miércoles, febrero 28, 2024

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El Vaticano se abre a la discusión sobre la diversidad sexual

Bernardo Barranco V.

La Iglesia tiene la velocidad de un elefante cansino. Sin embargo, debemos reconocer que el cristianismo en más de 2000 años ha sabido adaptarse a las formaciones histórica y civilizatorias. Así debemos ubicar que el Vaticano, avalado por el papa Francisco, haya aprobado el lunes que los sacerdotes católicos puedan administrar bendiciones a las parejas del mismo sexo, así como a las parejas en situación “irregular”, siempre que dichas bendiciones no sean parte de un ritual o liturgia de la Iglesia, es decir, serán bendiciones “informales”.

Los católicos conservadores, especialmente estadunidenses, se oponen férreamente a bendecir a las parejas del mismo sexo. Pero hay que reconocer que en muchas iglesias de diferentes países es práctica recurrente. En especial y de manera abierta en países como Alemania, Bélgica y Holanda, los sacerdotes ya lo han estado haciendo abiertamente, incluso en ceremonias solemnes.

El pronunciamiento vaticano fue sorpresivo. Tan sólo en marzo de 2021, la Congregación para la Doctrina de la Fe condenó la bendición de las parejas homosexuales, en clara alusión a las resoluciones del sínodo alemán. El dicasterio romano determinó en un documento titulado Responsum ad dubium (Respuesta a una duda), que los clérigos católicos no pueden bendecir las uniones entre personas del mismo sexo, porque Dios “no puede bendecir el pecado”.

Inesperado posicionamiento del Papa, porque en el sínodo reciente sobre sinodalidad, que concluyó en octubre último, el tema fue tratado de manera decepcionante en el documento final. El sínodo ha abordado temas polémicos, como el celibato, el diaconado femenino, y la manera de acoger a personas con diversas orientaciones sexuales. En el documento final se ha omitido por completo la referencia a la nomenclatura “LGTB” que había sido usada en el documento de trabajo. Se ha optado por hablar de la acogida de personas con diversas orientaciones sexuales.

En los 10 años de pontificado, sobre la diversidad sexual, Francisco ha recibido ataques y amenazas de cisma por los sectores católicos ultraconservadores. Podríamos decir que Francisco ha soportado dos embestidas tanto de conservadores como de progresistas. A dos fuegos Bergoglio ha resistido. También, recibe la presión de católicos de avanzada en Alemania, Bélgica y Holanda. Bajo amenaza de cisma, demandan una revisión y grandes renovaciones en moral sexual. Temas candentes en que Roma ha bajado la cortina, como el sacerdocio femenino, el celibato y la aceptación de matrimonios entre personas del mismo sexo.

El Papa defiende los derechos de los homosexuales en la sociedad secular, pero los discrimina dentro de la Iglesia. ¿Por qué la homosexualidad sigue siendo un tabú para la Iglesia católica? Hay estudios que revelan que en la vida religiosa existe más de 50 por ciento de homosexualidad. Frédéric Martel, autor del libro Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano, 2019, aventura que son homosexuales hasta 80 por ciento en la curia romana. Entre más homófobos son los clérigos, escribe Martel, más proclives son a las prácticas homosexuales subterráneas. Probablemente Francisco sea el Papa más abierto a la condición homosexual. Recordemos el vuelo de regreso de Río a Roma, en julio de 2013. Francisco se dirigió a los periodistas en el avión y les preguntó: “¿Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?” Siete años después, hizo un nuevo pronunciamiento en el documental Francesco. Ahí el Papa dijo: “Los homosexuales tienen derecho a vivir en familia. Son hijos de Dios y tienen derecho al reconocimiento del Estado”. El Papa abogó por las uniones civiles legales para los homosexuales, pero rechaza el matrimonio homosexual. El mismo Francisco que criticó la exclusión por orientación sexual, segrega a los sacerdotes homosexuales que salen del clóset y cierra las puertas de los seminarios.

El documento publicado el pasado lunes, titulado “Confianza suplicante”, señala que los sacerdotes no deben impedir o prohibir la cercanía de la Iglesia a las personas en cualquier situación en que puedan buscar la ayuda de Dios a través de una simple bendición. Sostiene que no supone una legitimación del amor entre personas del mismo sexo. Por ello, el cardenal también argentino Víctor Manuel Fernández, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sentenció que la nueva directriz no debe confundirse con el sacramento del matrimonio, sino que es un signo que tiene el propósito de establecer que Dios acoge a todos sin distinción. Su posicionamiento es tajante: “No pretendemos legitimar nada sino sólo abrir la vida a Dios, pedir su ayuda para vivir mejor, y también invocar al Espíritu Santo para que se puedan vivir con mayor fidelidad los valores del Evangelio”.

El Syllabus de Pío IX, en 1864, el Papa condenaba las nociones de libertad de conciencia, libertad de expresión y democracia. Tuvieron que pasar más de 100 años para que el Concilio Vaticano II, los reconociera y los resignificara. El documento avalado por Francisco es un paso importante en el ministerio de la Iglesia hacia las personas LGBTQ. Se despliega una gran oportunidad para abrir grandes debates de la relación entre sexualidad y espiritualidad en el ámbito católico, plagado de desasosiegos y sentimientos pecaminosos. Temas inhibidos y prohibidos por el tradicionalismo católico.

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