Acuerdo migratorio detiene la embestida de Trump

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La crisis bilateral provocada por Donald Trump hace una semana se solucionó en forma temporal con el anuncio de un acuerdo que, en esencia, no marca un gran cambio ni contiene casi nada nuevo, pero evita una guerra comercial unilateral rechazada no sólo por México sino por casi toda la cúpula política y económica de Estados Unidos.

“Me complace informarles que Estados Unidos de América ha logrado un acuerdo firmado con México. Las tarifas programadas para ser implementadas por EU el lunes contra México, son así suspendidas indefinidamente”, tuiteó a las 20:25 el presidente Trump, poco después de su regreso de Europa.PUBLICIDAD

Vía tuit, afirmó: “México, por su parte, ha acordado tomar medidas firmes para frenar la marea de migración por México, y hasta nuestra frontera sureña. Esto se está haciendo para reducir en gran medida, o eliminar, la inmigración ilegal llegando desde México y a Estados Unidos”.

Casi inmediatamente después, las cancillerías de ambos países emitieron una declaración conjunta en la cual se afirma que, ante la “emergencia humanitaria y la situación de seguridad prevalecientes” de la migración centroamericana, los gobiernos de México y Estados Unidos “trabajarán conjuntamente” para alcanzar una “solución duradera”.

El canciller Marcelo Ebrard, acompañado por la embajadora Martha Barcena, salió del Departamento de Estado donde se realizó la ronda final de la negociación durante 12 horas, y siete días después de iniciarse, con la finalidad de compartir el comunicado y comentar su significado.

El acuerdo consiste en cuatro puntos; el primero y más inmediato: un incremento significativo de parte de México de la aplicación de la ley con la finalidad de reducir el flujo migratorio, empezando con un despliegue más acelerado de la Guardia Nacional.

Ebrard detalló que se dará prioridad a los 11 municipios de la frontera sur, “de manera que este despliegue empezará el lunes y dentro de un programa nacional que ya estaba en curso”.

El segundo punto es ampliar el programa denominado Permanecer en México a toda la frontera donde los solicitantes de asilo que cruzan a Estados Unidos serán retornados “sin demora” a territorio mexicano; en México esperarán la resolución de sus casos por las autoridades estadunidenses.

Ebrard indicó que si las medidas del primer punto tienen éxito, “no esperaríamos que muchas más personas estarán en México esperando” la resolución de sus casos. Explicó que en el acuerdo no se fijaron cuotas específicas.

El tercer punto establece la disposición de ambos países para que si las medidas adoptadas no tienen los resultados esperados, continuarán pláticas sobre otras acciones posibles en un plazo de 90 días.

Finalmente, subrayó que Estados Unidos reiteró su compromiso con la iniciativa mexicana que tiene como propósito fomentar el desarrollo económico regional –en el sur de México y Centroamérica– para abordar las causas “a fondo” de la migración.

Ebrard resaltó que aunque los estadunidenses propusieron que México se convirtiera en tercer país seguro, eso “no está aquí (en el acuerdo), lo cual es muy importante”. Señaló que ante propuestas más “drásticas” que Washington promovió al inicio, la delegación mexicana logró que se alcanzara “un punto medio” y expresó: “Estamos satisfechos con el acuerdo”.

Como lo ha hecho en forma reiterada desde que fabricó la crisis bilateral, el jueves pasado, al amenazar con imponer aranceles a su vecino del sur si no frenaba por completo la inmigración “ilegal” desde Centroamérica, Donald Trump continuó jugando con México hasta el último momento, con un estire y afloja incesante acerca de si procedería o no con su amenaza, advirtiendo que aunque podría haber un acuerdo, deseaba usar su arma arancelaria.

Ayer, al comenzar su regreso a esta capital de su gira en Europa, desde el avión, de forma repentina, Trump envió mensajes optimistas sobre un posible acuerdo y recordó que su amenaza seguía vigente mientras las negociaciones bilaterales se realizaban durante todo el día en esta capital, manteniendo un tenso suspenso para las cúpulas políticas y económicas de ambos países.

“Si logramos un acuerdo con México, y hay una buena posibilidad de que eso será, ellos empezarán a comprar productos granjeros y agrícolas a niveles muy altos, empezando de inmediato”, escribió en un tuit ayer por la tarde en ruta a Washington, dando a entender que había avances y a la vez provocando consternación, porque de pronto y por primera vez no vinculó comercio con migración; de hecho, no mencionó a los inmigrantes.

Mientras tanto, no se sabía mucho de las negociaciones a lo largo del día en el Departamento de Estado, y en ese vacío surgieron especulaciones acerca de lo que estaba sucediendo y los escenarios que se perfilaban, inclusive la posibilidad de intensificar una de las crisis más graves en la relación bilateral en tiempos recientes.

El acuerdo evitó lo que se perfilaba como un conflicto mayor con el Congreso y alivió lo que se convirtió en una inusual confrontación pública entre legisladores republicanos y su presidente, así como un creciente coro de oposición de diversos sectores empresariales y financieros que advertían de las consecuencias dañinas de los aranceles no sólo contra el país vecino, sino sobre Estados Unidos.

Sin embargo, nadie cree, al iniciar el ciclo electoral 2020, que se ha superado el uso del tema migratorio por Trump y que seguramente no será la última “negociación”.

En un tema no relacionado, Trump difundió otro tuit sobre sus visiones del universo. Afirmó que la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) ya no debería hablar de regresar a la Luna, ya que “hicimos eso hace 50 años. Deberían estar enfocados en las cosas mucho más grandes que estamos haciendo, incluyendo Marte (del cual la Luna es una parte), defensa y ciencia”. Ese es el presidente con quien el gobierno mexicano, entre otros, tendrá que negociar en el futuro. La Jornada

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