Periodismo y polarización

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El momento de polarización que nos ha tocado vivir, es una verdadera amenaza para la libertad de expresión. Ejercer el periodismo en este contexto se ha convertido en algo complicado por la manera en que los partidarios de los bandos en disputa, disfrazados de lectores o usuarios de redes sociales, reaccionan a cada texto que se publica.

Y no se trata de un fenómeno exclusivo de México, pues en otras latitudes se han vivido experiencias similares.

La pluma de Rafael Narbona, escritor y crítico literario español, nos compartió lo que es ejercer el “Periodismo en tiempos de crispación” (publicado en el portal El Imparcial el 21 de mayo de 2016), en medio de las campañas electorales para renovar al legislativo hispano en junio de ese año y que tuvieron como resultado una reducción de la votación del PP y del PSOE, así como la irrupción de dos nuevas formaciones, Ciudadanos y Podemos.

Del otro lado del Atlántico también vivieron sus momentos de polarización, lo que llevó a Narbona a escribir, “el espíritu de confrontación que vivimos en España en las vísperas de unas nuevas elecciones, puede ser tan dañino como la intimidación ejercida por la violencia. Desde mi punto de vista, el papel de un periódico es crear un espacio para el debate. Si en vez de eso, se limita a reiterar consignas, alineándose con una perspectiva unilateral, desciende a la altura del pasquín”.

Algo similar ha ocurrido en México, también derivado de un proceso electoral, pues muchos medios se han alineado con los bandos en disputa, presentando la información desde la óptica partidista, pues de lo que se trata es de apoyar o atacar a una de las partes y no estar con la verdad.

El reciente caso que involucra al hijo mayor del presidente López Obrador nos ofrece un buen ejemplo de esto, pues en los medios y redes lo que se aprecia son textos a favor o en contra, no datos que se contrasten y lleven a una conclusión determinada independientemente de las filiaciones.

En las redes sociales, la información es celebrada o rechazada según el sesgo de confirmación de cada uno de los usuarios, sin que se dé espacio a un análisis alejado de las filias o fobias de la militancia.

Los medios que han surgido recientemente, tanto digitales como impresos, siguen esta tendencia y muchos periodistas –o textoservidores como los llamó algún articulista que se quejaba de las plumas que apoyaban a gobernantes priístas en sexenios pasados— ahora se dedican a defender a los aliados o atacar a los adversarios que les indican.

“Pienso que el periodismo actual ha renunciado a la excelencia”, reflexionó Rafael Narbona en el texto que referimos, “prefiriendo despeñarse por la discusión enconada y partidista, negándose a reconocer ninguna virtud en el adversario. Comprar o leer un periódico no constituye una aventura intelectual, sino un acto de adhesión a una idea política”.

Y si revisamos los temas que en fechas recientes han atraído la atención del público, veremos que la tendencia es seguir el camino de la militancia antes que buscar informar a la sociedad.

Quizá sin saberlo, Rafael Narbona hizo algo similar a una predicción que en la actualidad alcanzó al periodismo mexicano: “El periodismo muere cuando el compromiso con la verdad declina para favorecer una versión partidista de los hechos. Ese giro suele reflejarse en el descuido de la prosa, los titulares sensacionalistas y los malos modales”.

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