Por Sergio Grosjean
Una obra dirigida a quienes desean descubrir una ciudad a través de su historia, su gente, su cultura y sus rincones más entrañables; una invitación a conocerla, comprenderla y recorrerla con otros ojos.
Es un libro dirigido a lectores que valoran el análisis sereno, libre de filias partidistas y de cegueras ideológicas; es decir, a quienes prefieren la verdad a la consigna, la reflexión al fanatismo y el juicio crítico a la obediencia partidista.
Un libro que retrata el alma de una ciudad: su cultura, su arte, la personalidad única e irrepetible de su gente, sus barrios entrañables y sus costumbres más arraigadas, así como su sui generis forma de hablar que, día a día, se difumina ante la llegada de nuevos acentos.
Una obra que recorre sus memorias celebrando sus grandezas, pero sin cerrar los ojos ante las transformaciones que el tiempo y la «modernidad» han traído, para bien y para mal. Sus páginas evocan la belleza de edificios que fueron orgullo de su época y que hoy sobreviven apenas en la memoria, sustituidos en ocasiones por construcciones sin carácter, verdaderos lunares en el paisaje urbano.
También reflexiona sobre cómo el crecimiento y la expansión han ido desplazando a los habitantes de siempre en la llamada gentrificación, al tiempo que escasea el agua y los cortes de luz son más cotidianos, mientras esas nuevas voces, venidas de otros rumbos, transforman el rostro y el espíritu de la ciudad.
Una lectura para quienes aman la historia viva de los lugares; para quienes entienden que toda ciudad es una obra en permanente construcción donde la nostalgia y el porvenir conviven, a veces en armonía y otras en franca disputa.
Sobre la presentación
Los presentadores de este trabajo —que logró cristalizarse luego de un lustro de investigación y crónica cotidiana— son auténticas autoridades en sus respectivas disciplinas. Con la precisión de un cirujano y la agudeza que solo otorgan los años de estudio, experiencia e investigación, abordan cada tema con una profundidad y claridad que nos transportan a cada escenario.
Su conocimiento les permite analizar cada aspecto de la obra con una perspectiva privilegiada, desentrañando matices y contextos que difícilmente podrían advertir ojos menos entrenados. En manos tan expertas, la presentación se convierte en una extensión natural del propio libro.
Una advertencia necesaria, si usted milita en la religión de los partidos o practica la adoración de políticos, quizá sea mejor mantenerse alejado de la presentación, pues podría provocarle repentinos brotes de pensamiento crítico, urticaria ideológica y un irreversible ataque de ira al descubrir que, quizá, no todo era como se lo contaron. En casos severos, podría incluso requerir terapia… o, al menos, una larga conversación consigo mismo.
Sin embargo, los que prefieren las ideas a los eslóganes descubrirán en sus páginas razones de sobra para disfrutarlo… y quizá también para incomodarse un poco. Al fin y al cabo, los buenos libros suelen tener ese saludable efecto.



