Ahora sí, arrancaron oficialmente

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Va a ser difícil que bajo las actuales circunstancias se eleve el nivel del debate. A todos nos queda claro qué es lo que está en juego, y nadie va a querer arriesgarse más allá de lo que tengan bajo control.
Ninguno de los candidatos se va a salir de su esquema, de no ser que los escenarios los obliguen a jugarse el resto. Si esto sucede, será ya cerca del final, cuando todo podría empezar por definirse.
Estas circunstancias por lo general provocan que los candidatos se enconchen y que se muevan muy poco, bien podríamos definirlo como sus zonas de confort. A pesar de que estamos apenas entrando en los tiempos de campaña, las propuestas de los suspirantes son ya más o menos conocidas.
Las precampañas diseñadas para que los partidos decidieran quién sería su candidato poco sirvieron, porque ya se había decidido quiénes serían sus representantes. A uno lo eligió el presidente. Otro quedó como candidato después de una lucha intestina en su partido, para después formar un Frente. El tercero en la lista hizo su partido y se eligió a sí mismo.
Todo esto sucedió antes de que empezaran formalmente las precampañas; dicho de otra manera, los precandidatos son candidatos para sus partidos al menos hace 5 meses, y uno de ellos lo es desde hace 18 años.
El proceso que estamos viviendo debe ser acuciosamente revisado, lo que debe incluir las candidaturas independientes, las cuales terminaron confundiendo, además de estar, en la gran mayoría de los casos, cargadas de irregularidades.
Los candidatos y la casi segura candidata se van a dedicar, ahora sí, de manera oficial, a tratar de convencer a los ciudadanos hablando maravillas de ellos mismos. Se van a vender lo mejor que lo puedan hacer junto con sus publicistas, al tiempo que se van a abocar, con particular alegría y energía, a desacreditar al otro.
Como las elecciones tienen mucho más de emociones y momentos clave que de razonamientos y análisis, por lo general se apela al discurso provocador y fácil de digerir y retener. Al no haberse desarrollado una cultura política ciudadana, muchos temas sólo pasan por ser enumerados y no necesariamente se profundiza en ellos. En algunas sociedades este fenómeno se agudiza, como es el caso de la nuestra.
Los debates son lo más cercano a poder ver a los candidatos en el cara a cara. A pesar de ello, parten de la limitación propia del uso del tiempo, su dinámica limita a detallar los temas. A esto hay que sumar que con cuatro candidatos es difícil mantener continuidad en la discusión, cada uno de ellos se mueve bajo sus esquemas e intereses.
El gran reto del INE es cómo organizar los 3 debates. Cómo cerrarles la puerta a la evasión o pasar de largo señalamientos directos a los candidatos. Cómo diseñar una agenda para que en los debates se discutan, o al menos, se conozcan las ideas centrales de los candidatos sobre los grandes problemas nacionales.
El formato debe permitirle a los ciudadanos tener elementos para razonar y así pasar, por lo menos por algunos momentos, a segundo plano las inevitables emociones.
El problema para el INE no está en la falta de ideas o propuestas. La bronca está en cómo convencer a los partidos políticos para que acepten y avalen nuevas reglas del juego y dejen de moverse bajo el “no hay que exponer al candidato”.
Va a ser muy difícil que los aspirantes confronten sus ideas, de no ser que sea en el marco de los debates. Algunos ejercicios hechos por el sector privado, en la Convención Nacional Bancaria y por el CCE, han resultado atractivos y han permitido en el diálogo y cuestionamientos tener una mejor idea de quiénes son lo suspirantes.
Está en los candidatos la voluntad de que las cosas sean diferentes.
Ahora sí, oficialmente arrancaron.
RESQUICIOS.
Sobre advertencia no hay engaño: López Obrador ya descartó la construcción del nuevo aeropuerto.

Javier Solórzano

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