Las elecciones estatales y el 2024

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Viene la disputa por el gobierno de seis estados. Se calcula que cuatro de ellos están asegurados para Morena, y quizá uno más. ¿Qué refleja eso? Muchos obradoristas, desde luego, le dan una lectura muy positiva para su partido. Lo es en cierta medida, pero con más límites de lo que ellos vislumbran. Se dice, por un lado, que eso es reflejo del buen desempeño de este gobierno, que provoca que los electores en múltiples estados deseen reproducir en su respectiva entidad. No hay en realidad una buena evaluación de su desempeño, según las propias encuestas que registran la popularidad de Amlo. Otros simplemente le creen todo al presidente, por lo cual están convencido de que las cosas van muy bien en todos los rubros.

En todo caso, el fenómeno estatal a favor de Morena puede compararse con lo ocurrido en 2018 a nivel nacional; hartazgo – justificado – con los partidos tradicionales, por su corrupción y negligencia, y la esperanza de que con el nuevo partido las cosas irían mejor (o incluso, espectacular). No importa que ese nuevo partido esté formado por viejos políticos de los partidos tradicionales, sobre todo del PRI. Incluso muchos de los candidatos de Morena recién han salido del tricolor. Pero al estar cobijados por siglas nuevas, se genera la ilusión de que todo es fresco, novedoso, y con un plumaje límpido, que nunca se mancha (aunque ya esté enlodado de antemano). Tampoco importa constatar que los gobiernos estatales ganados por Morena en 2018 no han resultado muy eficaces que digamos, como en Morelos, Veracruz e incluso Ciudad de México (si bien ahí está menos peor). Se impone la esperanza sobre la realidad. En cambio, lo ocurrido en Ciudad de México el año pasado, gobernada por el PRD desde 1997, y donde Morena recibió un fuerte golpe, refleja que ya no todos los capitalinos creen que ese partido es lo que dice ser. La capital va de regreso mientras muchos otros estados van apenas de ida.

Otras ventajas que tiene Morena son las siguientes: muchos gobernadores priístas, al ver finalizada su carrera en ese partido, entregan su estado a cambio de impunidad (y quizá una embajada por ahí). Y también hemos visto la acción del crimen organizado, que va al alza en su injerencia electoral y, como se vio el año pasado, dicha intervención ha favorecida a los obradoristas (Sonora, Sinaloa, San Luis Potosí y Michoacán, al menos). Eso desde luego es también una palanca para Morena (al menos donde hay cárteles poderosos).

Por otro lado, los obradoristas consideran que llegar al 2024 con más de 20 estados garantiza su triunfo. Sin duda, tener tantos gobiernos contribuye a ello, pero sobre todo porque los gobernadores le entrarán a utilizar sus clientelas y recursos para ayudar al triunfo de su partido, al viejo estilo. Y eso puede arrojar una buena cantidad de votos al candidato morenista. Algo de eso vimos durante la consulta refrendatoria hace poco. Pero no es algo necesariamente determinante. Pongo dos ejemplos extremos; en 2000 el PRI gobernaba más de 20 estados también, y perdió la presidencia. En 2018 Morena no gobernaba ningún estado, pero ganó con amplio margen la presidencia.

La clave del triunfo de Morena será la intención de voto que el candidato tenga poco antes de la elección, pero sobre todo que la oposición no logre ponerse de acuerdo en lanzar a un solo candidato común. De hacerlo, sus probabilidades de triunfo se elevarían significativamente (sin estar garantizado), aunque Morena gobierne en la mayoría de los estados.

José Antonio Crespo
cres5501@hotmail.com
Investigador del CIDE

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