sábado, marzo 28, 2026

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Pensiones, futbol y la CNTE

Hugo Aboites*

En 1910, Emiliano Zapata, junto con un maestro de escuela de apellido Torres Burgos, participó en reuniones antirreleccionistas y también secretamente preparaban un levantamiento contra el régimen de Porfirio Díaz. 

Al regresar de una de esas reuniones, Torres Burgos y uno de sus hijos se toparon con un destacamento militar porfirista que los aprehendió y fusiló. Zapata se vinculó entonces con otros maestros de escuela, como Otilio Montaño, para crear lo que sería el Ejército Liberador del Sur (Meneses, E., Tendencias… 1911-1934: 52). Y no fueron estas las únicas participaciones de maestras y maestros: como documenta Luz Elena Galván Lafarga: de 1908 a 1910, integrantes del magisterio enviaron 47 mil cartas al presidente Díaz y en ellas le pedían –casi siempre infructuosamente– libros, una plaza, ropa, una pensión. Y además, la doctora Galván hizo la lista con nombre y apellido de maestros que se sabía participaron en la Revolución, un número considerable. Porque como dice Womack (pág.88) fue a ellos, “ los maestros, a quienes más movilizó la proclama de la oposición” y su palabra era importante en las comunidades. 

Parafraseando a Adolfo Gilly, participaron y cuando terminó la lucha armada, en los años 1920, ya no eran las mismas personas que cuando en 1910 se habían sumado a la incipiente rebelión. Porque habían estado en la primera línea comprendieron y se comprometieron con la necesidad de devolverles a las comunidades las tierras que les habían robado los hacendados, con la necesidad propia de que se reconocieran los derechos laborales para todos los asalariados, pero también, como fruto de ese proceso y porque eran maestros, entendieron que había que cambiar a fondo la educación del porfiriato. 

Y por eso aprovecharon el espacio creado por Obregón-Vasconcelos, en 1920. Crearon numerosos sindicatos de maestras y maestros, con intensas movilizaciones y propuestas ampliaron su poder e impulsaron la idea de las Normales Rurales, la Casa del Pueblo, la Comisión de Educación en cada pueblo, las misiones culturales. Y con esto dejaron atrás la idea de que una nueva y revolucionaria educación consistía sólo en llevar a todo el país la visión laica y liberal de la escuela porfirista. Lograron, incluso, apoyando al cardenismo, declarar constitucionalmente que la educación sería “socialista” expresión que más que establecer un régimen fuera del capitalismo subrayaba la intención de favorecer a las mayorías del país e impulsar su avance en organización y conciencia como clases subordinada. 

Sin embargo, Raby habla de que ya al final del sexenio de Cárdenas ese proyecto oficial comenzó a perder impulso, lo que facilitó que se fortaleciera en la educación el bloque de otra clase, rica y conservadora, operado por Ávila Camacho y Jaime Torres Bodet. Desmantelaron el proyecto popular, crearon un instrumento de control (SNTE), redujeron el salario del maestro, y, en nombre de la nueva escuela mexicana (por oposición a lo que los conservadores llamaban “escuela soviética”), modificaron la constitución y en el tercero constitucional el “desarrollo armónico” de las personas fue la nueva finalidad de la educación. 

De esta manera, se impidió que el movimiento armado de 1910, que revolucionó al campo y las relaciones laborales, alcanzara también a la educación. Pero aquel momento de rebelión creó en México un magisterio constituido desde una lucha social que cambió al país. Desde entonces ese magisterio se ha enfrentado a los sucesivos gobiernos e incluso al actual, que con su visión armónica dificultan que los jóvenes puedan ver al país y a su propia situación de manera socialmente crítica, y no como una destructiva culpa propia, sino como una estructura que puede cambiarse, un acuerdo social que limita el gasto y el acceso, limita drásticamente el ejercicio del poder para los maestros y estudiantes en sus escuelas y universidades, centraliza burocráticamente la construcción del conocimiento y cambia formación por aprendizaje y pedagogía por TikTok. 

De ahí que la fiesta del futbol que en Estados Unidos amenaza convertirse en la protesta por una guerra absurda, en México, con la CNTE en pie de protesta y otros más por petróleo para Cuba, amenaza con convertirse en uno más de los espacios de una lucha por cancelar la reforma neoliberal de pensiones Issste, obra de un régimen panista, conservador y neoliberal (Calderón). Ahí se suprimió el derecho de los maestros a no terminar sus días en la escasez, con Afore de pensiones minúsculas que caducan al poco y que obligan a los universitarios a trabajar hasta más allá de los 80 años. No es mucho pedir a un gobierno que quiere ser distinto, la devolución de algo justo que ya los gobiernos priístas habían reconocido a las y los trabajadores de la educación. Favorecer a ciertas clases y ofrecer inconsciencia, pan y futbol a las mayorías, con el intervencionismo actual, ciertamente es pésima idea, divide. 

*UAM-X

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