por Erika Millet Corona
Sólo puedo imaginar las siguientes razones por las cuales alguien defendería el proyecto de las Dunas de Chuburná: 1) el servilismo político 2) tiene intereses involucrados 3) la inconsciencia absoluta y la falta de respeto hacia el medio ambiente y el daño que ya le hemos hecho a nuestras playas 4) falta de información suficiente 5) miedo a que la resistencia social hacia los proyectos que nos dañan se normalice y eventualmente termine por afectar también los propios intereses. (Un conocido me dijo: «imagínate tener esa inversión y no hacer nada con ella»).
El servilismo hacia la figura de Mauricio Vila es algo generalizado entre las personas que han estado cercanas a él durante su paso por el gobierno e incluso después. El poder que amasó tiene que ver, a mi parecer, sobre todo con la forma en la que sus allegados se han beneficiado económica o políticamente de su cercanía. No hubo quien le dijera «no» y es de lamentar.
Lamento también que su paso por la administración pública haya hecho tanto daño: amiguismos políticos, patrimonio cultural en ruinas y atentados ecológicos; lamento que nadie haya tenido los arrestos para ponerle límites. Que el PAN se haya convertido en el partido de Vila y que todos los demás actores políticos, incluso quienes eran grupos opositores dentro del Partido Acción Nacional, hayan tenido que danzar con cautela alrededor de su dominio para conseguir afianzar sus propios logros a cambio de prevendas y acuerdos.
Impactante que haya quien lo sigue considerando un visionario. La visión se convierte en ambición, vorágine, cuando se privilegia a unos cuantos y no el bien de la población en general. Estamos tan metalizados, tan capitalizados, que nos es difícil entenderlo; pero se puede, créanme. Nos urge deconstruirnos en muchos aspectos para salvar algo de lo que nos queda.
Nota para quienes la necesiten: AMLO empoderó a Vila y ambos se han solapado muchas barbaridades. Es un error pensar que por señalar los excesos del exgobernador, estoy deslindando al gobierno federal de entonces y el de ahora de responsabilidades. En política nada es dicotómico, aunque nos hagan pensar que sí.


