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Sobre la federalización de la salud

OPINION

Gustavo Leal F.*

08 de junio de 2024 00:01

¿Cuál es el saldo comunicativo después de años de Pulsos de la salud en igual número de conferencias matutinas? Es claro que se ha ampliado oportunamente la oferta asistencial médico-clínica a población sin seguridad social bajo el nuevo organismo público descentralizado IMSS-Bienestar. En cada Pulso se exhiben cuadros, gráficas, estadísticas y videos que documentan esa ampliación. Se trata de un inventario numérico orientado a confirmarla en materia de la suficiencia médico-hospitalaria; abasto de recursos: humanos, medicamentos, infraestructura y equipo.

Sin embargo, hasta ahora, el inventario no se ha ocupado de las dificultades “normales” que rodean las condiciones humanitarias en que se presta el servicio. ¿Cuáles son los avances en esta materia? ¿Existen encuestas que también documenten aquello que la población usuaria ha ganado para sí en confianza y satisfacción con el servicio recibido? Porque, sin atender este hueco, el paisaje de la oportuna ampliación está incompleto. Además de los miles de consultas, cirugías y partos atendidos, falta documentar la calidad de la atención médica que, hasta ahora, no se percibe.

El doctor Ruy Pérez Tamayo gustaba de comentar que “el trato humanitario de los pacientes forma parte de la ética médica. Se trata de que los médicos practiquen el bien, que sean benignos y caritativos, o que en vez de humanistas sean humanitarios” (“Humanismo y medicina”, Gaceta Médica de México, 2013;149:349-53). No es sólo con cifras, cantidades, estadísticas y números como se capta la calidad humana del servicio prestado por el equipo de salud. ¿Cuáles son las actuales estrategias destinadas al maltrato y la mala atención?

Entre 2010-2015 se reportaron 14 mil 225 quejas médicas y las negligencias incrementaron su incidencia (CNDH, 2019, Estudio sobre el comportamiento de las quejas médicas a las que se presume violaciones de los derechos humanos. Informe final). La cifra pudiera estar lejana de la ocurrencia real, pues la Conamed –según los quejosos– no suele conducirlas a buen término. El IMSS contribuye con números superiores a 40 por ciento.

Hasta ahora, la oportuna ampliación de la oferta asistencial médico-clínica en que se centran los pulsos no ha destinado espacio más que al cumplimiento del encargo presidencial con cifras que rondan invariablemente 90 por ciento y sin registrar intervenciones que también suceden y no se abordan.

El enriquecimiento de la oferta curativo-asistencial debería también acompañarse del segunda componente del MAIS: la acción comunitaria, que emblematizó al programa originario IMSS-Bienestar y que en la actual operación del OPD IMSS-Bienestar viene funcionando –más bien– como una neoacción comunitaria. Sucede que la tarea de constituir los comités de salud se decreta solicitando a las comunidades que firmen actas de comités constituidos cuando, en realidad, a las personas no se les ha capacitado lo suficiente como para conocer sus responsabilidades.

Así que el cambio de políticas que ha sentado el enriquecimiento de la oferta curativo-asistencial todavía no se traduce en un cambio de modelo y régimen sanitario. Es una tarea pendiente que requiere ajustar el Modelo de Atención a la Salud para el Bienestar, MAS-Bienestar (DOF, octubre 2022), documento híbrido y ecléctico que suma diversos ingredientes –más del salubrismo clásico y la salud colectiva que de la estricta atención primaria de la salud–- al universo de atención que cubre el OPD IMSS-Bienestar con poblaciones rurales dispersas, semiurbanas y urbanas.

El cambio de régimen sanitario no puede quedarse en el inventario del oportuno enriquecimiento de la oferta curativo-asistencial. Debe aplicar enfáticamente la atención primaria de la salud, trabajar con las comunidades y sus recursos locales para crear salud con la obligada participación social y alcanzar así menos enfermedad.

Claro que siempre se requerirá la oferta curativo-asistencial, pero también siempre hay que equilibrarla con la prevención (atención prioritaria de la salud): esa es la misión maestra de toda política en la materia. La prevención intramuros (consultorio, clínica u hospital), tendrá un impacto necesario sólo si se acompaña de un cambio en el modelo de atención a la salud como auténtico régimen de atención prioritaria.

El organismo público descentralizado IMSS-Bienestar, sobre el que reposa el proceso de federalización en curso, puede evitar –como ocurrió con el programa IMSS-Bienestar originario (1978)– que se diluya la acción comunitaria en que se funda la atención prioritaria de la salud y por tanto que, al enfermar, acudan a consulta médica, olvidando así lo comunitario, la prevención, la promoción y educación para el autocuidado.

En suma: la atención prioritaria de la salud. Claudia Sheinbaum tiene ahora la palabra.

*UAM-X

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