Migrantes, cerca de una crisis humanitaria

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No se le está dando la justa dimensión a la delicada y grave crisis que se está viviendo en la frontera.

No hay signos de que para el Gobierno sea un asunto de primera importancia. Seguimos festejando y regodeándonos con las remesas, pero se está perdiendo de vista el tamaño del problema, el cual está cerca de una crisis humanitaria.

No se ven estrategias por ahora distintas. Las acciones han sido reactivas y en ocasiones pasivas. Ya pasó con Trump y ahora, en algún sentido, sucede algo parecido con Biden. Presuponemos que ya se dieron cuenta que son dos personajes diametralmente diferentes.

Para el presidente de EU el tema es de primera importancia. Lo ha demostrado corriendo riesgos internos, los republicanos lo traen en la mira incluso exigiendo que no se deje de construir el muro.

Su interés es de tal magnitud que designó a la vicepresidenta Kamala Harris para que se ocupe del tema migratorio.

La determinación de Biden debiera tener una respuesta del Gobierno mexicano que vaya más allá del discurso con buenas intenciones y reconocimientos. Biden le pidió el viernes al Congreso invertir 861 mdd en Centroamérica para frenar la migración. Se  quiere con ello crear condiciones económicas que ofrezcan oportunidades laborales para millones de personas, lo cual pudiera inhibir la migración; “todos ustedes”, dijo Biden refiriéndose a los migrantes, “si algo tienen es valentía”.

El asunto no es sólo económico. Están violentos problemas políticos y sociales, persecuciones por parte de caciques, las maras y todo tipo de delincuencia.

Hemos dado cuenta de cómo muchos padres y madres les piden a sus hijos con profundo dolor que dejen sus lugares de origen por los riesgos bajo los cuales viven. Familias completas se ven obligadas a desplazarse haciendo de la migración una necesidad, una salida y una forma de sobrevivencia.

El estado de las cosas en la frontera es cada vez más grave. Conversando con integrantes de organizaciones sociales, albergues, representantes de Amnistía Internacional (AI) y el Alto Comisionado de la ONU para Refugiados (ACNUR) nos refieren la inminencia de una crisis mayor, no sólo por problemas de hacinamiento y de salud en los campamentos, sino también porque cada vez llegan más migrantes tratando de verse “beneficiados” con lo que suponen pueden ser las estrategias de Biden.

Juan Antonio del Monte, del Colef, nos dice que un problema más que enfrentan quienes se encuentran en El Chaparral, campamento improvisado en Tijuana pegado a la línea, es el hecho de que a diario los llenan de rumores e informaciones que provocan expectativas y esperanzas, “se crean estados de ánimo preocupantes, porque lo que se dice no tiene que ver con sus deseos y expectativas”.

La oficina de aduanas de EU reportó que en marzo se detuvo a más de 19 mil niños, rompiendo récords de detenciones; en mayo de 2019 fueron más de 11 mil. A este drama, hay que agregar que 507 menores no acompañados quedaron en custodia.

Siguiendo con los datos, no olvidemos que son personas, EU envió a México a 103 mil 900 migrantes de diversas nacionalidades también en el mes de marzo. De octubre a la fecha se ha enviado a México a 421 mil 442 migrantes procedentes de EU.

Cerremos con datos que muestran el estado de las cosas en nuestro país. La CNDH reportó en 2018, 705 quejas por abusos en contra de inmigrantes, en el 2019, 831, y en 2020, mil 274, y por si fuera poco están las ocho columnas de La Razón del sábado: “Auge en mercado ilegal de cruces a EU: coyotes los ofrecen desde 8 mil dls”.

No es exagerado hablar de la cercanía de una crisis humanitaria.

RESQUICIOS

El sector salud público debe ser el primero en vacunarse. Lo que no tiene sentido es colocar a los privados en el hagan fila y “esperen”. Están en primera fila y no todos viven bajo los privilegios que presume el Gobierno. Están en primera fila para millones de enfermos sin importar su padecimiento, con razón se sienten discriminados.


Javier Solórzano

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