AMLO: ‘libre expresión y medios’

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Ganó el voto de la esperanza. La mayoría del electorado mexicano apoyó la opción que, a su juicio, es viable para reencauzar la política social, combatir la corrupción e intentar otra forma de enfrentar la violencia imperante en el país. Ni la opción de continuidad, que pretendió ser disfrazada con la figura del “candidato ciudadano” José Antonio Meade —­un miembro de la alta burocracia que sirvió en las últimas tres administraciones federales—, ni la de “gobierno de coalición” impulsada por Ricardo Anaya —una derecha “moderna” aliada con un sector desfalleciente de la “izquierda”— pudieron convencer a esa mayoría que, desde hace mucho, decidió votar por Andrés Manuel López Obrador.

Libertad consolidada

En materia de comunicación social, lo mismo que en prácticamente todos los ámbitos de la vida pública, el gobierno lopezobradorista tendrá grandes retos, algunos derivados de los compromisos que AMLO asumió durante su campaña y otros del probable enfrentamiento con opositores e intereses económicos con los que tendrá que debatir y tratar de conciliar.

El primero es el compromiso que López Obrador reiteró en varias ocasiones —la más reciente en su discurso del domingo en el Hotel Hilton— de que “habrá libertad de expresión”. No dudo que cumpla; tendrá que hacerlo, en primer lugar porque periodistas, medios y sociedad se lo exigirán permanentemente, pero también porque el ejercicio de esa libertad está consolidado en México, no depende de que un gobernante pretenda permitirlo o cancelarlo. A punto de concluir la segunda década del siglo XXI, el ecosistema mediático integra una gran cantidad de plataformas, tradicionales y digitales —entre éstas las “benditas redes sociales”, como las llama AMLO—, por donde circula información de todo tipo, incluida la que cuestiona y critica al gobierno; un flujo ininterrumpido y omnipresente que ya no es posible detener y cuyos contenidos son generados y percibidos por millones de “emisores-receptores”.

Oposición y crítica

López Obrador tendrá una oposición que se expresó desde las campañas electorales. Y también recibirá críticas del sector de ciudadanos que, pese a votar por él, cuestionará las acciones del nuevo gobierno en las que no esté de acuerdo.

¿Cómo enfrentará la oposición y la crítica el gobierno de AMLO? Tendrá que hacerlo de una manera inédita, distinta a la de los gobiernos anteriores: con el debate argumentado, la discusión, la respuesta puntual sustentada con datos ciertos y confirmados, la transparencia, el reconocimiento y corrección de errores. Lo que no deberá hacer es seguir los pasos de sus antecesores: dispendio de recursos para promover al gobierno y al presidente y para tratar de construir una realidad inexistente (que no haya “pejelandia”).

Publicidad oficial

Obviamente el nuevo gobierno requerirá de medios para expresarse. Además de las “benditas redes sociales” tendrá que seguir utilizando los medios tradicionales, pero en el caso de éstos seguramente lo hará en una proporción menor con respecto a los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, quienes gastaron miles de millones de pesos en propaganda mediática. Durante su participación en la 59 Semana de la Industria de Radio y Televisión, en mayo de este año, AMLO dijo a los concesionarios que su gobierno seguirá insertando mensajes en los medios, pero “no como propaganda”, sino “para informar”, y que el dinero que se gastará será “poquito porque es bendito”.

También afirmó que está a favor de mantener en la legislación electoral la figura que prohíbe a particulares comprar tiempo en medios electrónicos para apoyar a partidos o candidatos. Pero indicó que estaría de acuerdo en revisar la carga económica que representa para la radio y la televisión el excesivo tiempo que éstas deben conceder a los partidos políticos en tiempos electorales.

Comunicación política

No es descartable, por lo tanto, una reforma al “modelo de comunicación política” aplicable a los tiempos electorales en la que se mantenga la prohibición a particulares de comprar tiempo-aire para promover a partidos y candidatos, pero en la que se acorte el tiempo que televisión y radio deben dedicar hoy al INE y los partidos, lo cual permitiría a esos medios comercializarlo en su beneficio y compensar la reducción de “publicidad oficial” que según López Obrador hará su gobierno.


Fernando Mejía Barquera

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