A.C y D.C: Antes y después del coronavirus

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Las fronteras que separan los episodios humanos no se ubican con la facilidad de un corte comercial, una página en blanco o un puente migratorio. El devenir cotidiano puede definirse por la posición solar, por la cantidad de luz y eso tampoco es una constante, hay regiones del planeta en donde el límite entre día y noche no es un fenómeno distinguible. Tampoco es la mente humana tan poderosa como para convocar con dichos, con oraciones o con meditaciones colectivas,  que los eventos se ciñan a la voluntad humana. La pequeñez de lo que somos se ve vulnerada por la finitud que representa nuestro cuerpo, por la precariedad de nuestra salud y por la clara dependencia que tenemos hacia los otros que amamos. 2020 terminó, 365 días que nos han tenido especulando sobre nuestro destino, reflexionando sobre nuestros actos y cocinando la esperanza de regresar a lo que fuimos.

Los expertos especulan cualquier cosa, desde cambios inéditos que nos posicionan en el mundo de los supersónicos hasta escépticos que afirman que nuestra naturaleza egoísta volverá a las andadas. Llegó 2021 con sus vacunas pero también con sus repuntes, sus muertos, su amenaza de crisis económica. Ni un piquete o dos, ni arrancar las hojas del calendario, ni siquiera quitar el árbol y sus adornos nos transportan mágicamente a la era a.C. Post coronavirus.

¿Cuánto cambiaremos? ¿Olvidaremos las promesas mayúsculas como cada año olvidamos nuestros nimios compromisos? Es difícil de ver sin perspectiva porque habitar una nueva fecha no significa la distancia suficiente del hecho lamentable que aquí sigue. El 24 de noviembre en esta revista escribí “Mala respuesta al pequeño virus que nos aqueja”, en él comenté la primera parte del texto de Fareed Zakaria, Ten Lessons for a Post-Pandemic World (Diez lecciones para un mundo post pandémico). Vale la pena comentar los puntos que señala como lecciones ineludibles.

Los primeros dos capítulos ya fueron comentados y hablan en el primero de cómo las amenazas más graves que se nos han presentado últimamente vienen de algo pequeño, en este caso concreto, un virus. Así que es recomendable pensar que lo más pequeño puede ser letal, es decir no podemos menospreciar amenazas derivadas de su tamaño. En el segundo nos habla de la calidad del gobierno. Señala que el nepotismo y el influyentísimo son un cáncer que no excluye de derecha a izquierda; los mejores gobiernos no tienen que ver con una ideología sino con la capacidad y preparación de los operarios, algo muy lejano de un gobierno que desprecia credenciales y premia la incompetencia y el cinismo que se exhibe hasta en la playa y sin tapabocas.

En su capítulo cuarto ahonda sobre el tema de los expertos, la creciente influencia de los intelectuales durante el periodo neoliberal y su sordera sobre las demandas de los más desprotegidos, que ha degradado en un populismo que los repudia. El autor señala a nuestro país y a al presidente como uno de los peores ejemplos del populismo que, al desplazarse al extremo, descree de la ciencia, reprueba a los especialistas y niega la crisis que atravesamos, invocando una  “felicidad” falsa, populista utilitaria y criminal.

“Los gobiernos con las actitudes más relajadas, que no funcionaron bien, fueron países como Brasil y México, dirigidos por populistas feroces… El presidente Andrés Manuel López Obrador alentó a la gente a salir, asistir a mítines, dar la mano y abrazarse, todo en contradicción directa de sus propios funcionarios de salud pública … instó a los mexicanos a seguir adelante con sus vidas, a ser felices y optimistas, como si el pensamiento positivo pudiera curar el virus … En muchos países, se puede ver la misma dinámica en acción, con personas sospechosas del establecimiento, apoyándose en sus propias fuentes, dudando de las autoridades acreditadas y anteponiendo el partidismo a la verdad. El debate sobre el Brexit se caracterizó precisamente por este sentido de dos conjuntos de hechos. El fenómeno se extiende a Brasil, México, Turquía e India, todos lugares donde un lado de la división política ha llegado a verse a sí mismo como representante de los expertos, mientras que el otro desconfía profundamente de ese establecimiento. La creciente hostilidad entre estos dos grupos es una parte de la tendencia política más significativa de la última década: el auge del populismo en todo el mundo… En el centro del nuevo populismo hay una profunda antipatía hacia el establishment”.[1]

El título del capítulo octavo es la conclusión de esta disertación: “La gente debe oír a los expertos y estos a la gente”. Hoy no podemos perder de vista que “El quédate en casa” es un privilegio que sólo unos cuantos podemos cumplir, la insensibilidad política de este gobierno sigue sin proponer apoyos económicos y usa programas asistenciales e incluso las vacunas como estrategias de campaña. Con ello el populismo prueba ser un disfraz criminal que no busca más que la popularidad; y es muy penoso admitirlo pero hasta hoy, la sigue obteniendo ¿Cuándo comenzaremos a escucharnos?

En el capítulo tercero titulado “Los mercados no son suficientes” y “el octavo “La globalización no ha muerto” discute la importancia de la globalización y el peligro de su extinción. No es que defienda la libertad del mercado ni el consumo creciente, de hecho el autor se pronuncia a favor de un gobierno rector que eluda la depredación corporativa y el fatídico monopolio. Robustecer organismos y legislaciones internacionales sin descuidar a la comunidad local; abrir fronteras y no cerrarla sería la ruta deseable.

En “La vida es digital” Zakaria expone lo evidente y nos convoca a valorar cómo nuestros nuevos medios nos han ayudado a sobrevivir en confinamiento, lo que no excluye el daño que el encierro supone y que admite en el siguiente capítulo “Aristóteles tenía razón somos seres sociales”. Por tanto supone la vida híbrida que nos habrá de permitir convivir con restricciones, trabajar desde casa y evitar aglomeraciones. Todo ello es un supuesto dado que la rebeldía ante el peligro evidente no ha cambiado aún las prácticas sociales. Mucho de todo esto podemos imaginarlo, ciudades menos transitadas y concebidas para ser más hospitalarias; escuelas pequeñas e híbridas, mientras tecleo las ideas e innovaciones al respecto surgen y nos falta la perspectiva para ver aquello que habrá de quedarse y lo que tendrá que desaparecer.

“La inequidad será peor aún”, es el título del séptimo capítulo. El autor adopta un símbolo mexicano para hablar del tema, para representar la herida que se abrirá peligrosamente:

… La imagen de Catrina tiene mucho que ver con la desigualdad. Al adornar un esqueleto al estilo de la alta sociedad, La Catrina sirve como un simulacro de las brechas de clase y la riqueza no solo dentro de México, sino también entre México y las naciones mucho más ricas de Europa Occidental, –entre lo que consideramos el mundo en desarrollo y el mundo desarrollado.– La desigualdad puede estar siempre con nosotros, al parecer, uniendo a la muerte y los impuestos como las únicas circunstancias que tenemos por ciertas en este mundo. Pero hemos llegado a considerar el fenómeno como especialmente pernicioso en los últimos años. Los académicos han dedicado estantes de libros al tema; los periodistas han escrito cientos de columnas sobre él. Una encuesta de Pew encontró que en treinta y uno de los treinta y nueve países, la mayoría cree que es “un problema muy grande”. Por lo tanto, es posible que se sorprenda al saber que, según algunas medidas importantes, la desigualdad estaba disminuyendo.

Pero al llegar la pandemia la inequidad crecerá tremendamente. Por ejemplo, afirma el autor que las economías de Tailandia, Filipinas y México que obtienen entre el 15% y el 25% de su PIB del turismo, se afectarán gravemente por  el miedo a las enfermedades. Su siguiente afirmación “El mundo se ha vuelto bipolar” sólo ratifica la división de clases, la tremenda división racial que persiste en los Estados Unidos y por supuesto, la clasista y la bipolaridad que supondrá a los ricos que pueden pagar su salud y los pobres sin destino saludable.

Remata el autor apelando a los mejores soñadores, aquellas personas realistas que saben que sólo es posible construir a partir de enfrentar la realidad tal cual es.

Por ello, en esta noche queridos Reyes les pido:

Sensibilidad para no despreciar lo aparentemente pequeño

Cordura para confiar en los expertos

Compasión humana que trascienda pantallas y logre darnos caricias a distancia

Escucha para atender a mis semejantes

Diálogo certero para construir con realismo

Resiliencia para sobrevivir este gobierno populista

 

Regina Freyman

regina.freyman@itesm.mx

Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca


Referencias:

Fareed Zakaria. “Ten Lessons for a Post-Pandemic World”. Apple Books.

[1] La traducción es mía. The governments with the most relaxed attitudes—which didn’t work well—were countries like Brazil and Mexico, run by fiery populists…President Andrés Manuel López Obrador encouraged people to go out, attend rallies, shake hands, and hug—all in direct contradiction of his own public health officials…urged Mexicans to move on with their lives, and to be happy and optimistic, as if positive thinking could cure the virus…In many countries, you can see the same dynamics at work, with people suspicious of the establishment, relying on their own sources, doubting credentialed authorities, and placing partisanship ahead of the truth. The Brexit debate was characterized by just this sense of two sets of facts. The phenomenon extends to Brazil, Mexico, Turkey, and India, all places where one side of the political divide has come to see itself as representing the experts while the other deeply distrusts that establishment. The increasing hostility between these two groups is one part of the most significant political trend of the last decade—the rise of populism worldwide…At the core of the new populism is a deep antipathy toward the establishment.

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