La guerra sucia en las campañas electorales

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En México tenemos una de las legislaciones electorales más robustas del mundo, a mi entender, las campañas se encuentran sobre reguladas y lo anterior genera que, prácticamente todos los participantes en un momento u otro, terminen violando la ley.
Particularmente uno de los elementos que más se acusan en la actualidad es la guerra sucia el interior de las campañas. Sin embargo, bien a bien, no se define con claridad qué es la guerra sucia y cuándo existe un ejercicio sano de contraste y/o denuncia sobre aquellos que son figuras públicas y aspiran a la representación popular y, por tanto, legítimamente, deben ser sometidos a escrutinio.
En México no tenemos claro el concepto de guerra sucia en las campañas electorales. Con la llegada en el 2000 de la transición democrática y el surgimiento de la competencia electoral efectiva comenzamos a vivir fenómenos nuevos.
Así, mientras crecía la proyección electoral del entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, el gobierno de Vicente Fox comenzó a orquestar, desde el poder, todas las medidas que consideró necesarias para evitar que éste llegara a la presidencia de la República.
En aquel momento se utilizó de manera sistemática el aparato de Estado y sus Instituciones para inclinar la balanza en contra de uno de los contendientes. Además se contó con la colaboración permanente y sincronizada de los medios de comunicación para difundir información en contra de López Obrador, alguna cierta y otra falsa, con la intención de influir en electorado. Un sector importante de los empresarios más poderosos de este país financiaron la iniciativa sin que ello fuese fiscalizado o existiera el más mínimo control sobre el flujo de recursos y su procedencia.
Todo lo anterior hizo que, en aquel momento, muchos de nosotros denunciáramos la existencia de una guerra sucia en contra de López Obrador y ese término permeara fuerte en el imaginario colectivo al grado de generar lo que pareciera un proceso de inmunización en contra de cualquier error o desviación en el futuro pues, a partir de allí, la victimización es una estrategia permanente del hoy candidato de Morena quien, ante cualquier acusación en su contra o en contra de su partido, se queja de guerra sucia y evade toda responsabilidad pública.
Es aquí donde debemos tratar de ir definiendo lo que comprende y lo que no comprende la guerra sucia en una campaña política.
A mi entender, difamar a un adversario, manipular información, imágenes y/o video difundir elementos que se sabe son falsos de manera intencional, usar recursos ilícitos para ello pueden ser parte de lo que consideremos guerra sucia.
Invadir la esfera de lo público para atacar a un adversario con temas que son parte únicamente de su vida privada (o peor aún, de sus familias) sólo con la finalidad de dañar su reputación o imagen también son elementos de guerra sucia que debemos condenar.
De la misma manera el uso de las Instituciones con fines políticos para beneficiar a un candidato, pero sobre todo para perjudicar a otro son parte de la guerra sucia. Lo es también el uso faccioso de los medios de comunicación.
Creo que algunos de los elementos clave estarían en la veracidad de la información y en el respeto a la esfera de lo público y lo privado. También es fundamental en esto el uso parcial o imparcial de Instituciones públicas y el papel de los medios que debieran tener objetividad en su análisis (eso no implica ausencia de posición política, son elementos distintos que deben ser abordados en otro análisis).
Difundir información negativa de un candidato, cuando es real, ¿puede ser considerada guerra sucia?
Pongo algunos ejemplos de días recientes:
*  El senador Miguel Barbosa, precandidato a Gobernador de Puebla por parte de Morena es captado en video organizando la movilización de gente a un mitin, tomando nota también de los recursos que se emplearán para ello. Eso Morena lo ha denunciado como acarreo en otros contendientes. En el caso de Barbosa, acusó de guerra sucia al medio que lo difundió y aquellos que lo hemos criticado.
¿Fue falsa la información? No.
¿Es de Interés público? A mi entender, sí.
Habrá que ahondar en que, más allá de las declaraciones del Senador, se debería investigar si estos gastos que él iba anotando se han reportado a la autoridad electoral, de dónde vienen los recursos, sí en cada mitin son reportados. Elementos que sin duda son importantes.
¿Existe en este caso guerra sucia? Por supuesto que no.

* Se denuncian mensajes en Puebla diciendo que en caso de ganar López Obrador la Presidencia de la República le dará a los rusos nuestro petróleo.
¿Esta información es verídica? No hay ningún elemento que apunte hacia ello.
¿La información tiene algún sustento? Ninguno.
¿Se pretende dañar al candidato de Morena con base en una injuria? Me parece que sí.
¿Existe en este caso guerra sucia? Por supuesto que sí y me parece condenable.

* Se difunden videos alterados, haciéndolos pasar por reales, donde pareciera que José Antonio Meade, precandidato del PRI, dice cosas que jamás dijo.
¿La información es verídica? No.
¿Quiénes la difunden saben que no es real? Sí.
¿Tratan de hacerla pasar por información real? Sí.
¿Es guerra sucia? Por supuesto que sí y, aunque sea contra el PRI, me parece absolutamente condenable.

* Andrés Manuel declaró hace unos días que Claudio X González se reunió con Peña Nieto para pedirle que “evitara que Andrés Manuel Ganara la Presidencia. La verdad yo no sé cómo sean las reuniones en Los Pinos pero tengo la impresión que, de haber existido, una reunión y una conversación de esta naturaleza se daría sólo entre el empresario y el presidente, no creo que convoquen público para ello. Dudo que Claudio “X” González le haya informado a AMLO el contenido de la misma así que la lógica indicaría que Peña se lo dijo.
¿Peña Nieto informaría a AMLO de hechos como estos? No lo creo.
¿Abordarían temas de esta delicadeza delante de alguien que pudiera hacer la infidencia al precandidato de MORENA? No lo creo.
¿AMLO cuenta con alguna prueba? Ninguna, o al menos no la ha presentado.
¿Es guerra sucia? Por supuesto que sí, pero no contra AMLO sino llevada a cabo por él.

Creo que los parámetros que deben determinar cuándo estamos ante guerra sucia y cuándo no, son algunos de los que mencioné anteriormente (y otros más que seguramente puedo haber omitido o no he contemplado).
Sin embargo y por desgracia, hoy para miles de fanáticos lo que determina si hay guerra sucia o no es el emisor y el receptor y no el mensaje. Sí se dice algo que no favorece a mi candidato, sea cierto o falso, es guerra sucia. Sí se dice algo que daña a mi adversario, sea cierto o falso, es una opinión legítima.
Así estos tiempos que nos ponen ante la tarea ineludible de definir con claridad los límites entre lo ético y lo antiético, entre la libertad de expresión y el abuso de la misma, más allá de leyes y sobre regulación, a partir de profundizar en la conciencia ciudadana.

Luis Antonio García Chávez

 

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