jueves, enero 15, 2026

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Libro en puerta :»La Merida que se nos fue»

Como se ha ido transformando Merida a lo largo de los siglos

Sergio Grosjean

Hoy, en el aniversario de la fundación de Mérida, quiero anunciarles que a más tardar en un par de semanas estará disponible nuestro nuevo libro, «La Mérida que se nos fue». En él narramos crónicas incluso más lejanas al 6 de enero de 1542, cuando el astro rey acariciaba las piedras de las antiguas y fragmentadas estructuras monumentales de la ciudad maya de T’hó, bajo la celosa observación de los nativos que todavía habitaban la hermosa ciudad en ruinas cuando comenzó a emerger el sincretismo entre dos mundos.

​Este libro es producto de varios años de investigación histórica, antropológica, arqueológica e incluso periodística, entremezclados con la óptica de un cronista. Esta visión nos transporta a un mundo en el que todo era muy diferente, donde la llegada de inmigrantes libaneses, españoles, chinos, coreanos, alemanes, afrodescendientes y personas de otras latitudes tejieron un mestizaje que marcaría nuestra identidad sui géneris. Esto simboliza la transformación de épocas y creencias, cristalizando lo que hoy conocemos como la cultura yucateca que tiene como epicentro nuestra ciudad capital.

​No en vano nuestro particular lenguaje y modismos, el arte culinario, la arquitectura, las tradiciones, las costumbres e infinidad de elementos nos hacen únicos en este mundo globalizado.

​A lo largo de nuestra historia han existido gobernantes buenos, mediocres, malos y los que se fueron en el 2024, y es así, que durante siglos, quienes tomaron las decisiones políticas tuvieron grandes aciertos y crearon obras monumentales, rescatando el pasado y los barrios —esos que recorremos del pasado al presente—; pero también hubo desaciertos: los llamados «elefantes blancos», represiones, despilfarro, corrupción y robo.

​Muchos se dedicaron a promover a Mérida de manera poco ética y con tintes oscuros, sin más visión que el «bistec» o persiguiendo el sueño fatuo de llegar a la silla presidencial. Desde el Palacio del Ejecutivo aceleraron la propaganda con recursos públicos, llegando a difundir el nombre de nuestra Mérida como un vulgar mercado de tierras, sin importarles el sentir de los que aquí nacimos, crecimos y construimos con la paz y armonía que nos caracteriza.

​Algunos de ellos, al carecer de sentido de pertenencia, se dedicaron desde ese asiento a intentar borrar nuestra esencia, nuestros valores y nuestra identidad, logrando convertir a Mérida en una especie de Torre de Babel saturada de tráfico, con nuevos edificios autorizados sin respetar los reglamentos y atropellando los derechos de los vecinos.

A nosotros, los meridanos, nos volvieron minoría, antes el foráneo era un frijol en el arroz, hoy somos los nativos un frijol en el arroz, probablemente como parte de un perverso plan para evitar que levantemos la voz los que tenemos sentido de pertenencia y amamos nuestra tierra. Hoy tenemos que adaptarnos a este abrupto cambio en medio de un marcado “memoricidio” y “urbanicidio”.

​Es un libro en el que describimos también con añejas imágenes que van desde el siglo XIX hasta el presente, de parques, templos, calles, avenidas y monumentos, edificios y despilfarros.

Para los que extrañamos la Mérida que se nos fue, recordamos cómo gozábamos de una calidad de vida envidiable: donde todos nos conocíamos, donde los embotellamientos no superaban los diez autos, donde los vecinos salían a la escarpa a tomar el fresco y a conversar con quien pasaba; la Mérida donde íbamos al cine, saludábamos a tantos conocidos y el evento era motivo para estrenar un atuendo.

​Recordamos cuando las «discos» eran en casa de alguien (pues hasta hace unas décadas no las había de forma comercial), y luego hacemos un recuento de las que existieron, los restaurantes y bares de moda, y periplos como los «arrancones» en el Paseo de Montejo hace 30 años. No ajenos a ello, viajamos por las vivencias y el recuento de los cines, sobre los cuales publicamos crónicas inéditas que realmente sorprenderán.

​Extrañamos la Mérida en la que para los citadinos era posible adquirir un terreno o casa para obsequiar a nuestros hijos; donde se respetaba el paso del viento, el despuntar del alba y el romántico atardecer, hoy eclipsado por edificios construidos “a modo”, con una volumetría que refleja un desprecio absoluto por la privacidad y la calidad de vida del vecindario.

​Finalmente, este libro es una pincelada de cómo se ha transformado Mérida a lo largo de los siglos y cuál es mi óptica acerca del devenir de Nuestra Mérida, la Mérida que se nos fue…, con base a hechos y no a simples suposiciones

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