Bernardo Barranco V.
La serie de HBOtitulada Marcial Maciel, el lobo de Dios vuelve a poner sobre la mesa las décadas de abusos cometidos por el fundador de Los Legionarios de Cristo y los artificios eclesiásticos, desde el arropo de la legión, así como la compra de voluntades eclesiásticas al más alto nivel en Roma. Destaca el grotesco encubrimiento del cardenal Norberto Rivera, quien aun con las evidencias autentificadas, lo siguió defendiendo a ultranza.
Marcial Maciel, pederasta, es ante todo un criminal que no pagó sus perversidades como debía. Para complacer sus instintos asesinos, profanó y sometió los cuerpos de cientos de menores, seres inocentes, para satisfacer sus patologías retorcidas.
Maciel abusó de su investidura simbólica. Quebrantó la confianza que la sociedad le depositó de buena fe. Desde su impostura clerical construyó un imperio financiero. Desde su representación social edificó una imagen de falsa santidad. Murió impune tanto del poder eclesiástico como de las leyes civiles. “Mon pere”, como lo llamaban sus discípulos, contradijo flagrantemente las enseñanzas de Jesús, contenidas en Mateo 18:10. Cuando dice “mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños, porque en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”, la palabra menospreciar en griego significa “hacer tropezar, poner un obstáculo o impedimento en el camino, sobre el cual otro puede tropezar y caer, incitar al pecado, o hacer a uno empezar a desconfiar y desertar a uno en quien él debería confiar y obedecer”.
El fenómeno criminal que representa la pedofilia clerical en México lo encarna Maciel. Los depredadores sagrados contradicen los grandes principios del Evangelio, contravienen los fundamentos morales y éticos que la Iglesia pretende transmitir a la sociedad. Asimismo, la pederastia clerical desvirtúa la misión y la autoridad de la Iglesia en la historia humana. En suma, el pederasta es la antítesis del Corpus y la identidad del mensaje de Jesús. El depredador sagrado representa el lado oscuro y perverso de la Iglesia.
La pederastia clerical es un lastre criminal complejo. Maciel gozó de la impunidad de la Iglesia. Cardenales poderosos recibían sobres con 50 mil dólares en Roma para gozar de su silencio y protección, según la investigación de Jason Berry. El encubrimiento a un criminal debe pagarse. Maciel disfrutó de la benevolencia de los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. El líder de los Legionarios se benefició de medios de comunicación a modo, como El Norte, y comentaristas amañados que hasta el último siguieron defendiendo a este asesino clerical. Gozó también del sigilo de importantes empresarios que declararon un boicot comercial a CNI40 por la transmisión de denuncias de ex legionarios violados por Maciel.
Señala la Organización Mundial de la Salud: “Se clasifica la pederastia como los trastornos de preferencia sexual por los menores, que se encuentran entre las perturbaciones de la personalidad y del comportamiento en adultos. La pedofilia se define como la preferencia sexual por los niños, ya sean niños, niñas o ambos, generalmente en edad prepúber o al inicio de la pubertad”.
En todas las culturas existen bestiarios en sus mitologías. En la cultura contemporánea, el depredador sagrado es la bestia con sotana. Es el maligno que se arropa y disfraza con los símbolos de santidad. Un ser infausto que seduce y violenta sexualmente a sus víctimas con el rostro y ropaje de un ángel. La siquiatría moderna y las ciencias de la conducta definen el abuso sexual de un menor como un “asesinato síquico”; es decir, un acto que atenta contra la identidad y el potencial del menor. Transgrede el desarrollo de la persona. El niño representa esa identidad humana, esa vitalidad que el pederasta ha extraviado en algún lugar de su hoja de vida. En la conducta del pederasta clerical se presenta una pulsión homicida, compulsiva y repetitiva que personifica el aspecto sicopatológico, así como el control racional le confiere una cualidad criminal propia de las sicopatías.
Las perversiones sexuales de los personajes públicos y poderosos, como políticos, artistas y eclesiásticos, son también resultado de las relaciones de poder que guardan los individuos con el establishment. Michel Foucault, en su Historia de la sexualidad, encuentra un estrecho vínculo en el imperio de los privilegios como factor represivo y la sexualidad como dimensión construida desde el poder.
Hombres poderosos como Silvio Berlusconi, Harvey Weinstein, Dominique Strauss-Kahn y los pudientes personajes que aparecen en la lista de Jeffrey Epstein son una muestra. En nuestro medio, Andrés Roemer y Enrique Guzmán se saben protegidos por el poder. Dicha impunidad no guarda mucha diferencia con los sacerdotes pederastas. Cobijados por el predominio de una cultura patriarcal, los pederastas clericales se sienten por encima de la sociedad. Estos rufianes se sienten conductores y dueños de las conciencias de los individuos y, por tanto, también de sus cuerpos. Políticos envilecidos encuentran refugio en el poder los gobiernos, mientras los sacerdotes pederastas en la estructura eclesiástica. Así, la patología de los abusos sexuales son expresiones de la corrupción del poder.
En 2023, la organización estadunidense Bishop Accountability exhibió a 15 obispos y arzobispos mexicanos que encubrieron a sacerdotes pederastas. El cardenal João Braz de Aviz, ex prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, sobre el caso Maciel afirmó: “Quien lo tapó era una mafia, ellos no eran Iglesia… Llevamos 70 años encubriendo y esto ha sido un tremendo error”.