Covid-19 y poder suave

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La pandemia generada por el SARSCoV2 agente causal del COVID-19 acumula, en el momento de escribir estas líneas,[1] 184 386 271 de casos confirmados y 3 988 180 defunciones. Sus efectos en la comunidad internacional son diversos y devastadores y se mantendrán por largo tiempo. Una de sus consecuencias es la manera en que la enfermedad ha impactado en la geopolítica mundial, favoreciendo un reposicionamiento de ciertos actores en detrimento de otros.

CIUDAD DE MÉXICO, 07JUNIO2021.- FOTO: DANIEL AUGUSTO /CUARTOSCURO.COM

Lo anterior es cierto tanto para actores estatales como no estatales. En este último rubro, en particular, destacan las empresas farmacéuticas. Pero a estas se les analizará en otra oportunidad. Hoy por hoy esta reflexión se centrará en la reconfiguración de las relaciones internacionales y de la posición que tienen o tenían algunos Estados antes y después del arribo del SARSCoV2. Para ello, se echará mano del índice global del poder suave, tanto del publicado en el presente año como del correspondiente a 2020.[2] Estos índices, elaborados por Brand Finance analizan cómo son percibidos los Estados en el mundo. Su evaluación incluye a 100 países. El índice se construye a partir de encuestas realizadas en diversas regiones del mundo.

Antes de continuar hay que decir que el poder consiste para un actor en lograr que los demás hagan lo que él desea. Puede ser duro -militar, económico- o suave -persuasivo, cooptación, fascinación, atracción, diplomático- o mayormente una combinación de ambos, esto es, inteligente. Los autores de estos índices reconocen que el poder suave no se puede divorciar del duro, pero señalan que en el mundo de hoy es muy difícil que un actor obtenga lo que desea de los demás por la vía punitiva o de las armas. Brand Finance sostiene que el poder suave se puede caracterizar entonces como la capacidad de una nación para influir en las preferencias y conductas de diversos actores en la escena internacional, incluyendo Estados, corporaciones, comunidades, audiencias, etcétera- a través de la atracción y la persuasión más que de la coerción.[3]

El poder suave para Brand Finance se compone de siete elementos, a saber: negocios y comercio; gobernanza; relaciones internacionales; cultura y patrimonio; medios de comunicación; ciencia y educación; y personas y valores. Busca también medir cómo se posicionan los países como marcas a los ojos de los inversionistas. Es de destacar que para el índice correspondiente a 2021, se adicionó en las encuestas efectuadas la valoración sobre el manejo que los países hicieron de la pandemia del SARSCoV2 el año anterior. Este indicador resulta especialmente importante, toda vez que catapultó a diversos países y destronó a otros que habían tenido posiciones de predominio en índices precedentes.

Así, la pandemia tuvo un papel central en las percepciones que se generaron entre inversionistas y público en general, sobre los países. Ciertamente no es el único indicador, pero su importancia es clara cuando se mira que Alemania pasó al primer lugar, en tanto Estados Unidos, que había encabezado estos índices por años, se desplomó a la sexta posición -en gran medida por la pésima gestión de Donald Trump ante la pandemia y también frente a otros temas ventilados en su gobierno como el migratorio, el ambiental y las instituciones multilaterales. Italia, que vivió horas muy oscuras en los primeros meses de 2020, bajó de la 11ª a la 19ª posición. Un caso fascinante es el de Nueva Zelanda cuya respuesta a la crisis sanitaria colocó al país en el mapa mundial e hizo de la Primera Ministra, Jacinda Ardern una suerte de rock star en esta pandemia, por lo que el país pasó de la posición 22ª a la 16ª. Es razonable afirmar entonces, que la pandemia destruyó reputaciones, construyó otras y puso a la salud pública en un lugar importante para la integración del poder suave de los países.

Se ha hablado mucho de la diplomacia de las vacunas y dela de las mascarillas en alusión a que los países buscaron aprovechar la crisis sanitaria para impulsar sus intereses instrumentales particulares en el mundo. Pero la RP China y Rusia que son dos actores claramente en esa línea, perdieron escaños -en 2020 ocupaban la 5ª y 10ª posiciones, respectivamente- no obstante los esfuerzos realizados en materia sanitaria allende sus fronteras. ¿Por qué si Beijing contuvo la enfermedad con bastante éxito y ello le permitió desarrollar una diplomacia en salud global, de todas maneras cayó en los índices de poder suave de 2021? Y ¿por qué si Rusia desarrolló una de las vacunas más efectivas contra la enfermedad, de todos modos vio mermada su reputación en el planeta? Ocurre que la gestión pandémica es importante, pero, como se explicaba, hay otros elementos igualmente relevantes como observancia y promoción de los derechos humanos; el clima para las inversiones; la tasa de criminalidad; la contribución o no a la gobernanza global y el apoyo o no al multilateralismo; la promoción de las artes, cine, turismo, cultura; el apoyo a la educación, la ciencia, la tecnología, etcétera. Estos elementos, puestos en la balanza, hacen que un solo factor sea insuficiente para perfilar la reputación de los países. Para decirlo de otro modo: las vacunas no son suficientes para construir marcas de países.

Por supuesto que se puede cuestionar la veracidad de los índices referidos en atención a la percibida obsesión del mundo por cuantificar e indexarlo todo. La medición de percepciones tiene un amplio rango de subjetividad. Pero incluso cuando lo que se pretende medir son capacidades, los resultados distan mucho de la realidad. Ahí está el caso del índice sobre seguridad en salud global de 2019 que calificó muy bien a países que el SARSCoV2 mostró como carentes de capacidades para hacerle frente.[4] Es verdad que el documento advierte que buena parte del mundo no estaba calificado para encarar una pandemia. Con todo, midió capacidades para cuantificar el nivel de seguridad en salud a escala planetaria y sólo acertó en el caso de Tailandia,[5] país que ocupa el sexto lugar en dichos índices y que, a la fecha, ha destacado por una buena gestión de la pandemia con 294 653 casos y 2 333 defunciones, muy por debajo de lo que los países mejor calificados en ese documento han mostrado a la fecha, comenzando por el propio Estados Unidos.

México merece una nota a propósito de estos índices, si no por otra razón porque cayó en el que mide el poder suave, del 37° lugar en que se encontraba en 2020 al 44° en el correspondiente a 2021. En el documento de Brand Finance el país recibe una de las calificaciones más bajas en lo que tiene que ver con la gestión de la pandemia. Pero en otros rubros también sale mal librado, por ejemplo, frente a la criminalidad, las dificultades para hacer negocios en el país, etcétera. Es mejor calificado en rubros como la cultura, que, como se ha comentado en otras oportunidades, tiene un enorme potencial para catapultar la imagen internacional de México y la promoción de sus intereses instrumentales en el mundo. En lo que hace al índice de seguridad en salud global de 2019, México está reprobado con 57. 6 puntos en la 28ª posición, lejos de los punteros, aunque hay que reconocerlo, mejor ubicado incluso frente a… ¡Nueva Zelanda! El país austral tiene 57 puntos y está en el 35° lugar.[6] En este índice se destaca que México tiene una capacidad destacada para la detección de emergencias sanitarias al igual que en la normatividad. Sin embargo, recibe malas calificaciones en prevención (45. 5 puntos), respuesta (50. 8 puntos) y sistema de salud (46. 9 puntos).[7] Con los datos de ambos índices, aun cuando se podría estar en desacuerdo con sus postulados, se puede concluir que México puede mejorar.

CIUDAD DE MÉXICO, 15JUNIO2021.- Comenzó la jornada de vacunación contra COVID-19 en su segunda dosis para las personas de 50 a 59 años de la alcaldía Cuauhtémoc. FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

A manera de reflexión final, es claro que la pandemia ha llevado a repensar al mundo, no sólo en términos de la fragilidad que lo caracteriza. También advierte sobre la enorme relevancia de la salud pública para el correcto funcionamiento del planeta, sin que ello niegue la necesidad de contar con una visión amplia de los desafíos en salud y de todos los demás que enfrentan las naciones. Mirar sólo al SARSCoV2 dejando de lado flagelos como el calentamiento global, la biodiversidad, el empleo, la alimentación, la violencia, las violaciones de los derechos humanos, las migraciones, los refugiados y desplazados internos etcétera, sólo empeorará las posibilidades de construir un mundo próspero y seguro. El reto estriba entonces en mirar más allá de la pandemia, dado que, cuando este episodio sea superado, los demás problemas desatendidos seguirán estando ahí, esperando a la humanidad.


 [1] Datos al 6 de julio de 2021 a las 13: 21 hrs.

[2] Brand Finance (2021), Global Soft Power Index 2021. The most comprehensive research study on perceptions of nation brands, disponible en https://brandirectory.com/globalsoftpower/download/brand-finance-global-soft-power-index-2021.pdf

[3] Brand Finance, Op. Cit., p. 17.

[4] NTI/The Economist Intelligence Unit, Johns Hopkins-Center for Health Security (2019), Global Health Security Index, disponible en https://www.ghsindex.org/wp-content/uploads/2020/04/2019-Global-Health-Security-Index.pdf

[5] En el índice de poder suave de 2021, Tailandia se ubica en la 33ª posición, un escaño menos que en 2020. Se le califica con 38. 7 puntos.

[6] Este índice analiza a 195 países.

[7] NTI/The Economist Intelligence Unit, Johns Hopkins-Center for Health Security, Op. cit., p. 227.

 

María Cristina Rosas

mcrosas@unam.mx

Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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