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“La obstinación es el sucedáneo
más barato del carácter”

Hebbel.

Será poco más o poco menos de un año cuando Francisco Garfias publicaba una declaración, casi al oído, que el ex Presidente Peña Nieto le reveló: “Ningún chile les embona”… Y vinieron sendas críticas, una cascada de improperios, y con razón, a la intolerancia de Peña Nieto a los señalamientos y a la opinión pública que ya lo medía como uno de los peores mandatarios de la historia contemporánea.

Hace unos días, el Presidente López hizo algo mucho peor: demandó a los periodistas que aspiren a ser “los buenos periodistas de la historia”, repetir los cánones del periodismo militante del siglo XIX.

Francamente, creo que el Presidente ha perdido la razón.

Su visión maniquea conduce al país a una división que trasciende su propio tiempo de vida, las referencias que datan más de un siglo deben de analizarse en el mejor contexto, con todos los grises, con todos los bemoles, jamás apelando al maniqueísmo ni, mucho menos, a la demagogia.

Un estadista puede tener la sangre de caudillo pero, mucho más, debe mantener la mente fría, helada, gélida, para llevar sus “transformaciones” a la historia y no a un simple, frívolo y banal récord de conferencias de prensa.

Creo que el Presidente ha fallado, hasta el momento, a una gran parte de su electorado, pelearse con sus críticos demuestra la desesperación de quien mira una realidad que no se adapta a sus particulares circunstancias y deseos.

México está urgido de un Estadista, así con mayúsculas, y no de una mente pueril que le exige a los Reyes Magos los regalos de la carta que, por más que busca, no encuentra en ningún rincón de la casa.

Los mejores hombres de la historia se han reunido con quienes saben más que ellos, enterrando sus egos en un cementerio perdido, han apostado al aprendizaje sobre el ego.

Más información: http://bit.ly/314S1px

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