La revocación, lejos de un día de campo

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La revocación de mandato tiene su razón de ser. Los gobernantes pueden ser evaluados por la ciudadanía.

No tenemos antecedentes, pero, más allá del uso político que se le dé, es buen momento para empezar.

Uno de los motivos de su relevancia estratégica es que las sociedades son cada vez más cambiantes y exigentes. La revocación de mandato apunta a la posibilidad de que los gobernantes estén a la vista de los ciudadanos, a lo que se suma que el proceso fortalezca una cultura democrática de participación.

En el caso nuestro a lo largo de seis años se presentan muchos motivos para evaluar los actos de los presidentes como para pasarlos de largo. Es un enigma lo que habría ocurrido si en pasadas administraciones los ciudadanos hubiéramos tenido un ejercicio de revocación de mandato para evaluar a los presidentes.

Es probable que más de alguno no hubiera pasado la prueba y hubiera tenido que dejar el cargo dejándonos muy probablemente en un buen lío por resolver, pero con la ventaja de que hubieran sido los ciudadanos los que decidieran y evaluaran a los gobernantes, sin importar el tiempo para el cual fueron electos.

Sin embargo, también es cierto que los gobernantes requieren de tiempo para consolidar sus proyectos. La cuestión está en que en los últimos años la sociedad ha padecido todo tipo de tropelías desde el ejercicio del poder y al final de los mandatos no se dieron cambios sustanciales que beneficiaran a la población.

La revocación de mandato bajo esta perspectiva puede ser un alto en el camino, independientemente de que la idea que subyace para el año que entra tenga que ver con una serie de devaneos políticos que el Presidente está provocando.

Da la impresión de que López Obrador quiere la revocación de mandato más que como una evaluación ciudadana, como un acto para medir sus fuerzas políticas. Si bien en este sentido todo está interrelacionado, no se ve que el Presidente necesariamente quiera que se evalúe a su gobierno, el cual hasta ahora ha generado más dudas que certezas.

Los informes económicos que se han dado a conocer estos días, sobre todo los que tienen que ver con los índices de pobreza, deberían obligar al gobierno a revisar la instrumentación de sus políticas públicas en la materia.

Lo que pudiera estar también detrás de la revocación de mandato es poder echar por delante toda la caballería para la segunda parte del mandato de López Obrador, confiando más que en su partido y su entorno en la credibilidad y la esperanza que sigue provocando entre sus millones de seguidores.

La revocación de mandato también le va a servir al Presidente para estos meses, la fecha es domingo 6 de marzo del 2022, hacer política como le gusta tanto en giras como en la mañanera; los mejores espacios políticos de López Obrador se producen cuando está en campaña.

Ayer lanzó un reto, con dosis de altanería, bajo la idea de que la oposición se organice: “Tienen la oportunidad de reagruparse como lo hicieron en junio… cómo van a votar los de abajo, los pobres y los integrantes de la clase media humanistas por estos retrógradas, individualistas, corruptos, clasistas, racistas, bueno no pudieron, y ahora viene de nuevo otro desafío”.

Muchas cosas pueden pasar estos meses. Cada vez es más claro que el Presidente sigue bien evaluado, pero no así los actos de su gobierno. Las encuestas muestran bajos niveles respecto a los resultados y vendrán las exigencias, independientemente de la esperanza o la empatía. Como andan las cosas la revocación de mandato no se ve como un día de campo.

RESQUICIOS

La tarea es de nuevo titánica. Hay que echar a andar hospitales Covid ante la brutal tercera ola, empieza a presentarse saturación en los nosocomios. El gran riesgo está en que el alto nivel de contagios podría en una semana ser motivo de hospitalizaciones, se veía venir. En verdad deseamos que no se esté actuando tardíamente.


Javier Solórzano

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