No hay nada más fastidioso que un mosquito zumbando a la mitad de la noche, sabiendo que podríamos ser su próxima víctima. Desafortunadamente esta pequeña pesadilla pronto será una realidad demasiado incómoda y muy frecuente. ¿Por qué? La deforestación.
A lo largo de la costa de Brasil, Paraguay y Argentina está el Bosque Atlántico el cual, de acuerdo con la World Wild Fund For Nature, en 1 hectárea “alberga alrededor de 450 especies de árboles. El 7% de plantas y el 5% de animales vertebrados del mundo se encuentran ahí”. Y la mayor parte de estas especies son endémicas.
A pesar de su riqueza, el bosque que una vez midió casi 5.6 veces el estado de Chihuahua, ahora solo abarca el territorio de dicho estado (247,460 km2). La reducción se debe a la actividad humana como el turismo masivo, tala agrícola, maderera y papelera, así como el crecimiento de las zonas urbanas. Ante tal devastación la desaparición de especies resulta inevitable.
¿Y cuál es la relación de todo esto con los mosquitos y las pandemias? Al haber menos animales que picar que habitan en los bosques, los insectos han adaptado un gusto particular por la sangre humana. Según el Dr. Sergio Machado, microbiólogo de la Universidad Federal de Río de Janeiro, y sus colegas detectaron que 75% de los mosquitos examinados en la región habían ingerido sangre humana.
Más allá de la comezón, “identificar sus fuentes de alimento proporciona información sobre los comportamientos de alimentación de los mosquitos e impacta directamente en la epidemiología de patógenos transmitidos por mosquitos, como el dengue, el zika y la chikunguña.”
El porcentaje arrojado por la investigación se puede respaldar através de la Organización Panamericana de la Salud. Entre 2022 y 2024, en América, se incrementaron 3.1 millones de casos entre dengue, zika y chikungunya, cifra que aumentó hasta alcanzar los 13 millones 538 mil 421 casos.
En base a las decisiones políticas que se están tomando a nivel mundial, seguramente enfrentaremos una o varias pandemias relacionadas con enfermedades transmitidas por mosquitos. De acuerdo con Raúl Benet, asesor y comunicador en temas de medio ambiente, el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad se ve como una “oportunidad de expansión económica y control territorial”.
La pregunta sería, si estas enfermedades se propagan ¿cómo enfrentaremos las próximas pandemias? Tomando en cuenta que la medicina moderna no tiene un tratamiento para enfrentarlas, solamente puede aliviar los síntomas. No importa cuánto petróleo, tierras raras o rubies encontremos en Groenlandia, como humanidad no estamos preparados para esto.
Carolina Aranda Cruz La Jornada



