El voto religioso y presidenciables piadosos

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En este proceso electoral, como nunca, los candidatos presidenciales han tomado como propia la agenda moral y religiosa de la Iglesia católica y de algunas iglesias pentecostales. La jerarquía de la católica debe estar festejando que los candidatos asuman sus postulados sobre la vida, el aborto, el matrimonio y las parejas igualitarias. Nunca habíamos tenido candidatos tan plegados a los valores religiosos. ¿Los políticos están saliendo del clóset? Los hechos son evidentes. En diciembre, José Antonio Meade se refirió a los tiempos de adviento que nos preparaban a la Navidad. En el acto, ante mujeres mexiquenses, resaltó la vela rosa. Su presidente Enrique Ochoa, en tono de pastor, dijo que todos los mexicanos éramos guadalupanos. Jaime Ro­dríguez, El Bronco, reconoció ser creyente aunque no religioso. Ante el temblor de septiembre, admitió la corresponsabilidad porque tendemos a estar demasiado liberales con la fe. Margarita Zavala, candidata independiente, se declaró creyente y con orgullo proviene de una familia de tradición católica. Mikel Arriola (PRI) asistió a la Catedral al oficio de la Adoración de la Santa Cruz, el Viernes Santo, y declaró: Vine a misa no a hacer proselitismo.
Andrés Manuel López Obrador es caso aparte, ante la alianza con el Partido Encuentro Social (PES), ofreció organizar encuentros ecuménicos e interreligiosos. Ante militantes del PES, prometió la elaboración de una constitución moral con tintes religiosos para auspiciar una nueva corriente de pensamiento, que promueva un paradigma moral de amor a la familia, al prójimo, la naturaleza y la patria. Se declara cristiano en sentido amplio y sigue al Jesús que optó por los pobres y luchó contra las injusticias de su tiempo.
Diversos analistas serios ponen en duda el voto católico. Difícilmente un obispo o sacerdote pude incidir de manera contundente en el ciudadano a la hora de emitir su voto. No sólo la estructura eclesiástica está alejada de la feligresía, sino que existe un notable deterioro de la imagen de la Iglesia. Por ello su influencia en la conciencia de las personas ha decrecido. Si bien hay obispos que se empeñan en incidir en el supuesto razonamiento del voto, la mayoría de los votantes que son católicos, votan como ciudadanos no en tanto católicos o musulmanes. El hecho de que la mayoría de los votantes sean católicos no se traduce en que todos voten por las mismas opciones; el razonamiento del voto es diverso y plural. Durante décadas en el siglo pasado se pensó que los católicos votaban por el PAN porque éste recogía principios cristianos en su ideario político. Sin embargo, las mayorías de votantes católicos sufragaban por el PRI. En suma, la jerarquía católica ha privilegiado su relación con los actores del poder y las élites, y han descuidado notablemente su ascendencia con la base de los tejidos sociales, por tanto, han perdido liderazgo y gravitación entre su propia feligresía.
Hay mayores dudas respecto del voto evangélico, en es­pecial el pentecostal, pues los pastores llegan a tener mayor nivel de incidencia en la vida de los feligreses y de las parejas. Por ello podría sospecharse de un voto corporativo en estas iglesias. Sin embargo, tampoco es tan contundente hablar de un voto evangélico. El que es­cribe realizó un estudio para el libro Las batallas del Estado laico, Editorial Grijalbo, 2016, en el que registró el comportamiento de las casillas electorales en La Hermosa Provincia, Guadalajara, colonia habitada por miembros de la Iglesia La Luz del Mundo y el hallazgo fue contundente: existe una creciente pluralización de opciones políticas entre los miembros de la Iglesia.
La clase política ha comprado la existencia del voto religioso. En junio de 2016, la debacle electoral del PRI se debió al hartazgo de corrupción, impunidad y pobres resultados de los gobiernos. Pero usaron como gran pretexto la iniciativa del presidente Peña Nieto de favorecer los matrimonios igualitarios. La arquidiócesis de Norberto Rivera festejó el merecido voto de castigo católico para el Presidente y su partido, se aseguró en el semanario Des­de la Fe, dirigido entonces por Hugo Valdemar. Afirmó: la Iglesia fue un factor detonante en la derrota del PRI. Es una aseveración sin fundamento; pretende, sí, sacar raja de un acontecimiento ciudadano relevante. O una justificación ramplona de los propios priístas ante una dolorosa derrota.
Lo hemos comentado, la clase política se ha venido reconfesionalizando, hay una falsa adopción de valores religiosos de líderes políticos y funcionarios que amenazan la laicidad del Estado. El oportunismo de la clase política no tiene límites, porque adoptar poses de políticos piadosos son peligrosas imposturas que podrían aun perjudicar la calidad de la fe de los creyentes. Ante su total desprestigio buscan lavarse la cara y legitimarse con la fe religiosa identificándose falsamente con los creyentes y buscando apoyo de las estructuras religiosas, que suponen, fuerte presencia y raigambre en la sociedad. Los ex gobernadores de Veracruz Javier Duarte, y de Chihuahua César Duarte, consagraron las respectivas entidades y su personal al Sagrado Corazón de Jesús y a la Inmaculada Virgen María en aparatosas ceremonias litúrgicas. En ese tenor, varios alcaldes han hecho lo propio en el que destacó la presidenta municipal de Monterrey, Margarita Alicia Arellanes, del PAN, quien en 2013 entregó la ciudad a Jesucristo. Ahora estos notables creyentes son acusados de corrupciones millonarias. En los años recientes hay una especie de golpe de pasión religiosa entre gobernadores, alcaldes y diputados. Durante la visita del Papa, en febrero de 2016, los políticos se arremolinaban ante Francisco. Que­rían una foto y subirse al barco de una figura popular mundial. Aparentemente, ante la crisis de valores de la sociedad y el hartazgo de corrupción, de la que son copartícipes, apelan con marcada hipocresía a las convicciones religiosas como opción o fuente de legitimidad simulada.
Finalmente, en México, el ascenso evangélico pentecostal es notorio. Se finca en los estratos más pobres de las áreas urbanas. Sectores excluidos por el Estado, ca­rentes de servicios básicos de salud y educación. En torno a la teología de la prosperidad, el pentecostalismo se ha desplegado masivamente en los 35 años recientes. Sin embargo, es notorio el conservadurismo en términos morales y de sexualidad. El PES, integrado por un notable grupo de iglesias, ha sabido capitalizar este sector y ofrece en alianza con Morena más de 2 millones de votos a cambio de numerosos escaños en las cámaras. Ha llegado el momento del evangelismo político y cual fuere el re­sultado, aun si López Obrador no alcanza la Presidencia, los evangélicos pentecostales serán indiscutibles ganador

Bernardo Barranco V.

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