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¿Una diosa grecorromana en el parque Eulogio Rosado de la Mérida que se nos fue…?

…escultura de una elite dominante con la narrativa oficial de la guerra de castas y quien decidió quienes debían ocupar este espacio publico…

Por Sergio Grosjean

​En el corazón del parque Eulogio Rosado se alza una misteriosa escultura que algunos la llaman «la Libertad», pero cuya verdadera identidad para otros es un enigma ya que también otros la consideran una santa o un ángel.

Todo parece indicar que no es una obra artística hecha a medida para ese parque ni para Yucatán, sino una pieza importada de EE. UU. y que la describe nuestro amigo Emiliano Canto como una escultura elaborada con material de zinc, realizada por el alemán-norteamericano William DeMuth y manufacrurada en Estados Unidos por la compañía fundidora de J. W. Fiske

En esta hechura, conviven múltiples rostros como podría ser la Libertad, la Victoria, la Patria o la mismísima Atenea (Minerva) como coinciden en algunos de sus trabajos los amigos cronistas Jorge Cortés y Jorge Victoria.

Pero para llegar a una conclusión de su significado, ya que los textos de la época no especifican más allá que es un monumento dedicado a los héroes de la Guerra de Castas, que fue

un conflicto profundamente marcado por desigualdades sociales, étnicas y territoriales.

Es así, que para llegar a una conclusión analizaremos que nos cuenta su fascinante iconografía:

La espada vertical no está lista para el combate, sino que simboliza la defensa de la soberanía, la justicia y la autoridad.

El ropaje clásico grecorromano, con sus pliegues solemnes, le otorga un carácter atemporal e idealizado, distanciándola de una persona real o de una escena narrativa particular.

Su rostro sereno, expresión distante y postura erguida acentúan esta dimensión simbólica.

El escudo y el tocado son elementos clásicos que, junto a su túnica grecorromana y su casco, la emparentan directamente con Atenea (Minerva), señalada también como la diosa protectora de la estrategia y la sabiduría.

Su pedestal diseñado para mirarse desde abajo, imponen autoridad y convirtiéndola en el remate monumental del espacio público.

​Algo muy interesante que no podemos omitir, que aunque encarna un ideal universal, este monumento de cierta forma no me parece neutral, ya que se erigió para honrar a uno solo de los bandos de la Guerra de Castas, que como citamos, fue un conflicto marcado por profundas heridas étnicas y sociales en el Yucatán que se dividió en 2 bandos en julio de 1847.

Sin embargo, desde mi óptica, la escultura de este emblemático parque conocido coloquialmente como «parque de los borrachos» -debido al notable número de dipsomanos que allá acudieron por años a disfrutar sus bebidas espirituosas-, no posee un carácter racista, pero su dedicatoria y su contexto histórico condicionan una lectura que nos revela cómo la élite de la época decidió qué memoria merecía ocupar en este parque o espacio público.

Los monumentos urbanos no son solo un adorno, pues necesitamos equipararlos a los documentos históricos, solo que en este caso son tridimensionales, y que señalan las tensiones, los poderes y las ideologías de una élite dominante que construyó su narrativa oficial, decidiendo qué memoria debía ocupar este espacio público y quiénes merecían el título de héroes como hasta ahora se acostumbra.

Finalmente, creo la escultura encarna un concepto universal como es la libertad, la victoria o la justicia representanda por Atenea o Minerva -que son exactamente la misma divinidad, solo que pertenecen a culturas y mitologías diferentes: Atenea es la diosa griega y Minerva es su equivalente en la mitología romana- como protectora de la ciudad o el estado. Sergio Grosjean Abimerhi 2 de noviembre de 2026.

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