Zurcir las heridas rumbo al 2024…

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En las últimas semanas escuché muchas veces la expresión “el último en salir de la Casa del Pueblo, que por favor apague todas las luces y jale la puerta”.
Veamos a simple vista. Cuando Ivonne Ortega terminó su mandato hubo una fractura con Rolando Zapata. El PRI local lo resintió porque muchos ivonistas se sintieron perseguidos; y, cuando se enfrentó a Alejandro Moreno en busca de la dirigencia nacional y finalmente renunció para incorporarse a Movimiento Ciudadano mucha estructura natural se fue con ella. Las bases del PRI yucateco se sacudieron.
Había que recoger los pedazos y pegarlos. Pero lejos de realizar esa tarea, visto a los ojos del pueblo, la dirigencia golpeteó a otros cuadros, a seccionales y a dirigentes municipales. Hubo un abierto enfrentamiento con un grupo de diputados que se sumaron a la propuesta de Mauricio Vila de un nuevo préstamo, en el marco del coronavirus, y fueron amenazados, incluso por su dirigencia nacional, con la expulsión. En el Congreso se fracturaron, otros abandonaron sus distritos o, simplemente, nunca regresaron. Hubo desánimo. Ante las aguas muy turbulentas muchos aprovecharon emigrar a otros partidos; por ejemplo, Carmen Ordaz y Celia Rivas, por citar algunos casos.
Así llegó la selección de candidatos. Muchos levantaron la mano, creyendo en la democratización que se prometía. Ahora sí, ante la “purga natural”, el partido estaba en manos de la militancia.
Llegó la desilusión. Entonces comenzó la acusación del juego sucio. Los creyentes se enfrentaron a trabas para su registro y finalmente, como el caso de Wendy Ramírez Balam, con 21 años de militancia (quien luego se fue al PVEM) fue sacada a empujones de la oficina de la Comisión Estatal de Procesos Internos.
–“Lárguese de aquí, fuera de la Casa del Pueblo, no quiero saber nada de usted porque no entiende lo que se le está diciendo”, gritó Rodrigo Eduardo Alam Bentata, secretario de Acción Electoral, a la aspirante del primer distrito a quien bloquearon (igual que a Denisse Pérez y Antonio Sosa) para dejar libre la posición al dirigente estatal Francisco Torres Rivas, como “candidato único”.
Ese día también sufrieron el atropello Teresa Rossana Luna Rejón y Rodrigo de Jesús Aldama de la Cruz, quienes aspiraban al distrito II y IV, respectivamente. Seis aspirantes más corrieron con la misma suerte, cuando se llevaron la sorpresa que no obtendrían la información que les hacía falta para subsanar su prerregistro.
Enterado del caso de Wendy el dirigente municipal, Francisco Medina Sulub, nada hizo sobre esto, al menos no hubo pronunciamiento público sobre el atropello a su más cercana colaboradora cuando estuvieron en el Frente Juvenil Revolucionario (FJR), como tampoco sucedió cuando la secretaria General en el comité municipal y regidora en el Ayuntamiento de Mérida, Alejandrina León Torres, abandonó el partido para irse a Morena, luego que le negaron la candidatura a diputada estatal. Con ellas se fueron otros simpatizantes.
En medio de la batahola se fueron Liborio Vidal, William Sosa. Su salida fue con desdén y desprecio, pero se llevaron estructura, familiares, amigos y votos. Así sucedió con Víctor Cervera Hernández, quien emigró a MC en busca de lo que el PRI le negó.
Entonces sucedió lo de siempre, impusieron al candidato a la alcaldía y a los diputados federales y estatales. Varias voces se levantaron para manifestar su inconformidad con el proceso. Después, la imposición para la reelección de María Esther Alonzo Morales; impusieron nuevamente a Pablo Gamboa Miner; apareció la empresaria Gabriela Cejudo Valencia y buscaron la reelección de Janice Escobedo Salazar. Los militantes se enojaron porque en el caso de Gamboa y Cejudo fueron inscritos también en la lista de plurinominales.
Para Mérida quedó como candidato a la alcaldía el senador Jorge Carlos Ramírez Marín. Muchos líderes de organizaciones afines al PRI se quejaron y no fueron escuchados. No estaban contentos. Incluso aparecen ahora en fotografías apoyando a candidatos del PAN. Muchos líderes de seccionales se fueron. Unos, con Ismael Peraza a Fuerza por México, otros a Morena y al Verde Ecologista, y los menos, al PAN.
Allá, en alguna carpeta de la Casa del Pueblo, están los reportes. Igual que del operativo que realizaba el gobierno estatal para entregar hasta el último momento y en pleno proceso electoral apoyos para ganaderos, agricultores, pescadores y materiales de construcción para aquellos que resultaron damnificados por Amanda y Cristóbal, desde junio del año pasado.
–“Están llegando muchos camiones con los apoyos, y nosotros no tenemos ni para una camiseta”, enfrentaron a Panchito Torres la semana pasada en una reunión cuarto para las doce del proceso electoral. Hubo gritos, insultos y reclamos. Los candidatos, a presidentes municipales y diputados estatales, lo tacharon de alcohólico y ladrón. El líder les explicó que no hay dinero, que los fondos se destinan para el pago de una multa. Los candidatos salieron de la reunión muy enojados.
Al amanecer el domingo, después de una larga noche soportando las presiones y agresiones de sus rivales políticos, muchos priistas salieron a expresar su coraje.
El otrora gigante está derrumbado. Urge un ejercicio de autocrítica y falta ver quién apaga la luz y cierra la puerta.
O llega alguien capaz de zurcir las heridas rumbo al 2024…

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