El peligro de la inteligencia artificial (IA) para los escritores y los generadores de contenidos audiovisuales, cinematográficos, escultóricos, dramáticos, está en que el producto de la IA quiera ostentarse como una obra cuando no lo es, y se quiera vincular con un crédito que no existe”, dijo Jesús Parets, director jurídico de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem).
Durante la conferencia La creatividad literaria y la originalidad humana frente a los contenidos generados por inteligencia artificial, realizada en el contexto de los 50 años de la Sogem, se hizo énfasis en que no debe equipararse al ser humano con un ente ficticio, “el primero es un sujeto de derechos, el segundo –a través de medios computacionales– es un objeto”.
Parets hizo este planteamiento en un contexto de expansión de herramientas de IA generativa, que han abierto debates sobre la autoría de contenidos, el uso de obras protegidas para entrenar modelos de IA y el reconocimiento de los derechos de autor.
“No hay que mezclar ni confundir el sujeto con el objeto. No hay que darle un alcance mayor que no tiene y que no se reconoce”, puntualizó.
Una de las características de estos procesos generativos, subrayó el abogado, es la incertidumbre sobre el origen del material con el que se generan, de qué está compuesto y si existe la posibilidad de violar derechos de autor. “No porque yo encargue la producción de un contenido me va a dar lugar de autor”.
Recordó que un caso sobre el registro de una imagen generada por IA llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y ésta confirmó que la autoría de la obra corresponde únicamente a personas físicas.
Jesús Parets estableció que en el proceso de creación de obra hay una trilogía indisoluble: la idea, el hombre y la creación.
Consideró que la inteligencia artificial no debe usarse para sustituir, minimizar o limitar la creatividad, por el contrario, la IA debe ser una herramienta auxiliar en el desarrollo de contenidos creativos. “La originalidad de la obra debe tener dos elementos: la creación independiente y la creación suficiente”.
En el caso de los escritores, destacó que en el proceso de creación, “nuestra mente no tiene un programa de cómputo; nuestro proceso cognitivo se retroalimenta de diversas fuentes de conocimiento. Por tanto, a la hora de escribir y lo que emitimos, los textos, los contenidos, están interrelacionados con una diversidad de interpretaciones”.
Frente al auge de la IA generativa, con plataformas cada vez más sofisticadas, el experto consideró que se deben defender los valores de la creatividad humana, sin que eso signifique que no se pueden utilizar contenidos sintéticos. Pero fue enfático en mencionar que es imprescindible limitar lo que es humano de lo que no.
Puedes emplear contenidos sintéticos, claro, ese no es el problema. El problema es cuando en una producción, en un contenido está revuelto lo humano con lo artificial y no está delimitado. Ese es el gran peligro”, dijo. “No debe haber coautoría con la IA”, reiteró.
Para Parets la originalidad sigue siendo un atributo exclusivamente humano y la IA debe entenderse como una herramienta auxiliar, no creadora, y su uso debe ser transparente y estar acreditado.



