Frivolidad en la política y en el servicio público

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Buscar a personas que son conocidas y populares porque han destacado en la profesión del espectáculo en la que comenzaron, para ahora interesarlos a iniciarse en la política ofreciéndoles candidaturas de elección popular, no es nuevo en los partidos políticos, toda vez que desde hace tiempo se da este fenómeno cada que se aproximan procesos electorales federales y estatales; pero éste ahora se está reproduciendo y multiplicando de manera exponencial.

En efecto, en los años recientes se ha puesto más de moda postular como candidatos a gente del espectáculo y ahora hasta de quienes venden los servicios de su cuerpo. Es el afán de los partidos de ganar espacios en los poderes públicos, sobre todo en los legislativos y ejecutivos a como dé lugar, sin importar si real y abiertamente es su deseo incursionar en el terreno de la política y del servicio público, pero sobre todo si están preparados para ejercer los cargos a los que se les postula, con lo cual los propios partidos políticos propician que se lleven entre los pies a las instituciones y se degrade a la política y al servicio público. No porque lo hagan conscientemente estas personas, sino por su falta de formación política y destreza para el ejercicio de esas fundamentales actividades, así como por su carencia de una visión integral de país, con todo lo que esta implica.

En ese sentido ningún partido se salva, todos han andado con su GPS tras candidatos del espectáculo, para lo que tienen en la mira cinco objetivos a alcanzar a través del voto: presencia ante la ciudadanía; presencia, voz y voto en las cámaras legislativas; presencia y decisión de gobierno en el cargo administrativo de elección popular; conservar el registro, y asegurar la mayor parte de prerrogativas.

De esta manera, considero que los partidos políticos se autodegradan y contribuyen a desgastar a la política, así como al servicio público, arrastrando estas segmentos públicos a la superficialidad; además de dar muestras de sus debilidades al reflejar sus carencias de no contar con suficientes liderazgos atractivos políticamente para la gente y, lo malo, es que de los pocos con los que cuentan, a algunos los sacrifican para seleccionar a dichos perfiles de diversas especialidades del entretenimiento como candidatos. No quisiéramos verlo así, pero pareciera que el interés y forcejeo por parte de los partidos políticos para atraer a estos perfiles del espectáculo, además de hacerlo por la sobrevivencia de algunos de ellos, solo se centra en la lucha por el poder político-económico.

Por eso, entre otros asuntos más, tristemente se ha acuñado toda una fraseología denigrante alrededor de los políticos y de la política, e incluso del servicio público, como la que se deriva de aquella conocida expresión atribuida al filósofo Diógenes de Sínope, de la escuela cínica de la antigua Grecia, que sentencia: “Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”[1], y que por el deterioro a que ha llegado la figura del político y de la política, el ingenio popular ha hecho una parodia llevada al campo de la praxis política para denostarlos, por lo que es común escuchar entre la gente decir: “Entre más conozco a los políticos, más quiero a mi perro”. U otra que también es voz popular, que indica: “Nunca le creas a los políticos”. Queramos o no, toda esta verbosidad negativa, también abona al desprestigio y detrimento de los partidos, de la política, de sus actores y, finalmente, del servicio público.

Para regresar a nuestro tema, muchas veces, cuando se postula a candidatos del espectáculo, la gente dice, equivocadamente, que “por lo menos no son políticos”, con lo cual dan a entender que son rostros nuevos y que no tienen ni traen los vicios de los políticos, lo cual no es ninguna garantía de que no se lleguen a practicar. Me parece que erradamente se hacen estas manifestaciones, toda vez de que no se trata de que ocupe un cargo público cualquier persona, aunque no esté preparada para desempeñarlo, ya que lo más seguro es que fracase en el mismo, sino porque necesariamente se requiere de personas con conocimiento y experiencia política, y en el servicio público; hábiles para el manejo inteligente de la res publica. En suma, a profesionales de la política y, eso sí, lo más deseable, es que lo sean con la mayor dosis de raigambre ético.

De la misma manera como se exige en cualquier otro ramo, como en el que ellos se forjaron, para poder hacerlo bien. Me atrevo a pensar que nunca veremos en una competencia profesional deportiva, del espectáculo, del arte y de otros renglones más, a quienes no se han dedicado a esa profesión, porque no son especialistas y profesionales en esas actividades; como también difícilmente veremos a un político entrar en estas zonas. En esos otros campos no andan a la caza de gente dedicada a otras diligencias para que ingresen en esos círculos.

Y no es que nos quisiéramos oponer a que personas que han dedicado su vida a profesionalizarse en otros ramos distintos a la política activa y al servicio público, no deban hacerlo. No, definitivamente no, porque es un derecho constitucional el que tenemos todos los ciudadanos mexicanos, el que podemos ejercer en cualquier momento de nuestra vida, de acuerdo con los calendarios electorales, pues la Constitución General de la República, así como las constituciones estaduales, establecen como un derecho-obligación ejercer el voto y también, en esa misma igualdad jurídica, el derecho a ser votados. Para decirlo con otras palabras: la libertad y el derecho a aspirar y ser elegidos para ocupar un cargo de elección popular.

Foto: Vicente Fernández Jr. (Getty Images)

La ley fundamental del país así lo dice en lo general en el artículo 35 fracción I, y en especial en las fracciones VIII sobre consultas populares, así como en la IX, en lo tocante a participar en la de revocación de mandato y, como una obligación, con lo cual se cierra el círculo virtuoso, en el 36 fracción III, votar en dichos procesos. Además, fija el derecho a ser votado en el indicado numeral 35 fracción II. Y esto quiere decir, insisto, que todos tenemos derecho a buscar cargos de elección popular en los tres niveles de gobierno, ya sea a través de un partido político, o bien, como candidatos independientes.

Para mayor fidelidad de los contenidos de los mencionados preceptos y sólo por citar a la de rango federal, la Carta Magna de la Nación expresamente establece lo siguiente:

“Artículo 35. Son derechos de la ciudadanía:

“I. Votar en las elecciones populares;

“VIII. Votar en las consultas populares sobre temas de trascendencia nacional o regional ….

“IX. Participar en los procesos de revocación de mandato.

“Artículo 36. Son obligaciones del ciudadano de la República:

“III. Votar en las elecciones, las consultas populares y los procesos de revocación de mandato, en los términos que señale la ley;

“Artículo 35. Son derechos de la ciudadanía:

“II. Poder ser votada en condiciones de paridad para todos los cargos de elección popular, teniendo las calidades que establezca la ley. El derecho de solicitar el registro de candidatos y candidatas ante la autoridad electoral corresponde a los partidos políticos, así como a los ciudadanos y las ciudadanas que soliciten su registro de manera independiente y cumplan con los requisitos, condiciones y términos que determine la legislación.

Pero, además, dicho sea de paso, no es que queramos o no votar. Es una obligación hacerlo si no queremos ser sancionados, porque, aunque hay quienes afirman erróneamente que no existe sanción para quienes no votan, claro que se prevén sanciones. La Constitución General de la República tajantemente establece una suspensión de derechos y prerrogativas a quienes no cumplan con sus obligaciones ciudadanas. Una cosa distinta es que en la práctica no se haga. Veamos el texto para mayor fidelidad.

“Artículo 38. Los derechos o prerrogativas de los ciudadanos se suspenden:

“I. Por falta de cumplimiento, sin causa justificada, de cualquiera de las obligaciones que impone el artículo 36. Esta suspensión durará un año y se impondrán además de las otras penas que por el mismo hecho señalare la ley”, y en párrafo in fine del artículo, apunta que “La ley fijará los casos en que se pierden, y los demás en que se suspenden los derechos de ciudadano, y la manera de hacer la rehabilitación”.

Y entre las obligaciones de los ciudadanos está votar, en la fracción III del artículo 36.

“Artículo 36. Son obligaciones del ciudadano de la República:

“III. Votar en las elecciones, las consultas populares y los procesos de revocación de mandato, en los términos que señale la ley”.

 

RESPONSABILIDAD Y ENTREGA

Así es que todos tenemos el derecho legítimo y legal a ser electos para ocupar un cargo público; pero considero que lo debemos hacer, si verdaderamente estamos convencidos de que estamos debidamente preparados para ejercerlo y si este es nuestro deseo, voluntad y aspiración, para servir y desempeñarlo con la convicción, responsabilidad y entrega profesional que exige éste, y no tanto porque nos hablen bonito al oído para procurarlo. El país, los niveles de gobierno y los poderes públicos que los componen no son un juego, entretenimiento, distracción o pasatiempo. Por el contrario, exigen la mayor de las responsabilidades y entrega.

Sólo como una nota aclaratoria: vale mencionar, con la verdad de perogrullo, que entre esas cualidades, requisitos y condiciones de que habla la Ley Suprema de la República, obviamente no señala que una persona que se haya dedicado o esté ejerciendo su profesión del espectáculo, como de ninguna otra, no tenga derecho a procurar un cargo de elección popular. Pero ese no es el tema central, sino que, aun estando ajenos a ello, ya sea porque estén en retiro o todavía en ejercicio de su profesión, los partidos políticos los busquen para convencerlos de que acepten candidaturas sólo con el fin de atraer preferencias electorales, para explotar su fama pública. Y, el colmo, incluso se han dado casos que han caído en el mercantilismo puro, pues hasta los compran con tal de que acepten la candidatura siglada por el partido respectivo. Aunque suene muy rudo, pero es la cruda realidad, tratándolos de esta manera como mercancía. Por momentos hasta pareciera que los partidos políticos entran en competencia para enamorar al mayor número de personas de estos perfiles, entusiasmándolos para estos efectos electorales.

De ahí que hoy, como hemos dicho, anden en el radar de estos institutos políticos, personajes del entretenimiento y la distracción no sólo de jóvenes y adultos, sino incluso de quienes se dedican a la diversión de niños; de quienes tienen que ver con temas religiosos; del deporte; de comentaristas, e incluso han puesto sus ojos en personalidades de la pasarela del modelaje y de la belleza. Pero sólo porque son muy conocidos y populares, y no tanto por otras cualidades y razones de mayor peso que las pueden hacer valer. Y no se diga en familiares de políticos, aunque a veces no estén dedicados a la política, con tal de aprovechar y explotar el apellido.

A los partidos políticos lo que les interesa e importa es aprovechar en su beneficio a este prototipo de candidatos que son conocidos por la gente y que cuentan con cierta popularidad por la profesión a la que se han dedicado, y no tanto por honrar a la política y al servicio público. Es aprovechar a este tipo de personas para ganar posiciones públicas, ya que en esto miden su fuerza y fortaleza, así como para obtener una mayor votación a su costa por una razón de vida o muerte política, para no poner en riesgo su registro como partido político, pero sin pensar que con esto contribuyen a flacidizar a la política y el servicio público. Digámoslo de otra forma: lo hacen algunos partidos políticos medianos y chicos (sobre todo los nuevos) por razones de sobrevivencia, y los grandes para ganar más terreno político. Pero eso sí, a ninguno escapa la perspectiva económica: unos para sobrevivir, y otros para vivir mejor y en confort en su quehacer político. Esto es: para lograr un mayor financiamiento público, ya que éste se mide y se otorga basado en el porcentaje de votación que obtengan en la elección de diputados.

Por esto mismo también hay alejamiento y deserciones de los partidos cuando ya tienen asegurado el cargo público, con lo que esas organizaciones políticas contribuyen al brincoteo de partido en partido o, en el mejor de los casos, a declararse independientes. ¿Pero cómo se les puede exigir lealtad a las insignias del partido político que los postuló al cargo público si no tienen identidad política, ideológica ni compromiso convencido con él? Tampoco hay convicción para el ejercicio del servicio público, porque la mayor parte de su vida se han dedicado a otras actividades. Y no la tienen porque, en estricto sentido, no ha sido lo suyo; esto es, no corres por sus venas la política ni la vocación por el servicio público.

En todo caso, si verdaderamente estos personajes ya se cansaron de su profesión habitual del espectáculo o ya no tienen futuro en ella y están en el ocaso de la misma, y ahora, fuera de oportunismos, se les está despertando la inquietud por la política, está bien y deben ser bienvenidos al gremio. Pero eso sí, siempre y cuando realmente estén convencidos de ello y que previamente y con tiempo suficiente se preparen para ejercerla con maestría, sobre todo en el servicio público, y no de botepronto y sin trabajo en esta esfera, para entregarse en cuerpo y alma a la misma, tal y como lo hacían en su profesión primaria. Esto es, que estén dispuestos realmente a abandonar su profesión, y no que simplemente lo tomen como un pasatiempo, distracción o día de campo, como si fuese una especie de periodo sabático, para después regresar a la profesión que los vio nacer, que los aprisiona y apasiona, y no porque los enamoraron, como rezan los dichos populares, “hablándoles bonito al oído” y caigan en el “canto de la sirena”, para que abandonen por un tiempo su profesión e irrumpan en la política. Deben meditarlo bien. Y es una cosa o la otra.

Ahora bien, consideramos que si deveras fuera por vocación innata, probablemente hubieran hecho trabajo político desde tiempo atrás, procurando el acrónimo de los partidos políticos, o quizá lo estarían haciendo por la vía independiente, como algunos otros ciudadanos lo hacen. Me atrevo a pensar que los partidos se van por el lado del camino fácil de la superficialidad política, con el fichaje a su favor de las personalidades del espectáculo.

Y es que los partidos políticos no crean cuadros profesionales para que cuando llegan los tiempos electorales ya cuenten con activos pensantes, liderazgos y operadores presentables que tengan trayectoria política profesional para el servicio público, sobre todo de quienes van encaminados al Poder Legislativo, toda vez que, por su naturaleza y esencia, ahí es donde, con toda la responsabilidad que la función amerita y exige, debe modelarse y remodelarse responsablemente al país. De ahí que, al abandonar esta misión de escuelas de la formación política, haya escasez de pensadores y líderes políticos; es decir, de políticos intelectuales y políticos profesionales que hagan de la política una profesión seria, responsable y comprometida con la nación, para formular un modelo de país de largo plazo. En la real politik, pareciera que lo que solo interesa, es la búsqueda del poder político. Y por eso mismo, también se tienen que refugiar en la fama de los actores del espectáculo, distrayéndolos del ejercicio de su profesión original, o del disfrute de su retiro de ésta, para candidatearlos a los cargos públicos.

Rogelio Morales/Cuartoscuro

“MI PRIMERA PIEL”

 

Quiero traer a este propósito un caso que, de hacerse realidad, se constituiría en un caso político atípico nunca antes visto en México ni en el mundo, pues hay incluso hasta quien ha declarado que se presentará a hacer campaña y que, de ganar la elección, ejercerá el cargo público al que lo están postulando, con parte del atuendo de la profesión del espectáculo a la que se dedica, toda vez que éste es sagrado para él. Se trata de Blue Demon Jr., quien aspira a la alcaldía de Gustavo A. Madero (GAM), en la Ciudad de México, por el nuevo partido Redes Sociales Progresistas (RSP).[2]

Vamos a ver por qué se podría convertir en un tema singular, aunque controvertible de llegar a concretarse. Pero hagámoslo con la literalidad de sus palabras haciendo la reproducción fiel de las mismas, según las entrecomilló el medio de comunicación que le realizó la entrevista, por considerarse un caso único y peculiar en un proceso electoral y en el servicio público de llegar a materializarse.

Blue Demon Jr. expresó: “Esta máscara es mi primera piel. Con ella duro más horas que sin ella. La cara no te dice nada, las acciones es lo que van a hablar y representar. Nadie se acuerda de los políticos corruptos que le han hecho daño a los ciudadanos.

“Soy un servidor público desde el momento en que me paro en una arena a entretener a las personas y salen satisfechas con lo que hago. Hago mi trabajo con amor, y en esta ocasión me convertiría en un servidor público social porque ayudaré a que los ciudadanos de la GAM estén bien”.

“Las máscaras sólo se pueden perder en un cuadrilátero, así como un boxeador con un título mundial. Estamos buscando protecciones para mi identidad; me protege la ley, no violo ninguna regla”.

“Aunque gane las elecciones, no pretendo retirarme porque mi entrada principal económica es la lucha libre, no busco un puesto para enriquecerme u obtener fama. Puedo entrenar todas las mañanas y luchar el fin de semana al terminar mis labores”.

Quien realizó la entrevista, interpretando las palabras que manifestó el luchador profesional, agregó en su artículo el siguiente texto: “(…) No existe impedimento en la ley que lo obligue a revelar su rostro y nombre a la ciudadanía, sólo a las autoridades electorales al momento de inscribirse como candidato”, y que “cree que portar la mascará le jugará a favor al momento de gobernar ya que, si los ciudadanos no conocen su rostro, podría a hacer trabajo de campo sin generar caos para comprobar las quejas a su mandato”.

También para redondear su entrevista, el medio de comunicación acudió a Karolina Gilas para conocer su opinión, quien le dijo que “en la ley no hay un impedimento para que Blue Demon Jr. sea candidato y gobierne sin revelar su rostro a la ciudadanía, aunque sí está obligado a dar a conocer su nombre”.[3]

Al respecto, entre otras cosas, creo que hay que hacer las siguientes consideraciones: Blue Demon Jr. dice que ya de por sí es un servidor público, y reconoce que no tiene experiencia; pero algo más que genera sorpresa es que expresa que así, con parte de su vestimenta acostumbradas en la lucha libre, va a gobernar. No, son dos asuntos diametralmente distintos. Él sirve al divertir a la gente, pero el servicio público no es deporte, distracción o pasatiempo: es totalmente diferente. Además, ¿cómo se va a ejercer un servicio público con máscara? ¿A ese grado hemos llegado de querer tener como representantes públicos en el gobierno a gente encapuchada del espectáculo?

Es legítimo y legal tener este tipo de aspiraciones, pero no de esta forma. Si es algo sagrado tener un vestuario de la profesión que se ejerce, es correcto; pero estimo que no hay que llegar al extremo de querer representar al pueblo y a las instituciones públicas con la vestidura habitual del espectáculo que practican. ¿Pero qué necesidad? Así, en ese exceso extremado no tardaremos en ver a legisladores, gobernadores y presidentes de la República encapuchados en sus aposentos y actividades cotidianas públicas; en sus presentaciones en eventos oficiales y, en la esfera internacional, recibiendo enmascarados y disfrazados con los atuendos usuales de las profesiones del espectáculo al que se dedican, a diplomáticos, a jefes de Estado y de Gobierno, a primeros ministros y a los titulares y representantes de los organismos internacionales que nos visiten. Imaginemos el espectáculo internacional que daríamos. Seríamos “el hazmerreír”, como señala el proverbio popular. Por eso luego no nos toman en serio y a veces nos pintan como un pueblo globero y bicicletero. Y cuando esos representantes nuestros hagan visitas oficiales a otros países, ¿también así se van a presentar?; ¿y así los irán a recibir las autoridades de otros países?

Cuartoscuro

De ser el caso, imaginémonos entonces: ¿con quién se va a tratar? Con alguien a quien no se conoce; que no se sabe quién es; con un incógnito, con alguien que no tiene rostro, nombre ni apellidos, de no ser el del espectáculo. ¿Con qué autoridad pública estaríamos tratando?, ¿con la del nombre del espectáculo? ¿Qué seriedad y certeza se puede tener, tratar, acordar, convenir y contratar con alguien sentado en el cargo público así? Y en los supuestos de incumplimientos, faltas y violaciones a la norma, ¿a quién se le va a exigir, acusar, a demandar o a enjuiciar, si no se sabe quién es y de quien se trata, de no ser sólo el nombre del espectáculo que ejerce? Perdón, eh: simple y sencillamente es algo no sólo kafkiano, sino, por lo inverosímil, para Ripley y para los récords Guinness.

¿Qué validez y certeza jurídica y oficial se pueden tener de compromisos jurídicos, oficiales y diplomáticos? ¡Ufff! Perdón por el vocablo coloquial, pero qué chamba tan complicada se vendría para el Poder Judicial ya que quizá llegaría hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Como para que le vayan pensando si esto llega a suceder, y, llegado el caso, incluso hasta de los organismos internacionales.

Así como vamos, al rato vamos a tener en los congresos, en la Presidencia, en los gobiernos estatales y en los municipios, a legisladores, presidentes, gobernadores, presidentes municipales o alcaldes del espectáculo, “de caricatura”. Pero como a veces se dice popularmente: “No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”.

Por otro lado, la Constitución y la normativa que se deriva de ella en lo específico, señala que para ser ciudadano se deben cumplir con determinados requisitos y para ser votado también hay que cumplir con ciertos requisitos.

“Artículo 36. Son obligaciones del ciudadano de la República:

“I. (…) inscribirse en el Registro Nacional de Ciudadanos, en los términos que determinen las leyes.

“La organización y el funcionamiento permanente del Registro Nacional de Ciudadanos y la expedición del documento que acredite la ciudadanía mexicana son servicios de interés público, y por tanto, responsabilidad que corresponde al Estado y a los ciudadanos en los términos que determinen las leyes”.

Y si no se revela su identidad y está encubierto con una máscara, ¿cómo vamos a saber si incluso es ciudadano mexicano o no, y si no se encuentra en los supuestos de la suspensión de la ciudadanía que señala el artículo 36 constitucional, además de las que se establecen en las leyes respectivas?

No se puede reconocer a alguien que no tenga nombre y apellidos plenamente identificables de acuerdo con su acta de nacimiento y de sus credenciales oficiales, entre ellas la de elector con los datos que lo identifiquen —entre otros, su fotografía. La norma no acepta ni reconoce nombres o sobrenombres de la profesión a la que se dedican, y menos con máscaras que cubran parte o el rostro completo.

Para empezar, para votar y ser votados se requiere lo anterior, y Blue Demon Jr. no tiene acta de nacimiento oficial ni credencial de elector con ese nombre y eon el rostro cubierto, como tampoco, seguramente, en la Clave Unica de Registro de Población (CURP), que es el documento oficial de identidad personal; en el Registro Federal de Contribuyentes (RFC); en la licencia para conducir, ni en el pasaporte, en caso de que lo tenga, que son documentos oficiales de identidad e identificación.

Para efectos de procesos electorales, Blue Demon Jr., como ciudadano mexicano, necesariamente debe tener credencial de elector y obligadamente con fotografía de su rostro físico real, y con más razón para ser votado, y no con el nombre del espectáculo de la profesión a la que se dedica. Si no, no puede ser votado ni votar. O, entonces, cabe otra pregunta: ¿las autoridades ya van a permitir que al hacer todos estos trámites de documentos oficiales, ya se haga con sobrenombres, del espectáculo o no, y con máscaras? Lo de menos es mencionar y hasta acreditar que se practica una de estas profesiones como amateur o profesional, con honorarios o sin ellos. Que nos lo digan abiertamente.

Por razones normativas, no creo que Blue Demon Jr. tenga credencial de elector con ese nombre y fotografía, con máscara de luchador. Entonces, ¿cómo va a competir y aparecer en las boletas? ¿Con su nombre y máscara de luchador?; esto es: ¿con nombre distinto y con una capucha que no existe en ningún registro oficial ni en la credencial de elector, de no ser en los registros del deporte que practica? Porque esto revela incógnita: es decir, a una persona ciudadana sin nombre ni apellidos ni rostro.

Aún más: ¿cómo vamos a saber si no es que hasta incluso se sustituya permanentemente, o en ocasiones, por otra, a la persona que realmente ganó la elección y, en su momento, que esté ejerciendo el cargo público, si siempre lo va a hacer tapado el rostro con una máscara? ¿No podemos descartar esta hipótesis, o quién nos lo va a asegurar que no se daría este supuesto, y por qué debemos creerlo? Esto no es descartable por el grado al que estamos llegando en los partidos políticos y en la política. No podemos negar que esto, en lugar de dar certidumbre y confianza en la política y en el servicio público (que de suyo la debe tener), genera incertidumbre de todo tipo, falta de credibilidad y desconfianza. Y así como éstas, surgen muchas otras preguntas más.

Y para rematar, como si lo anterior fuera poco, y aunque en otra latitud, lo traigo aquí sólo para mostrar que, como se dice en el argot popular, “en todos lados se cuecen habas”, otro caso que anda circulando, por lo menos en el WhatsApp, a través de un video promocional muy singular, de una candidata sexoservidora en el Perú, en el que a su vez promociona a otra persona al dar el nombre de las dos, en el que pide el apoyo ciudadano para llegar al Congreso de su país. Creo que no es malo que en el 2018 haya sido candidata y ahora nuevamente lo sea, pero lo que sí considero inapropiado es el lenguaje y los términos en que se hace, porque no engrandecen a la política, al servicio público ni a las instituciones. Vuelvo a lo dicho en párrafos anteriores: ¿pero qué necesidad? Creo que no es necesario hacer este tipo de manifestaciones con ese vocabulario pues, de entrada, se dan muestras a la gente de que no hay proyecto ni plan ni programa de trabajo, al tomar exclusivamente como tarjeta de presentación y bandera, como se dice de manera coloquial, que “se dedican a la vida alegre” y, de paso, rebajando al Congreso a un burdel.[4]

Voy a recoger y transcribir el texto completo que la candidata expresa de viva voz en su video de presentación promocional; desde luego, lo hago con todo el debido respeto para las trabajadoras del sexo, sólo con el propósito de cuidar escrupulosamente la literalidad del mismo: “Soy Angela Villón Bustamante. Voy con el número 19 del Frente Amplio.[5] Soy la representante de las trabajadoras sexuales y estamos apostando por tener una representación en el Congreso, por una justicia e inclusión para todos, incluyéndonos a nosotras. Así es que les invito a votar por Verónica Mendoza y por mí. Voy por el número 19, Ángela Villón. Una puta decente que hará del Congreso un burdel respetable”.

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Si lo son, pues está bien, porque ese es el oficio o profesión (no académica, desde luego), que eligieron, al margen de las circunstancias que las orilló o motivó, muchas veces con muy tristes experiencias de vida ya que es el trabajo físico al que se dedican, que incluso puede llegar a ser artístico o artesanal [6] en sus formas, disfrute y goce; y no lo digo en perjuicio del arte en su esencia y excelsitud, pues esto definitivamente sería impensable y aberrante.

Pero considero que es preferible que no lo digan en su propaganda política proselitista, con la que se presentan a la gente, ya que estimo que deben ser más cuidadosas, y además porque la ve y escucha la gente de todas las edades. Que no sea esa su carta de presentación y bandera ante el electorado para ser candidatas y buscar el voto, y menos expresar que van a prostituir al Congreso. Imaginémonos, nada más, que en el Congreso, en lugar de legislar y cumplir con todos sus actos protocolarios que les mandata la Constitución y el pueblo como electores de sus integrantes, se prestan y dedican también a la prostitución. En la política como en el servicio público, al igual que en otros renglones, las formas cuentan —y mucho.

Aclaro: no lo hago de ninguna manera en desdoro de la respetable señora candidata, ni tampoco por su legítima y legal aspiración política (tiene todo el derecho para ello), sino sólo de algunas de las expresiones que se emplean en su video de presentación ante la sociedad. Mi respeto absoluto para todas las preferencias lícitas de vida de las personas.

La política y el servicio público deben ser asuntos serios, profesionales y objeto de la más alta responsabilidad, porque lo que se pone en juego son los destinos de un país y la suerte de generaciones. Los partidos políticos no deben pensar y actuar sólo en función de la inmediatez de las elecciones que tienen enfrente, sino en la mejor inversión y construcción del piso firme que merecen las nuevas generaciones para desarrollarse en mejores condiciones de vida. Tener la sublime convicción de servir, y servir bien, para hacer, así de simple, buenos gobiernos, porque lo que está de por medio es el país. Y esto no es un tema menor. Por eso, los partidos políticos no deben contribuir a propiciar la frivolidad en la política y en el servicio público. Por el contrario, deben favorecer a enaltecer y profesionalizar a estas dos áreas de la cosa pública.

La democracia, por su propia naturaleza, es flexible y abierta a las expresiones ciudadanas, porque la vigorizan. ¿Pero, acaso, la modernidad en la democracia debe llegar a estos extremos? Creo que no es para tanto, porque en lugar de robustecerla y dignificarla, la empobrecen. En la res publica, aun en democracia, debe haber compostura, respeto, decencia y pulcritud. En resumen: debe haber virtuosismo. Seamos serios y no contribuyamos más a la descomposición y pérdida de los principios y valores. Respetémonos.

 

 


Notas

[1] Diógenes de Sínope (412-323 a. c.). La locución completa del filósofo dice lo siguiente: “Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”. Y agregó: “Abre la puerta a ese perro, cuídale, aliméntale y trátale con cariño. El te dará lo que jamás ningún humano sería capaz de darte”.

 

[2] De una vez mencionemos, que son tres luchadores que el recién creado partido político “Redes Sociales Progresistas (RSP)”, está postulando para tres alcaldías en la Ciudad de México, además de otras personas más del espectáculo para otros cargos. Seguramente es el partido político que se está especializando en postular candidatos de este corte, toda vez que es el que más candidatos del espectáculo que tiene. ¿Será tal la necesidad de sobrevivir a como dé lugar? Por eso no nos extrañe que lleguemos a tener gobernantes y legisladores con la vestimenta de su profesión de espectáculo y hasta enmascarados, en el caso de los profesionales de la lucha libre.

[3] AJ. EFE. 13 de febrero de 2021. INFORMADOR.MX   https://www. Informador. Mx/deportes/Blue Demon Jr.-pretende-gobernar-en-el-anonimato-20210213-0045.html

[4] Burdel. El diccionario dice que es un lugar lujurioso; esto es, entregado a la lujuria; y por esta última palabra se entiende la afición a los placeres de la carne.

[5] En el video no dice que frente amplio; es decir, compuesto por cuáles agrupaciones políticas, como tampoco porque distrito electoral, ni de qué provincia del Perú. Lo que si aparecen son tres logotipos, aparentemente con los nombres de las agrupaciones políticas, pero no se alcanza a distingue los nombres de ellas.

También puede verse la entrevista que concedió a Mundo. Angie, la prostituta que quiere ser congresista de la izquierda en Perú por la agrupación de izquierda Frente Amplio. https://www.semana.com/peru-angela-villon-la-prostituta-que-quiere—ser-congresista/468374/

Y el artículo de 4 de enero de 2021 titulado “El Frente Amplio lleva a lideres sociales y ambientalistas.” Publicado en La República. https://larepublica.pe/elecciones/2021/01/04/el-frente-amplio-lleva-a-lideres-sociales-y-ambientalistas-pltc/

[6] Artesanal viene de artesano, y este vocablo se refiere al trabajo manual que se realiza para hacer o lograr algo precisamente con las manos.  Sin embargo, por lo que vemos hoy en varias expresiones artísticas y artesanales, las obras no son solo ejecutables y realizables con las manos, sino también con otras partes del cuerpo, como por ejemplo por quienes tienen alguna limitación o discapacidad en sus manos, logrando verdaderas bellezas artísticas y artesanales. Por ello, con todo respeto a su investidura, invito a los cultos de la lengua que residen con su acreditada membresía en la Academia de la Lengua Española, a repensar y modernizar esta palabra, reconceptualizándola y redefinirla.

Manuel Cifuentes Vargas

mcifuentes51@hotmail.com

Doctorante en Derecho por la UNAM.

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