Mi voto en el Día Mundial de la Radio

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Hoy es el Día Mundial de la Radio. ¿Debemos celebrarlo? Estoy convencido que sí porque la radio, en sus casi 100 años de vida en México, continúa aportando mucho en todos los ámbitos: información, participación social, pluralismo político, preservación de lenguas indígenas, inclusión y más.
Es cierto, hay muchas radiodifusoras que se alejan de su función social, pero hay muchas otras que no. Afortunadamente contamos con opciones. Tan sólo en nuestro país operan mil 745 estaciones de AM y FM. Gran parte de éstas son operadas por los grandes grupos comerciales de radio, pero también hay emisoras indígenas, comunitarias y de servicio público, que han roto con los intereses políticos y económicos que las amarraron durante décadas.
Si se suman las decenas de miles de estaciones -no exagero- disponibles en internet y en aplicaciones maravillosas como TuneIn y Radio.Garden las alternativas se multiplican exponencialmente. Ahora más que nunca podemos tener acceso a la música, las voces, las lenguas, los sonidos, que se generan en las más diversas poblaciones del mundo, en todos los Continentes. Escuchar radio es también un aprendizaje cotidiano y vibrante, disponible todo el tiempo desde cualquier lugar.
Yo escucho la radio todos los días, desde que me despierto y desde que tengo noción de su existencia. La escucho sobre todo de la forma tradicional, a través de un equipo modular, de esos que parecen antiguos, pero que no lo son, que se comercializan con mucho éxito en las tiendas que son identificadas con un búho. Una vez que salgo de casa, la radio es mi compañía durante mis prolongados traslados en las congestionadas vialidades de nuestra ciudad.
Mi mamá nos heredó el gusto por la radio. Una de las imágenes recurrentes que tengo de ella es escuchando alguna radionovela, un noticiario o un programa de revista mientras realiza sus actividades en casa, especialmente mientras teje, en una tarde soleada, en la esquina de su sillón preferido. Pero hay otra imagen mucho más poderosa: la de una mujer espectacular, hermosa, con su traje de china poblana, que canta frente a un micrófono, en uno de los estudios de Radio México.

Con su talento, mi madre enriqueció la programación de la radio en los años cincuenta. Cantaba música ranchera. Lo hizo en varias estaciones, las más influyentes de su época, como la XEB “La B Grande de México” y la XEW “La voz de la América Latina desde México”. Tuvo una vida artística intensa, aunque efímera. Se presentaba como Beatriz Plata “La Poblanita”. Ahí, en la radio, conoció a mi padre, Eduardo, quien escribía los guiones y producía los programas del Ejército. Se enamoraron y se casaron. Comenzaron a llegar los hijos y su deseo de trabajar más en alguna radiodifusora fue truncado, no así su placer de cantar y escuchar la radio, como lo hace hasta ahora. Todavía muchos familiares y amigos le llaman “La Poblanita”.
Heredero de ese gusto, mi hermano Eduardo sintonizaba Radio UNAM, en los años setenta. Yo era un niño (aunque no se crea). Nos decía que debíamos escuchar sus noticiarios porque eran los más objetivos. No sé si así haya sido, pero si lo sugería mi hermano mayor, el que había elegido estudiar la carrera de comunicación, no estaba a discusión. Mi hermana Beatriz fue más de radio musical. Le gustaba escuchar a jóvenes talentos: José José, Juan Gabriel, Rocío Durcal, Camilo Sesto, el grupo Mocedades, y similares en Radio Variedades.
Años después, en los ochenta, otro de mis hermanos, José Antonio, también egresado de la carrera de comunicación de la UNAM, hizo un programa de política en Radio Educación, que yo, como estudiante, escuchaba con atención y admiración. Esto mientras mi otro hermano, Gerardo, sintonizaba día con día, principalmente durante las noches, la estación que revolucionó la radio en esa década: Rock 101. Un día, él sería entrevistado por Dominique Peralta como uno de los ganadores de un concurso llamado “Mujeres coma rock and roll”, al que convocó el programa del mismo nombre. Fue emocionante oírlo.
Por eso digo que la radio ha estado conmigo aun antes que naciera.
No sintonizo solo una estación. Voy de frecuencia en frecuencia hasta encontrar algo que me atrape. ¿Noticiarios? Vaya que escucho. Durante las mañanas estoy al tanto de lo que hace Radio Educación en “Pulso de la Mañana” y Radio UNAM y su “Primer Movimiento”. En cuanto a la radio comercial, desde la expulsión de Carmen Aristegui de Noticias MVS, escucho indistintamente a Lupita Juárez y Sergio Sarmiento en La Red de Radio Red, a Gabriela Warkentin y Javier Risco en W Radio, a Martín Carmona y Mario González, en Enfoque, de Stereo Cien, luego de renuncia -obligada- de Leonardo Curzio.

Antes o después de los noticiarios vespertinos, sintonizo cada que se puede (debe uno trabajar) las novedosas propuestas musicales de UAM Radio 94.1, el excelente programa “El fin justifica a los medios” de Radio Educación, los jueves, y un agasajo de recuerdos radiofónicos en la banda de AM, con estaciones que se encuentran casi pegaditas y que, es cierto, se escuchan como “viejitas”: Radio Felicidad (¡súbeleee!) en los 1180 KHz con sus baladas en español setenteras, la XEB en los 1220 KHz con sus inolvidables boleros y música ranchera, y Éxtasis Digital 1530 con una buena programación de rolas de rock clásico. También, claro que pongo oídos a las canciones de trova y los excelentes programas en Radio Ciudadana, a pesar del enojo que me genera la extinción del Consejo Ciudadano de esta emisora.
Por ahí de las cinco de la tarde, también con cierta nostalgia (varios años fui colaborador de su noticiario), pongo a Ezra Shabot en Noticias MVS y más tarde a Pepe Cárdenas en Radio Fórmula. El tráfico de la ciudad me lleva a sintonizar otros programas nocturnos: el noticiario “Pulso de la Noche”, “Política en plural” con José Luis Miranda y “Relieves”, a cargo de la Subdirección de Información, todos ellos de Radio Educación. Si el tráfico continúa, me dejo seducir por estaciones musicales de FM, como Horizonte 107.9, Mix 106.5, Universal 92.1, Opus 94.5 y Radio Mil.
Llegado este punto dirá usted que soy un romántico de la radio tradicional. Sí y no. Sí por lo que le platiqué, pero también le confieso que tengo cuenta en Spotify y hago mis listas de reproducción, veo películas y series en Netflix, consumo televisión abierta (y muy poco de paga), voy al cine casi todos los fines de semana, participo en redes sociales, navego mucho en internet con mi teléfono celular y con mi PC, y con estos equipos, cuando no estoy en clase, veo la transmisión en tiempo real de Canal 44, escucho Radio UdeG, ambas de la Universidad de Guadalajara, y Aristegui Noticias. Soy, como muchos, un prosumidor, que transita entre los medios tradicionales y los medios digitales. Sin embargo, no dejo de reconocer que entre tantas opciones de información y entretenimiento, la radio ocupa un sitio especial, por lo que ha representado en mi vida, pero ante todo por la existencia de radiodifusoras que cumplen su función social, que nos hacen una grata compañía, que abren sus espacios a niñas y niños, adolescentes, personas mayores, personas con discapacidad y que han logrado comunicar ideas, noticias, orientación, música, conocimientos, entretenimiento,sensaciones, emociones, alegría y sueños, anteponiendo los valores humanos.
Para usted ¿qué ha significado la radio? ¿aun la escucha? ¿qué estaciones prefiere? Y ya que estamos en proceso electoral ¿por cuál estación vota?
VIOLETA 106.1
Y justo, hoy, a las 16:00 horas, se presenta el proyecto Violeta Radio 106.1, la primera radio feminista en México, una de las emisoras comunitarias más esperadas. Los detalles los darán a conocer las integrantes de la Alianza por el Derecho Humano de las Mujeres a Comunicar, A.C. en el Museo Memoria y Tolerancia. Muchas felicidades a sus impulsoras que cambiarán el color de las ondas hertzianas del Valle de México.

 

Gabriel Sosa Platas   @telecomymedios

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