De la corriente democrática a la “4-T” (1997-2021)

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Hagamos un poco de historia reciente; López Obrador pretende presentar su gobierno como culminación de una larga lucha por los ideales que él representa (o dice representar, que no necesariamente es lo mismo). De hecho, al bautizar su movimiento como “Cuarta Transformación”, implica ser el legado y complementación de las tres gestas históricas del país (o al menos las más notables). Por eso se dice heredero (y émulo) de Hidalgo, Juárez, Madero y Cárdenas. Pero también AMLO ha proclamado su gobierno como culminación de muchos otros movimientos que, cuando ocurrieron, él no tenía vela en el entierro, o incluso estaba en el PRI, enemigo principal de tales movimientos. Ha dicho que su gobierno es culminación del ’68 y el ’71 (en los que no participó, y pese a los cuales se integró al PRI), pero también de los movimientos armados de inspiración marxista, como lo fue el de Lucio Cabañas. Lo dijo recientemente; su proyecto es la coronación de aquél movimiento.

Lo que sí podría decirse con más precisión, es que su gobierno es heredero de la Corriente Democrática que rompió con el PRI en 1987, postuló la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, y la fundó el PRD en 1989. La Corriente Democrática surgió entre priistas que ya poco futuro tenían en su partido, pero también indiscutiblemente como reacción al giro de la política económica neoliberal (que sustituía al agotado nacionalismo- revolucionario).

López Obrador en los años 80, cuando militaba en el PRI

Se puede asegurar que López Obrador comulgaba con esa visión de Cárdenas y Muñoz Ledo, pero como muchos priistas que también tenían esa óptica, no abandonaron el PRI mientras tuvieran futuro ahí. En cambio, la ruptura implicaba riesgos de marginación política. López Obrador trabajaba en el gobierno del inaugurador del neoliberalismo, no condenó por tanto fraudes como el de Chihuahua de 1986 (que hace poco recordó en Chihuahua), o el de ’88 (probablemente por eso no tiene ningún problema en tener a Manuel Bartlett en su primer círculo). Pero tampoco eso determinó su salida del PRI corrupto, tramposo y fraudulento. Buscó todavía ser candidato tricolor para Tabasco por el PRI. Al no lograrlo, entonces sí aceptó la invitación que se le hizo para irse al embrionario PRD. Su discurso entonces sí se tornó agresivamente anti-priista, como suele suceder con los saltimbanquis de conveniencia.

De ahí que se puede afirmar que su propia corriente interna, el obradorismo, tiene raíces en el PRD y lo que representó. Y si abandonó ese partido en 2012 fue porque no lo controlaba por completo (siempre tuvo rivalidad con otras tribus con gran influencia, como los Chuchos), y por tanto, tras su derrota de ese año, ya no tenía la garantía de ser candidato de nuevo en 2018. Su programa económico era semejante al del PRD; nacionalista-revolucionario y por tanto antineoliberal. Pero en materia política el proyecto de la Corriente Democrática y el posterior PRD tenían como propósito terminar con el presidencialismo autoritario, la hegemonía partidista, la concentración excesiva del poder, la subordinación del Legislativo y Judicial al Ejecutivo, el abuso de poder.

Por lo cual ese naciente PRD se centró en promover fuertemente las reformas que apuntaban a poner contrapesos al Ejecutivo, dando autonomía a ciertas instituciones y creando otras nuevas, y reduciendo la sobre-representación del partido mayoritario. Apoyó las reformas electorales de 1994 y 1996 que dieron mayor autonomía al IFE, separándolo del gobierno, así como la creación de otras instituciones como el IFAI, el INEGI y el IFETEL. Justo lo que ahora quiere controlar o desaparecer López Obrador. Es decir, si bien su gobierno es heredero de la ruptura de 1987 y la fundación del PRD, sólo comparte su ideario económico, porque el político simplemente lo hizo a un lado, con vistas a retornar justo lo que la Corriente Democrática buscaba superar.

José Antonio Crespo

cres5501@hotmail.com

Investigador del CIDE

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