La nostalgia por la radio consola .Todo pasa, poco queda, fueron otros tiempos, otra época.

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Desde campeche el periodista y locutor Martin Antonio Serrano Arrollo comparte en sus redes sociales este valioso texto en torno a epocas en el escenario de los medios electronicos que dejaron huella en una generacion de varias transsiciones en materia de reproductores de musica

EL MODULAR.
Soy de la generación de varias transiciones, una de ellas, los reproductores de música.
Lo primero que conocí en mi casa fue una radio consola Telefunken que mi papá habia comprado en 1958, con el nuevo sonido Ortofónico que habia creado RCA Víctor, era vertical y de madera, tenía el cuadrante de la radio al frente como también, los botones de apagar y encender y varias teclas para agarrar onda corta, lográbamos de noche escuchar la Habana, Nueva Orleans y Texas.

Después, vendrían las radio consolas de forma horizontal, muy largas para apreciar el nuevo sonido Estereofónico, que siempre me ha parecido sensacional, los discos se vendían en dos versiones, Monoaural y Estéreo.

En 1976 vendría un cambio abrupto, los nuevos sistemas de audio, que llamaríamos Modulares, ya venían en otro formato, era una caja grande donde se encontraba la tornamesa, la casetera y al principio también incluían para reproducir cartuchos de 8 pistas que es un dispositivo para la reproducción y grabación de sonido, basado en una cinta magnética de 1/4 de pulgada (6,35 mm) de ancho, todo esto cubierto con una tapa de fino y brillante plástico.
Los cartuchos eran muy grandes y poco prácticos, pero con un sonido espectacular, también los coches lo tenían y se escuchaba muy bien.

Los casetes lograron una gran popularidad, eran pequeños y eficientes, venían con una duración de 60 y 90 minutos, además los empezaron a vender vírgenes, para que hagas tus propias grabaciones con tus canciones preferidas, esta ventaja a la larga resultó en tragedia para las compañías de grabación, porque la piratería se sucedió a gran escala y en algunas casos las empresas se fueron a la quiebra.
No era muy común que los modulares se vendieran en Campeche al principio, salvo Kimberley que los empezó a vender, por lo general te lo traían de Chetumal, por cierto, con bocinas enormes cubiertas al frente con una tela especial para dejar pasar el sonido.
Era más barato traerlo de Chetumal porque era una zona libre de impuestos, eran la sensación en sonido, la música en 1976 habia evolucionado en forma y sistema de grabación, escuchar a las orquestas de Percy Faith, Paul Mauriat, Ray Conniff o Franck Pourcel, era una experiencia “viva” que daba la sensación de tener a los artistas en tu propia sala.

Un año después vendría el sonido “disco” y era mucho más clara y definida estas grabaciones en este sistema modular, los discos se grababan en sistema estéreo y se fabricaban en un fino vinilito, brillante y flexible, además de todo esto, algunos discos venían transparentes y de colores, todo de acuerdo a esa genial época de la música disco que tuvo pocos años de gloria, cuyo inicio fue en 1977 con la película, Fiebre del sábado por la noche.
Una cosa trajo a la otra, las carpinterías comenzaron a fabricar muebles especiales para colocar el modular estereofónico.

Todo iba bien hasta que la aguja de punta de diamante se gastaba, el modelo de la aguja también habia evolucionado, antes, era un solo modelo para la radio consola, ahora había varios modelos, así que si no lo tenían a la venta en la tienda S.O.S del siempre recordado Miguel Alvarado o con Don Lázaro Azar, te sentabas a llorar, alguien que fuera a Mérida, Distrito Federal o de compras a Miami, se las encargabas y solucionabas el problema, además recuerdo que eran caras y no duraban mucho.
Con el tiempo estos modulares llegaron a incluir en su formato un ecualizador básico, si tu querías, le agregabas un ecualizar de 24 bandas o más.
Los que tenían los recursos económicos necesarios, compraban un modular CUADRAFÓNICO, caro, pero con un sonido inigualable, el sonido en lugar de dividirse en dos como en la Estereofonía, aquí se dividía en cuatro, era un sonido envolvente, incluso se fabricaban discos en 4 phases, (así lo traía escrito el disco) que, por lo general, sólo encontrabas a la venta en la tienda de Don Lázaro Azar, especializada en música clásica e instrumental de buen gusto.
Así, de esta manera vi vender estos modulares en diferentes marcas, como Sony, National, Sanyo, Fisher, Telefunken, Philco, Gradiente, Panasonic, Zonda, Philips y otras más ya desaparecidas.
Ahora los discos de pasta y vinil son tesoros y los Cds que desbancaron a estos formatos tradicionales que funcionaron por más de 80 años, hoy, ya son historia.
De los casetes, ni que decir, también pasaron a la historia.
Todo pasa, poco queda, fueron otros tiempos, otra época.

Martin Antonio Serrano Arroyo

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