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Está es mi propuesta para la Mérida que se nos fue

Por Sergio Grosjean

​Antier presenté mi libro La Mérida que se nos fue… en la Universidad Marista ante estudiantes y amigos interesados en el tema.

Entre los tópicos que no podían faltar estuvieron el maratónico crecimiento poblacional, la contaminación del agua y su escasez, las deficiencias en el suministro de energía eléctrica y la gentrificación.

​Surgió una pregunta muy interesante por parte de una persona oriunda la Ciudad de México, pero que reside en Mérida desde hace 30 años, quien simpáticamente nos dijo que se sentía «yucawach» quien planteó: ¿Por qué si la ciudad ha sido administrada por yucatecos presenta tantos problemas? Mi respuesta se limitó a una sola palabra: corrupción. Así de simple.

​Estoy convencido de que este crecimiento poblacional descontrolado (no confundir con desarrollo) aún puede regularse, comenzando por tomar medidas para frenar la creciente contaminación de nuestro manto acuífero que es muy pero muy grave. Esto será posible si la alcaldesa, por supuesto con la colaboración del gobernador, comienza a actuar decididamente.

​Considero que la estrategia más importante no es paralizar el crecimiento, sino inhibirlo mediante una normativa real. Los desarrolladores (muchos de ellos depredadores, aunque reconozco que también los hay decentes y con visión integral) se han aprovechado de la corrupción.

Han autorizado gasolineras, funerarias, talleres, comercios y edificios que superan la densidad permitida y carecen de áreas verdes, todo en pleno corazón de zonas habitacionales.

​Muchos de estos inversionistas —en especial los grandes capitales que se dedican a construir edificios departamentales y fraccionamientos— provienen de otras partes del país y del mundo que cuentan con vendedores foráneos que, a su vez, le venden a compradores foráneos.

Y que ganamos los Méridanos? cortes de luz constantes, falta del vital líquido (sumado a que tenemos a un inepto como «panchito» Torres al mando de la dependencia del agua), tráfico agobiante, encarecimiento inmobiliario e inflación, entre otros males que terminan por sepultar lo más valioso que tenemos: nuestra calidad de vida.

Ojo! El desabasto energético no reside únicamente a la falta de inversión de la CFE. en la última década, sino también a la corrupción inmobiliaria que impulsó un crecimiento urbano desmedido. La sustitución de viviendas familiares por complejos habitacionales ha multiplicado exponencialmente el consumo eléctrico, presión a la que se suma el uso constante de aire acondicionado y la carga residencial de vehículos eléctricos.

¿Y sabes quiénes ganan y quiénes pierden? Ganan los constructores al vender con mega jugosas ganancias y las autoridades al recibir dinero sucio; al final, perdemos todos los demás.

​¿Cómo inhibir sin frenar? Las autoridades deben exigir plantas de tratamiento de aguas residuales, autoabastecimiento energético mediante paneles solares, energía eólica o termosolar propia (o lo que panel de expertos decida), el respeto irrestricto a las áreas verdes, respetando las densidades y todas las de la «ley».

Estos constructores, al notar que deben cumplir con una normativa rigurosa que les generará mayores costos y menores dividendos, los obligará a dirigir la mirada hacia otra parte, buscando políticos corruptos como los que ya se fueron.

​Finalmente, me da mucho gusto observar que tanto el Ayuntamiento de Mérida como el Gobierno del Estado no continuaron con la nefasta campaña de las administraciones anteriores que tanto daño nos hicieron, que promovían a Yucatán como un mercado de tierras y viviendas hasta en el polo norte y que hoy pagamos las consecuencias. Eso ya es una gran ganancia.

Si estás de acuerdo conmigo que hay que dar un golpe de timón antes que sea demasiado tarde, opina con ideas, propuestas y compartelas aquí o en tu muro.

Sergio Grosjean Abimerhi 2 de octubre de 2026

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