalla de bronce en polo-, de las cuales 13 han sido de oro, 24 de plata y 32 de bronce. Así, pareciera que lo que necesita el deporte en México no necesariamente es gastar más, sino gastar bien a partir de una estrategia debidamente estructurada, toda proporción guardada, como han hecho Estados Unidos, Reino Unido, la RP China, Rusia y, en general, los países punteros en el medallero.

Ahora bien: es claro que ante los costos que entraña la preparación de los atletas que buscan ser competitivos en los juegos olímpicos, es necesario el patrocinio de empresas privadas porque los insumos requeridos no serían financiables únicamente con los apoyos gubernamentales. A manera de contraste se tiene el dato de que la preparación y el viaje del equipo ecuestre de Estados Unidos para las olimpiadas de Beijing de 2008, y que estuvo integrado por 43 atletas, costó 1. 3 millones de dólares, es decir, cinco veces lo que necesitó El Salvador para enviar a la totalidad de su delegación a Londres 2012. En ambos casos, el apoyo de la iniciativa privada ha sido fundamental, si bien la diferencia la marca la concepción que el Estado –el salvadoreño y el estadunidense- tiene sobre el deporte-: para la Unión Americana se trata de un asunto de prestigio y de despliegue de poder, en tanto para El Salvador lo más importante es hacer acto de presencia y, en el mejor de los casos, “foguear” a sus deportistas.

La importancia de los juegos olímpicos para Japón

En 2021, Japón corrobora la maldición de los 40 años. En 1940, Tokio era sede de los Juegos Olímpicos, pero estos debieron ser suspendidos ante la segunda guerra mundial. Las justas de invierno, programadas para ese mismo año en Sapporo, tampoco se pudieron concretar por la misma razón. En 1980, debido al boicot decretado por Estados Unidos y sus aliados contra la Unión Soviética luego de que ésta invadiera Afganistán en 1979, Japón no acudió a los juegos olímpicos de Moscú. En 2020 la pandemia provocada por el SARSCoV2, agente causal del COVID-19 llevó a la suspensión temporal de las justas deportivas más importantes del orbe. Es hasta 2021 que Japón pareciera estar rompiendo esa maldición, aunque no del todo, considerando las condiciones sanitarias imperantes en el país y el mundo y la opinión generalizada de que las olimpiadas debieron suspenderse.

El Comité Olímpico Japonés (COJ) fue creado en 1911 y la primera participación del país en los juegos olímpicos de la era moderna fue en Estocolmo, en 1912. Como se explicaba, Tokio era sede de los juegos olímpicos de 1940, pero la segunda guerra mundial evitó que se realizaran. No sería sino hasta 1964 en que por fin la capital nipona sería el anfitrión de tan magno evento. Más tarde, en 1972, Sapporo albergó los juegos olímpicos de invierno. En 1998, nuevamente las justas invernales tuvieron a una ciudad japonesa como sede: Nagano.

Conviene destacar que, para Japón, las justas olímpicas siempre han sido consideradas como una oportunidad de mejorar su imagen internacional, de mostrarse al mundo como un país empático, amistoso y cooperativo, amén de proyectar sus intereses instrumentales en el orbe. En 1952, apenas siete años después de concluida la segunda guerra mundial, Tokio puso a consideración del COI, la realización de los juegos olímpicos de 1960. Era muy pronto para que los nipones recibieran el plácet internacional: estaba muy fresco en la memoria de todos lo hecho por el imperialismo japonés en Asia. Asimismo, el país se encontraba en fase de reconstrucción, debiendo reinventarse al igual que sus relaciones con el mundo. Pero para 1960, cuando el COI aprobó la designación de Tokio como sede para las justas de 1964, el panorama era distinto. Japón ya estaba reconstruido y mostraba un formidable crecimiento económico, como se ilustra en el gráfico 3. Así, pudo edificar la infraestructura requerida, incluyendo una fastuosa villa olímpica, vías de comunicación y días antes de la inauguración, un portentoso tren bala, el Shinkansen que cubría la ruta Tokio-Osaka. Construyó hoteles y 36 sitios para el desarrollo de las competencias. Con una economía boyante, Japón podía permitirse semejante dispendio estimado en un 3. 6 por ciento de su producto interno bruto (PIB).[19] Sobre todo este gasto se justificaba como parte del esfuerzo para, mediante el poder suave mostrar al mundo que el Japón belicoso de la segunda guerra mundial era cosa del pasado. Buscó reinventar su nacionalismo, pasando del racismo a dar la bienvenida al mundo. En la inauguración, el último tramo de la antorcha olímpica recayó en el atleta nipón Yoshinori Sakai, nacido el 6 de agosto de 1945, día fatídico en que, 19 años antes, Estados Unidos había arrojado la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima.[20]

 

“La derrota japonesa en la segunda guerra mundial  situó  a  la economía  del  país en  una situación extremadamente  difícil. Precisamente por ello, se ha hablado frecuentemente de “milagro” para describir lo que ocurrió durante las décadas siguientes. Durante  la  edad  dorada del crecimiento vivida por la economía mundial entre 1950 y 1973, Japón fue la economía que más creció (una media del 8 por ciento anual, frente a 3 por ciento para el conjunto del mundo), basándose  en  enormes tasas de ahorro (40 por ciento del producto nacional bruto o PNB en 1970, frente a 15 por ciento en Estados Unidos) e  inversión  (40 por ciento del PNB a  finales de  la década de  1960), le permitió  reanudar  su  proceso de convergencia con  los países más desarrollados. También se reanudaron los cambios estructurales iniciados antes de la guerra. A la altura de 1973, Japón tenía ya una renta per cápita básicamente similar a la de Europa occidental. Además, la distribución de su renta era una de las más igualitarias del mundo.”[21]

Para el momento en que se llevaron a cabo los juegos olímpicos de invierno en Sapporo, en 1972, la situación económica del país empezó a experimentar un estancamiento. Esto tuvo que ver, en parte con la enorme dependencia nipona respecto a Estados Unidos. Como se observa en los gráficos 4 y 5, el comportamiento del PIB japonés prácticamente corre en paralelo con el estadunidense, que, es sabido, a principios de los 70 hubo de renunciar a la paridad oro-dólar, fracturando al esquema de Bretton Woods y junto con el incremento en los petro-precios, se produjo una profunda crisis en el mundo. Japón se vio arrastrado por este hecho.

Es de destacar que, para los juegos olímpicos de invierno celebrados en Nagano en 1998, el PIB japonés había decrecido -1. 12 por ciento. Es difícil imaginar cómo las justas de invierno, que tienen tradicionalmente una afluencia menor de atletas, disciplinas y turistas, podían contribuir a mejorar el perfil económico del país.

Para los juegos olímpicos de Tokio 2020, Japón debió erogar 15 mil 400 millones de dólares -esta cifra incluye 2 mil 800 millones que costó suspender el evento y trasladarlo a 2021. A ello hay que sumar que patrocinadores como Toyota, NEC y Panasonic retiraron su apoyo a las justas olímpicas al constatar el rechazo social imperante en el mundo -y en el propio Japón- de cara a la pandemia.[22]  Si a ello se suma que las olimpiadas pandémicas se celebran sin público, el que normalmente genera una derrama económica importante, sólo se puede pensar en pérdidas y más pérdidas monetarias para los organizadores. Ello abona a las críticas que reciben los juegos olímpicos por los costos desmesurados que entrañan, la supuesta edificación de “elefantes blancos” que, a posteriori no tienen beneficios sociales, y una factura que suele tomar años antes de ser saldada por parte de la ciudad anfitriona. Pensar que los juegos olímpicos ayudarían al PIB nipón es irreal, máxime si se observa el comportamiento mediocre de la economía del país tan sólo entre 2011 y 2019, a lo que se suma el impacto de la pandemia. Ante ello cabe preguntar: ¿por qué las autoridades niponas han insistido en realizar los juegos olímpicos?

La respuesta, de nuevo, estriba en la importancia de utilizar el poder suave para mejorar la imagen en casa y en el mundo. Como se recordará, el 11 de marzo de 2011 tuvo lugar un devastador terremoto con magnitud de momento de 9. 1, en la región de Tohoku que provocó la muerte de 15 893 personas, más 6 152 heridos y 2 556 desaparecidos. El movimiento telúrico también generó un tsunami al liberar una energía superior en 600 millones de veces a la bomba atómica de Hiroshima. Fue el terremoto más devastador en la historia de Japón y el cuarto más intenso en la historia del mundo en los pasados 500 años si se le mide con los estándares actuales. El sismo fue determinante para que se produjera el accidente en la central nuclear de Fukushima, equiparable, por el nivel de gravedad del incidente, a lo sucedido en 1986 en la central nuclear de Chernóbil.

Los costos económicos estimados del terremoto se colocaron en 236 mil millones de dólares -datos del Banco Mundial.[23] El monto de la reconstrucción podría haber sido equivalente al 3 por ciento del PIB.[24] Eso hace que el terremoto de Tohoku sea el más caro de la historia, por encima del de Kobe de 1995.

Los juegos olímpicos, por lo tanto, buscaban generar otro ánimo interno y también una imagen internacional renovada de Japón, en especial si a ello se suman eventos como las crecientes tensiones y rivalidades con la RP China, y las disputas por las islas Senkaku -como las llaman los nipones-, Diaoyu -como las denominan los chinos-, o bien las Taoyutai, como se les conoce en Taiwán. Súmese a lo anterior la pandemia y se tiene una explicación sobre la distracción benévola que pueden ofrecer las olimpiadas a los japoneses y al mundo.

No es la primera ocasión que esto ocurre en un contexto de juegos olímpicos. El 12 de mayo de 2008 tuvo lugar un devastador terremoto con magnitud de momento de 7. 9 grados en la provincia de Sichuan en el corazón de la RP China. En el cataclismo perecieron 69 227 personas, además de que el sismo produjo 374 643 heridos y 17 923 personas desaparecidas. El 14 de mayo, la RP China apeló al auxilio internacional para atender a las personas afectadas. Prácticamente todos los países occidentales, más Naciones Unidas y numerosos organismos no-gubernamentales desplegaron una cuantiosa ayuda en beneficio de las víctimas. Muchos de los gobiernos que apoyaron a Beijing en las labores de rescate hicieron también donativos en dinero y especie para las víctimas, como parte de un “esfuerzo inicial”, de manera que estaban dispuestos a dar ayuda adicional si fuera necesario. En esos términos, al menos, respondieron Japón y Estados Unidos. Para Beijing, la celebración de los juegos olímpicos de verano de agosto del mismo año era una manera de mostrar al mundo a un país moderno, capaz de ponerse de pie ante semejante terremoto, lo que también llevó que su imagen pasara de la de un país “golpeado” y quizá un poco “desvalido” a la de una poderosa y moderna nación que, por cierto, lideró con 100 medallas, 51 de ellas de oro. Fue una manera de agradecer también a las naciones por su solidaridad. Por cierto, como nota al margen, la inauguración de los juegos olímpicos de Beijing tuvo también un efecto distractor respecto a la guerra entre Rusia y Georgia, donde el primero atacó física y virtualmente al territorio georgiano, aislándolo del resto del mundo. En esos precisos momentos -8 de agosto de 2008- Vladímir Putin acompañaba a la delegación rusa que participó en las justas deportivas.

Regresando al terremoto de Sichuan, la RP China desarrolló en unos tres años la reconstrucción de la mayor parte de la zona devastada con proyectos en los que, a sugerencia de organismos internacionales se privilegiaría la sustentabilidad y un ordenamiento territorial apropiado.[25] Claro que, para el momento del terremoto y los años que le siguieron, el PIB chino crecía a tasas que oscilaban entre el 9 y el 10 por ciento, como se ilustra en el gráfico 6. Asimismo, cuando se produjo el sismo, la RP China ya tenía avances notables en las obras de infraestructura y vías de comunicación requeridos para los juegos olímpicos. Con Japón no fue así.

Cuando el COI adjudicó en a Tokio la sede de las célebres justas deportivas el 7 de septiembre de 2013 -la capital nipona se impuso a Estambul por 60 votos a favor contra 36-,[26] muchos se preguntaban en Japón y en las zonas devastadas por el terremoto de Tohoku si la organización de un evento tan costoso implicaría demoras en la reconstrucción. “A 900 días del desastre, sólo el 1. 6 por de las personas que viven en hogares temporales se han trasladado a viviendas de protección social. En cifras apenas son 448 viviendas para 215,000 sobrevivientes, ahora refugiados en improvisados alojamientos en pésimas condiciones. Mientras que el gobierno central de Japón parece incapaz de explicar por qué hay tan pocos resultados para un presupuesto de reconstrucción asignado el año pasado de 10 billones de yenes, el ayuntamiento de Tokio dice que está dispuesto a gastar en la construcción y remodelación de 10 instalaciones deportivas en la capital en los preparativos para los juegos olímpicos.”[27] Así que desde entonces, la cosa empezó mal. Para los supervivientes y damnificados parecía que las autoridades eran candil de la calle…

Mapa 2

Fuente: AFP.

Por ello fue que muchos comenzaron a denominar al magno evento las olimpiadas radiactivas a manera de recordatorio del desastre de la central nuclear de Fukushima y el aparente abandono del gobierno a los habitantes de las zonas más perturbadas por el cataclismo. “El acto simbólico de la antorcha este 2021, como gesto pacifista ante los detractores de los juegos fue iniciar el recorrido de la antorcha olímpica en Fukushima, la región del terremoto, tsunami y desastre nuclear de hace 10 años. La persona que tomó la antorcha esta vez fue Teiko Nemoto de 82 años de edad, originario de la ciudad de Futaba, un sitio a 10 km de los reactores nucleares derretidos de Fukushima Daiichi.”[28]

En suma, los juegos olímpicos de Tokio 2020-21 no salvarán a la economía de Japón. Al respecto, a mediados de 2020 la deuda pública de Japón era de unos 9. 8 billones de dólares o bien 77 mil dólares per cápita, equivalentes al 257 por ciento de su PIB.[29] Por otro lado, tampoco parece que las justas deportivas contribuirán a mejorar la imagen internacional del país ante lo que muchos juzgan imprudencia en medio de la pandemia del SARSCoV2. Internamente se mantendrán las críticas contra el gobierno que encabeza Yoshihide Suga, por parte de quienes piensan que antes que pensar en el mundo hay que atender los problemas internos

Con este telón de fondo, los juegos olímpicos de verano culminarán el próximo 8 de agosto. El saldo en el medallero será la menor de las preocupaciones, aunque seguramente muchos japoneses lo mirarán de reojo para compararlo con el resultado de aquellos gloriosos juegos olímpicos de 1964, cuando Japón vivía una bonanza que hoy es ajena para la población.


[1] La OMS estima que mueren más personas en el mundo a causa de la obesidad que por la desnutrición, situación que invita a la reflexión, debido a las connotaciones socio-económicas –como la desigual distribución de la riqueza en el mundo- que este problema posee.

[2] Gautier Fontanel, Liliane Bensahel y Jacqies Fontanel (2009), « Le sport comme expression de la puissance publique et d’une appartenance politique », en Maxence Fontanel y Jacques Fontanel (ed.), Géoéconomie du sport. Le sport au cœur de la politique et de l’économie internationales, Paris, L’Harmattan, p. 15.

[3] Mario Alexander Reyes Bossio (13 de octubre de 2006), “Política deportiva: factores reales del sistema deportivo”, en Liberabit, Lima, Perú, p. 1.

[4] El mejor ejemplo de ello es que el Comité Olímpico Internacional es un organismo no gubernamental que tiene la responsabilidad de organizar y desarrollar los juegos olímpicos. Creado el 23 de junio de 1894 por el Barón Pierre de Coubertin en París, se propuso inicialmente revivir las justas olímpicas que antaño se efectuaron en Grecia. El comité se integra por 206 comités olímpicos nacionales y es presidido por el alemán Thomas Bach.

[5] América Economía (s/f), “¿Cuánto costarán los juegos olímpicos de Río de Janeiro 2016?, disponible en http://www.americaeconomia.com/negocios-industrias/cuanto-costaran-los-juegos-olimpicos-de-rio-de-janeiro-2016

[6] En 2020, Estados Unidos descendió a la 17ª posición.

[7] Tiene hasta los juegos olímpicos de Río de Janeiro 226 preseas, de las que 78 son de oro, 68 de plata y 80 de bronce.

[8] Estados Unidos es el máximo ganador de preseas en los juegos olímpicos de la era moderna, con un total de 2 528 medallas, de las que 1 024 son de oro, 795 de plata y 709 de bronce. Véase Marca Claro (20/07/2021), “¿Cuántas medallas ha ganado Estados Unidos en su historia en los Juegos Olímpicos?”, disponible en https://us.marca.com/claro/juegos-olimpicos/2021/07/20/60f7050be2704e7cbf8b45c3.html

[9] Radio Mundial (agosto 27, 2008), “Fidel reitera logros deportivos a pesar de bloqueo y ley de ajuste”, disponible en http://www.radiomundial.com.ve/node/199592

[10] Semana (27/7/2021), “Las tristezas de los ídolos: grandes deportistas que han sufrido de depresión”, disponible en https://www.semana.com/deportes/articulo/las-tristezas-de-los-idolos-grandes-deportistas-que-han-sufrido-de-depresion/202113/

[11] Yarek Gayosso (12 de abril 2021), “La depresión, la otra batalla de Michael Phelps”, en Reforma, disponible en https://www.reforma.com/aplicacioneslibre/preacceso/articulo/default.aspx?__rval=1&urlredirect=https://www.reforma.com/la-depresion-la-otra-batalla-de-michael-phelps/ar2161371?referer=–7d616165662f3a3a6262623b727a7a7279703b767a783a–

[12] Excélsior (23/07/2021), “Protestas en inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020”, disponible en https://www.excelsior.com.mx/adrenalina/protestas-en-inauguracion-de-los-juegos-olimpicos-de-tokio-2020/1461542

[13] Alfaya Pereira (julio-septiembre 2018), “Sustancias dopantes y técnicas antidopaje: una revisión histórica”, en Gaceta Internacional de Ciencias Forenses, no. 28, pp. 4-5, disponible en https://www.uv.es/gicf/2TA1_Alfaya_GICF_28.pdf

[14] Revista Mercados y Tendencias, Ibid.

[15] El Pionero (18 de abril de 2012), “De la Garza no garantiza medallas en Londres”, disponible en http://elpionero.com.mx/notas.pl?n=35050&s=d

[16] Nelson Vargas (07/02/2021), “Preparación de deportistas a los juegos de Tokio”, en El Universal, disponible en https://www.eluniversal.com.mx/opinion/nelson-vargas/preparacion-de-deportistas-los-juegos-de-tokio

[17] Marisol Rojas (6 de mayo de 2021), “Value apoyará para los vuelos de JO de Tokio”, en El Economista, disponible en https://www.eleconomista.com.mx/deportes/Value-apoyara-para-los-vuelos-a-JO-de-Tokio-20210506-0147.html

[18] Nelson Vargas, Ibid.

[19] Expansión (13 de septiembre de 2013), “Juegos Olímpicos, sin milagro para Japón”, disponible en https://expansion.mx/economia/2013/09/12/juegos-olimpicos-milagro-japon

[20] Marisol Rojas (13 de abril de 2021), “Juegos Olímpicos: el softpower que le da a Japón el control”, en El Economista, disponible en https://www.eleconomista.com.mx/deportes/Juegos-Olimpicos-el-softpower-que-le-da-a-Japon-el-control-20210413-0155.html

[21] Fernando Collantes (s/f), El milagro japonés y el desarrollo de lejano Oriente, Universidad de Zaragoza, p. 4, disponible en https://economia_aplicada.unizar.es/sites/economia_aplicada.unizar.es/files/archivos/55/japon_-_texto.pdf

[22] Expansión (23 de julio de 201), “Entre el rechazo y la duda: ¿a dónde va la publicidad en los Juegos sin público?”, disponible en https://expansion.mx/mercadotecnia/2021/07/23/publicidad-juegos-olimpicos-sin-publico

[23] Zhang Danhong y Rosa Muñoz Lima (22.03.2011), “Grandes costos para Japón tras desastre natural y nuclear”, en DW, disponible en https://www.dw.com/es/grandes-costos-para-jap%C3%B3n-tras-desastre-natural-y-nuclear/a-14935214

[24] América Economía (15 de marzo de 2011), “Costos del terremoto y tsunami en Japón llegarían, al menos, a US$180.000M”, disponible en https://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/costos-del-terremoto-y-tsunami-en-japon-llegarian-al-menos-us180000m

[25] RPP (10 de mayo de 2011), “China casi ha terminado reconstrucción de la zona del sismo de 2008”, disponible en https://rpp.pe/mundo/actualidad/china-casi-ha-terminado-reconstruccion-de-la-zona-del-sismo-de-2008-noticia-363909

[26] El Economista (7 de septiembre de 2013), “Tokio gana sede de los Juegos Olímpicos 2020”, disponible en https://www.eleconomista.com.mx/deportes/Tokio-gana-sede-de-los-Juegos-Olimpicos-2020–20130907-0017.html

[27] Expansión (13 de septiembre de 2013), Ibid.

[28] Marisol Rojas (13 de abril 2021), Ibid.

[29] El Economista (4/05/2020), “Japón, el país inmune al peso de una deuda pública estratosférica”, disponible en https://www.eleconomista.es/internacional/noticias/10515418/04/20/Japon-el-pais-inmune-al-peso-de-una-deuda-publica-estratosferica.html

María Cristina Rosas

mcrosas@unam.mx

Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here