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La controversial batalla por Dzoyilá en el sur de Mérida

Por Sergio Grosjean

En el sur de Mérida, lo que solía ser un refugio de biodiversidad y memoria ancestral, sin omitir también que fue terreno donde malandros hacían de las suyas, hoy es un remolino de visiones e intenso choque de intereses, ya que mientras habitantes de la zona se han movilizado durante años bajo el lema «Dzoyilá se defiende», en el propio terreno, maquinaria y trabajadores no se detienen: ya que se levanta una enorme estructura metálica que avanza rápidamente tras los muros que cercan el predio para evitar las miradas de curiosos y oponentes a la obra.

Estudios arqueológicos de especialistas como Josep Ligorred Perramon (autor del libro T’Hó: La Mérida Ancestral) respaldan que el sitio alberga un patrón continuo de estructuras prehispánicas, así como algunas fuentes mencionan que es uno de los sitios arqueológicos sagrados de los mayas en lo que hoy es Mérida y mencionado en el libro Chilam Balam de Chumayel, considerado uno de los libros más importantes de esta cultura en la región y que milagrosamente sobrevivió a la destrucción de vestigios y textos de la cultura maya, y es tal su importancia para muchos investigadores, que incluso en la UNAM se presentó la tesis (2008) “Plan maestro del parque temático en la Zona Arqueológica Dzoyilá Mérida Yucatán y desarrollo del centro cultural del pueblo maya”.

La polémica estalló cuando se denunció que un dictamen del INAH liberó alrededor de 22,000 m² alegando que las obras «no dañaban nada», lo que provocó una fuerte reacción en especial de los vecinos de colonias que los circundan por la presunta destrucción de restos arqueológicos.

Además, para los vecinos, Dzoyilá no solo es historia y cultura, ya que es un ecosistema clave que posee varias hectáreas que pone en riesgo uno de los últimos pulmones verdes del sur de la ciudad y ubicado frente al parque Kukulkán. Está área absorbe agua de lluvia y regenera el manto freático con agua limpia a tiempo de frenar inundaciones y de la mano como gran «moderador» de las extremas temperaturas que todos los meridanos conocemos y ahora más aún. Dentro de sus atributos sería imposible omitir que es el refugio de mamíferos, aves, y otras especies que han sido reportados por propios y extraños.

A pesar de los recursos de amparo interpuestos en tribunales según narran los propios vecinos, las obras avanzan, y la imponente estructura comercial ya toma forma parte del paisaje, y los habitantes de más de 10 colonias como lo sería el “Reparto Las Granjas” insisten: no quieren otro centro comercial rodeando estructuras mayas.

Diversas voces exigen cancelar la obra para dar paso a un Parque Eco cultural y Comunitario, enfocado en la herbolaria, la educación ambiental y el rescate arqueológico lo cual no me parece mala idea, el problema es quien lo paga y quién indemniza a los propietarios de manera justa, ya que también hay que analizar ambas partes sobre todo si el sitio fue liberado por el INAH y los constructores lo hacen con todas «las de ley» , y es cuando el gobierno del estado debe mediar, porque se trata que los tres órdenes de gobierno, propietarios y vecinos lleguen a un sano arreglo en beneficio de La Mérida que se nos fue…

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