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Aleks Syntek, el artista virtuoso que terminó en meme

Por Art1llero

Conocí a Aleks Syntek en 1990, cuando yo hacía radio y él comenzaba a recorrer el país con Aleks Syntek y la Gente Normal.

Era muy joven, pero ya mostraba algo poco común; una personalidad distinta, sensibilidad y una inquietud creativa que se reflejaba en su música, en los sintetizadores y en aquella búsqueda de un sonido propio.

Con los años construyó una carrera sólida como compositor, intérprete y productor. Canciones que forman parte de la memoria musical de varias generaciones, colaboraciones, música para cine y reconocimientos respaldan una trayectoria que difícilmente puede reducirse a la caricatura en la que hoy, para muchos, se ha convertido.

Pero aquí aparece la paradoja.

Aleks Syntek supo entender la transformación de la música, pero no supo entender la transformación de la sociedad que la consume.

La industria cambió. El mercado cambió. Los hábitos culturales cambiaron. Y Syntek, en algún momento, pareció quedarse atrapado en su propio paradigma.

Se asumió como una especie de Cid Campeador de la música; emprendió una cruzada contra aquello que considera música basura, desechable o producto de una industria que privilegia la banalidad sobre el talento.

Puede tener argumentos, incluso quienes compartimos parte de esa crítica podemos entender su molestia.

El problema es que convirtió esa diferencia de criterio en una misión personal, transformó una opinión en cruzada, y terminó confrontándose no solamente con otros artistas, sino con toda una generación.

Ahí comenzó otra historia. El músico que alguna vez representó innovación terminó convertido en personaje; el compositor quedó eclipsado por el polemista, la obra quedó detrás de la declaración, y las redes hicieron el resto.

Hoy Syntek puede ser más reconocido por el meme que por su discografía.

Qué paradoja; uno de los músicos más talentosos de aquella generación dorada del pop mexicano terminó convertido en caricatura por una generación que quizá ya no escucha su música, pero sí conoce perfectamente al personaje que internet construyó alrededor de él.

Pero sería injusto culpar exclusivamente a los jóvenes, cada generación ha tenido su dosis de mal gusto, vulgaridad y productos culturales desechables; la diferencia es que hoy el algoritmo tiene una capacidad inédita para convertirlos en fenómenos masivos. El algoritmo no distingue entre talento y ruido, no sabe quién compone mejor, no sabe quién tiene una trayectoria más importante. Sabe qué provoca atención.

Syntek, paradójicamente terminó atrapado en ese mismo mecanismo que cuestiona; su confrontación con la cultura que desprecia terminó convirtiéndolo en uno de sus productos más rentables: un meme.

Tal vez esa sea la verdadera tragedia.

La tragedia de un artista que alguna vez fue vanguardia y que terminó convertido en prisionero de su propio paradigma.

Yo me quedo con el recuerdo de aquel artista virtuoso que conocí en 1990; creativo, inquieto, diferente.

Treinta y tantos años después, la pregunta no es si Syntek tiene algo que decir. La pregunta es si supo escuchar el cambio de época

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