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Una pequeña gran gruta en #Maxcanú

Por Carlos Augusto Evia Cervantes

Casi siempre los espeleólogos presumen de conocer grandes grutas y olvidan que las pequeñas cuevas tienen sus encantos. Es el caso de una caverna sin nombre pero que nosotros registramos como la Gruta del Plantel N° 2 de Santo Domingo, en el municipio de Maxcanú.

El 24 de marzo de 2007 despertamos en el hotel de Amílcar Ceh, en Calcehtok, municipio de Opichén. El grupo de exploración estaba integrado por Javier Rivas Romero, Carolina Ramos Novelo, Raúl Manzanilla Haas, Kristen Wathall, Daniel Ceh Ruiz, Víctor Manuel Tun Ayala y Carlos Evia Cervantes.

Primero fuimos a la comunidad de Santo Domingo, localizamos a don Remigio Uh Huchim y él nos condujo a la gruta en cuestión. Eran las 8:30 am cuando iniciamos la incursión a esta cavidad, que toma el nombre del plantel donde se ubica a falta de tener un nombre propio. Para entrar, hubo que descender una vertical de cuatro metros apoyándose en las salientes de las paredes y con un par palos largos introducidos allí para ese propósito.

Ya estando en el piso tuvimos que desplazarse hacia el interior de un pequeño túnel que empieza seco pero luego se vuelve lodoso y todo el tiempo estuvimos en cuclillas por la poca altura del techo. Después de ocho metros de recorrid encontramos un cenote de poca profundidad. En este punto nos quitamos las botas y el overol para atravesar el cuerpo de agua cuyo espejo calculamos en cinco metros de diámetro.

Prosiguió a este recorrido otro túnel, un tanto más estrecho que el anterior pero con sólo cuatro metros de largo. Después llegamos a la bóveda principal de la cueva, la cual tenía
aproximadamente cuatro metros de profundidad. El agua era absolutamente cristalina y las paredes tenían múltiples formaciones naturales y muchas de esas formaciones eran pequeñas salientes puntiagudas y cortantes.

Sería muy cansado describir cada una de las partes recorridas; sólo señalo que de la bóveda principal parten dos conductos y cada uno de ellos se bifurcan por lo que dan la sensación de estar en una gruta laberíntica. Exploramos toda la caverna siempre con el cuerpo dentro el agua. Se observó la presencia de bagres negros. Otro integrante del grupo halló un tornillo como de 20 centímetros, similar a los que se pueden encontrar en las maquinarias de las viejas haciendas henequeneras. Logramos recorrer toda la cavidad y obtener un croquis a mano alzada.

La salida de la cueva fue más difícil que la entrada pues ya estábamos cansados y avanzando cuesta arriba. Fue entonces cuando nos dimos cuenta que todos teníamos leves heridas en la piel pues debido a que estuvimos todo el tiempo en el agua y las salientes filosas de las paredes rasgaron partes de nuestros húmedos cuerpos.

Ciertamente fue una magnífica experiencia en esta pequeña gran gruta.
4 de febrero de 2026

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