Aunque Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, se hubiera arrepentido al final de sus días de todos sus pecados y aunque “lo hubieran confesado mil veces”, no podría obtener el perdón de la iglesia católica, afirmó este jueves el sociologo y escritor Bernardo Barranco.
“La iglesia no puede otorgar a personajes tan siniestros como el Mencho un perdón, aunque él se arrepienta de todo lo que ha hecho” e “independientemente de los donativos que haya dado”.
Oseguera Cervantes “no puede estar en el cielo, tiene que estar debajo de la tierra o esperando que lo lleven a enterrar”, añadió.
Barranco, sociólogo especializado en creencias religiosas, mencionó que personajes como El Mencho se suelen acoger a un aspecto de la religiosidad en búsqueda de protección.
Esto es, con las figuras de la Virgen de Guadalupe, San Judas Tadeo y San Charbel en su cabaña de Tapalpa, buscaba “la intersección de estos santos para que lo protegieran de todo el terror que debió haber vivido”.
No obstante, “si realmente el Mencho hubiera estado acogido a la vida religiosa, a los sentimientos religiosos, no hubiera tenido el comportamiento que tuvo”, comentó.
Por otro lado, estas interacciones entre capos del crimen organizado y actores de la iglesia católica han sido constantes a lo largo de la historia reciente. Barranco puso el ejemplo del Marro, jefe del Cártel Santa Rosa de Lima, quien admitió que “que buena parte de sus activos iban para las iglesias del estado de Guanajuato”.
O bien, los casos de Caro Quintero y de Amado Carrillo, El señor de los cielos, quienes otorgaron “generosas donaciones a la iglesia católica”, según propios clérigos, como Raúl Soto y Ramón Godínez.
Empero, estas “narcolimosnas” no tienen sustento teológico que las legitimente, por más justificaciones que den ciertos sacerdotes, apuntó el especialista. Lo que deberían de hacer estos religiosos, dijo Barranco, es confesar hasta dónde han llegado sus relaciones con la delincuencia organizada.



