Sufre la iglesia «impacto devastador» en su imagen

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s El papa Francisco partirá el sábado 25 de agosto desde el aeropuerto Leonardo Da Vinci, de Roma, con destino a Irlanda. El pontífice encara las críticas de obispos y cardenales para que tome medidas concretas contra la pederastia y sus encubridores.

 El secretario de Estado del Vaticano –el funcionario de más alto rango después del Papa–, Pietro Parolin, reconoció este miércoles el impacto devastador para la credibilidad de la Iglesia católica que ha tenido la crisis por los abusos sexuales contra menores en Estados Unidos y otras latitudes, donde la respuesta de Francisco a los abusos es considerada insuficiente y tardía.

Le hemos pedido mil veces al Papa una sola cosa: que obligue a los obispos a denunciar los casos ante la autoridad judicial. No queremos procesos canónicos, explicó Francesco Zanardi, de la asociación Red El Abuso, quien representa a más de 700 víctimas italianas.

Sin embargo, ese no parece ser el camino que emprenderá el Vaticano. Nuestro primer deber, nuestro primer compromiso es estar cerca de las víctimas, precisó Parolin en una entrevista concedida en vísperas de la visita apostólica del papa Francisco a Irlanda, prevista para el próximo fin de semana.

Si bien el líder católico concentrará buena parte de su gira de los días 25 y 26 de agosto en actividades relacionadas con el noveno Encuentro Mundial de las Familias, dedicará un momento a reunirse en privado con víctimas, además de rezar por ellas en una capilla de la catedral de Dublín.

Parolin consideró que la Iglesia católica en Irlanda ya reconoció sus carencias, sus errores y sus pecados, además de adoptar una serie de medidas para evitar repetir las atrocidades y los horrores.

Mensaje de esperanza

Al mismo tiempo, sostuvo que la visita del Papa se dará bajo el signo de la esperanza y de la confianza, dos fuerzas liberadoras, transformadoras y salvadoras.

Agregó que el viaje de Jorge Mario Bergoglio busca apoyar la misión de las familias en una época en la que se sufre mucho la soledad y el aislamiento de unos hacia otros, que al final se convierte también en un aislamiento en relación con Dios.

Francisco partirá el sábado 25 de agosto por la mañana desde el aeropuerto Leonardo Da Vinci, de Roma, con destino a Dublín, una de las dos etapas de su visita que también incluye un paso por la ciudad de Knock.

Elegido hace cinco años para hacer cambios en una Iglesia sacudida por los escándalos, el primer Papa latinoamericano de la historia encara las críticas internas de obispos y cardenales para que tome medidas concretas contra la pederastia y sus encubridores.

El reloj nos está marcando la hora a todos los dirigentes de la Iglesia, los católicos están perdiendo la paciencia, la sociedad civil perdió la confianza en nosotros, advirtió en una declaración escrita el cardenal estadunidense Sean O’Malley, arzobispo de Boston.

El también presidente de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, figura en la lista de prelados que piden a Francisco medidas claras, transparentes y concretas contra curas, obispos y cardenales acusados de abusos sexuales a menores o de encubrirlos.

Para muchos, inclusive dentro de la Iglesia, la respuesta del Papa argentino a los escándalos ha sido insuficiente, pese a que en meses recientes el pontífice ha intervenido varias veces para remover, apartar y alejar prelados, entre ellos a varios cardenales, acusados de encubrir a curas pederastas. En julio, el cardenal estadunidense Theodore McCarrick, de 88 años, renunció al título y fue suspendido por el Papa del ministerio tras ser acusado de abusos sexuales, una decisión poco habitual.

En Chile, la salida del controvertido cardenal Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago, llamado a declarar como imputado por la justicia chilena por encubrimiento, es inminente.

En Australia se estudia aprobar una ley estatal que obligue a los curas a romper el secreto de la confesión en caso de violencia sexual a un menor.

La lista de cardenales involucrados se alarga día a día e incluye desde el poderoso australiano George Pell, tesorero de la Santa Sede, hasta al francés Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, acusado de encubrimiento, al que han pedido su renuncia este miércoles con una petición pública firmada por más de 8 mil personas.

 

La  Jornada

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