La corrupción del pasado

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Cómo si fuera Tony Newman o Douglas Phillips del Túnel del Tiempo, Marty Mcfly de Volver al Futuro o una de las múltiples reencarnaciones del Doctor Who, López Obrador se ha embarcado en la aventura de modificar el pasado, en especial en el tema de la corrupción. Así, toda la corrupción se dio en años anteriores, aunque también haya en su inmaculado gobierno, al igual que todo lo malo que busca ser borrado hasta de la historia que se enseña en los libros de texto.

Si nunca se ha ido

A pesar del discurso oficial y las repeticiones de los propagandistas –los de ocasión y los pagados con recursos públicos–, la corrupción sigue presente en el gobierno.

 

Y no sólo es la percepción que tiene la gente de este fenómeno –por algo será–, sino por las continuas denuncias que varios de los afectados han hecho a través de medios de comunicación y redes sociales.

La Conade es un ejemplo de eso, al igual que las aduanas en donde hasta renuncias por este tema se dieron, sin dejar de mencionar la carta de renuncia de Jaime Cárdenas al INDEP en donde denunciaba, precisamente, actos de corrupción.

Pero para el presidente López Obrador, la corrupción ya se acabó –así lo ha declarado varias veces– y coreográficamente saca su pañuelo blanco y al son de “aunque les dé coraje a los conservas”, cierra los ojos al presente e insiste en culpar al pasado de la corrupción –igual que cuando respecto a la responsabilidad política por la tragedia de la Línea 12 preguntó quién era el presidente entonces–.

Y es que la corrupción del pasado sigue presente, o al menos algunos de los funcionarios que mejor representan esa añeja práctica siguen vigentes en la 4T, con todas las mañas que aprendieron en el mismo pasado que compartieron con López Obrador –aunque les dé coraje a los de la 4T–.

Manuel Bartlett es un buen ejemplo de esto, aunque ahora le digan patriota, pues ningún señalamiento que lo involucra en ciertos asuntos –desde el asesinato de Enrique Camarena, el de Manuel Buendía y la caída del sistema electoral en 1988–, motivan preocupación alguna en tan cuestionado personaje que es defendido desde el púlpito presidencial y su presencia justificada con eso de que ayuda en contra de la corrupción, ¿por aquello de que para que la cuña apriete debe ser del mismo palo?

También el Partido Verde es un buen referente en este tema, pues se trata del mismo instituto político que se alió con el PRI o con el PAN, sus dirigentes acusados de hacer negocios millonarios al amparo del poder, violaron las reglas electorales para promoverse el día de la elección en 2015 y en 2021, pero hoy necesarios porque sin ellos no se alcanza la tan ansiada mayoría en la Cámara de Diputados.

Es claro que para un gobierno que busca difundir su propaganda en lugar de sus logros, hablar de corrupción sólo se hace para culpar a otros, no para reconocer la propia, pues en el discurso presidencial todos los demás son corruptos menos los que fueron nombrados por el mismo.

Así, cuando empresarios buscaron un programa de apoyo ante la falta de incentivos del gobierno federal para encarar la pandemia con el Banco Mundial, López Obrador denunció que era algo corrupto; la organización civil Mexicanos contra la Corrupción, a la que antes aplaudía cuando sacaba los trapitos corruptos del gobierno de Peña Nieto, ahora la llama “Mexicanos por la corrupción” porque se atreven a cuestionar a su administración en el mismo tema; si antes se quejaba de que la publicidad oficial era muestra de corrupción, en especial por los medios que aplaudían al régimen el sexenio pasado, ahora calla como momia ante los millones que reciben La Jornada o Epigmenio Ibarra, quienes aplauden más que todos los medios que estuvieron al servicio del priismo.

Si antes se quejaba del nepotismo, que es otra de las facetas de la corrupción, ahora no dice nada ante las denuncias de las familias de la 4T que se han incrustado en la nómina, ni siquiera cuando su prima Felipa tenía contratos con Pemex, algo que si hubiera hecho un familiar de Felipe Calderón lo hubiera llevado a realizar tronantes declaraciones para afirmar que se comprobaba la corrupción del panista.

Un detalle curioso, es que mientras López Obrador afirma que es honesto y que la austeridad es una de sus cualidades, uno de sus hijos se da la gran vida en Estados Unidos presumiendo sus lujos, sin que se sepa en qué trabaja y tampoco se sepa de donde salieron los recursos para montar una fábrica de cerveza y de chocolates, por menos que eso, ya hubiera condenado al paredón a los hijos de cualquier otro presidente anterior.

Si bien el presidente aún recibe el beneficio de una aprobación ciudadana que ronda el 50%, cuando se le pregunta al ciudadano cómo califica al gobierno federal en el combate a la corrupción éste sale reprobado, como si la gente supiera que aunque vive en Palacio Nacional y cada mañana declara que su gobierno es inmaculado y perfecto, en realidad no gobierna y poco ha cambiado en este sexenio, pues los que viven sin los lujos de estar en una construcción virreinal saben que la realidad es otra cosa y no del pasado, sino de un preocupante presente.

 

Armando Reyes Vigueras

armando.reyesvigueras@gmail.com

Periodista

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