Por Sergio Grosjean
Hay situaciones difíciles de entender. Hace aproximadamente un año colapsó parte del techo del Palacio Municipal de Hocabá y, hasta hoy, no se observan trabajos de restauración. Como puede verse en la imagen, el área permanece acordonada con rejas improvisadas y luce en estado de abandono.
Lo que resulta aún más sorprendente es que, mientras esta valiosa edificación histórica sigue esperando recursos para su rescate, sí se haya destinado inversión a la construcción de un arco en la entrada del pueblo.
Si de imagen urbana, patrimonio y funcionalidad se trata, es inevitable preguntarse: ¿qué debería ser prioridad? Pues no existe punto de comparación entre preservar una joya arquitectónica que forma parte de la historia de Hocabá y construir un elemento ornamental.
Este edificio se ubica en el primer cuadro de la cabecera, y que en 1890, cuando se encontraba a punto de ser concluido, los fondos se agotaron, por lo que el gobernador de ese entonces tuvo que socorrer esta obra para que finalmente fuera inaugurado en 1891, cuando se desempeñaba como alcalde Juan Esteban Chavarría.
Como características principales del Palacio Municipal destacan las dos filas de arcos que sostienen el techo de los corredores frontales y una amplia sala situada a casi todo lo largo del edificio, contigua a los corredores del frente.
El reloj del palacio fue donado por el señor Marcos Duarte en enero de 1890, que incluso comenzó a funcionar antes que fuera inaugurado el inmueble. Este hombre poseía una banda musical que tocaba en la plaza principal todos los jueves y domingos.



