El PRI, el gran derrotado

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Al final no hubo sorpresas en las elecciones del domingo. Terminó pasando más menos lo que las encuestas iban evidenciando.

Uno de los elementos a destacar es que en general los procesos se llevaron a cabo pacíficamente. Se confirma que se pueden organizar profesionalmente las elecciones. El INE y los OPLES se encargaron de ello y aunque aparezcan los detractores, son los otros ganadores del domingo.

Las elecciones estuvieron en tiempo y forma y los ciudadanos pudieron ir a votar cerca de sus domicilios, las casillas fueron instaladas en la mayoría de los casos al 100%.

En lo general Morena sigue creciendo. Si bien no tuvo el 6 de 6 como presumían sus dirigentes, funcionarios y gobernadores, el resultado lleva a que el país se siga pintando de guinda. Por más ligas que tenga con el viejo PRI, buena parte del triunfo se debió a que muchos priistas se han ido integrando al partido con todas las luces y sombras del tricolor, lo cierto es que Morena es un fenómeno en la política del país.

Quien sin duda es el gran derrotado del domingo es el PRI, no ha dejado de perder elecciones y su peso en el ámbito nacional va en franco declive, el PAN va a tener tarde que temprano que replantearse la conveniencia de mantener la alianza con el tricolor.

Morena es una organización realmente joven y en muy poco tiempo se ha hecho presente en todos los sentidos: gobierna 22 estados, tiene mayoría en diputados y senadores y va controlando también una gran cantidad de municipios y Congresos locales.

La oposición lo único que pudo demostrar el domingo es, por decirlo de manera doméstica, que “se le mueve la pata”. Sus triunfos en Aguascalientes y Durango resultaron más amplios de lo que decían las encuestas, en el caso de este último estado se llegó a pensar que podía perderlo; sin embargo, el triunfo fue claro e inobjetable.

Un asunto para el análisis está en el abstencionismo. En pocos casos la participación rebasó el 50%, en Quintana Roo la participación fue considerablemente baja. Los ciudadanos no alcanzamos a encontrar motivos para participar, los partidos están lejos de nosotros y hay evidencia del hartazgo hacia la política y gobiernos.

La elección en Tamaulipas se cerró, pero nunca estuvo en riesgo el cantado triunfo de Morena. No le repercutió a su candidato su ausencia en el segundo debate. Lo que sí sucedió es que la diferencia no fue tan amplia, Américo Villarreal no hubiera perdido incluso si se hubiera establecido una alianza Va por México y MC.

Quien ahora va a quedar expuesto es el gobernador Cabeza de Vaca. Se jugó su resto con el candidato de la alianza y con todos los movimientos que previo a la elección llevó a cabo, entre los que está la orden de aprehensión contra el presidente municipal de Reynosa; presumimos que tampoco pasarán por alto para López Obrador los diversos lances que tuvo con el tamaulipeco.

Lo que también se vino a confirmar es que en Oaxaca e Hidalgo los gobernadores auténticamente entregaron la plaza, materialmente se hicieron a un lado y da la impresión de que ahora han de estar esperando a que les llame el Presidente para agradecerles con un cargo público, con un consulado o una embajada.

Como van las cosas, en las elecciones del año que entra en Edomex y Coahuila Morena podría tener un estado más. El territorio mexiquense se divide entre un panismo que se anda diluyendo y el priismo histórico que se va haciendo morenista. Será una elección peleada en preámbulo al 2024. Coahuila por ahora sigue siendo priista.

Los escenarios de futuro se van armando. Morena avanza teniendo quizá a su gran enemigo internamente. La oposición sigue siendo un enigma con tendencia a la baja.

RESQUICIOS.

Menos mal que con la Cumbre de las Américas aparecieron remedio y trapito. El tiempo dirá qué tanto sacudió al continente la decisión de López Obrador, lo bueno, en medio de cierto caos, es que se reunirá en julio con su homólogo de EU.

Javier Solórzano

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