Video .Pinocchio, de Guillermo del Toro

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Por
María Cristina Rosas
mcrosas@unam.mx
Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

La pandemia del SARSCoV2, agente causal del COVID-19, cambió al mundo. Sus impactos se sintieron no sólo en la vida política y económica de las naciones, sino especialmente en la intimidad de los hogares. Una enfermedad que originalmente impactaba a los más longevos -o eso parecía-, pero que encontró vías para destruir las vidas de los más jóvenes ha contribuido a valorar el papel de la familia por sobre todas las cosas. Los padres y abuelos lucharon por sus vidas, pero también lo hicieron los hijos y nietos. Éstos a su vez se propusieron hacer todo para salvar a sus progenitores y a los padres de ellos. Al final, todos perdieron a alguien.

En este tenor, la cultura popular ha producido una serie de películas y series que destacan la salvación de las familias o al menos, su reivindicación. Padres que protegen o sobre protegen a los hijos. Hijos que rescatan a los padres o que los apoyan en decisiones tan controvertidas como partir con dignidad. Padres e hijos que intentan reencontrarse tras separaciones por las causas más variadas. Se trata de una lucha por la supervivencia no sólo de los más jóvenes, sino también de aquellos que tienen más años y experiencia y pueden guiar y tutelar a las nuevas generaciones. Esta narrativa se puede encontrar en algunas producciones más recientes de Hollywood y de otros países como La ballena de Darren Aronofsky, Los Fabelman, de Steven Spielberg; Aftersun de Charlotte Wells; El tiempo del Armagedón, de James Grey; Avatar: el camino del agua, de James Cameron; El hijo, de Florian Zeller; las francesas Todo estará bien de Francois Ozon y Alta costura de Sylvie Ohajon; la mexicana Bardo, de Alejandro González Iñárritu; y, por supuesto, Pinocchio de Guillermo del Toro, sólo para citar las más comentadas y laureadas en semanas recientes.

Sin ser las únicas temáticas -toda vez que subsisten tópicos tan variados como el feminismo –La mujer reina-, la denuncia de abusos –Ella dijo; Tár; las biográficas –Elvis, Rubia, Quiero bailar con alguien-; las de terror –Megan, La exorcista, El teléfono negro; y las de los súper héroes y súper villanos; se predomina en los guiones la familia, sus desencuentros y, eventualmente, su redención.

En el Hollywood de hoy dominan las franquicias las que, a todas luces, han resultado muy lucrativas y benéficas para los grandes estudios. Claro que estos también compiten cada vez más con empresas como Netflix, Amazon Prime, etcétera, que a través de producciones propias de gran calidad incrementan la oferta de entretenimiento para las audiencias. Es de destacar también que mientras que los grandes estudios parecen enfocarse más a recrear historias conocidas, con remakes de distintas calidades, la oferta de streaming parece más diversificada. Pinocchio es un buen ejemplo: Disney+ estrenó a finales de 2022 directamente en su plataforma de streaming la versión en acción viva que recrea a la película animada de 1940, con Tom Hanks en el papel de Gepetto y bajo la dirección de Robert Zemeckis. Netflix, por su parte, produjo la versión que sobre el niño de madera elaboró Guillermo Del Toro con una sorprendente animación en stop motion. La segunda ha sido universalmente aclamada -Rotten Tomatoes le dio 97 de 100 puntos posibles, en tanto la película de Zemeckis recibió la humillante calificación de 28. Pero esto no debería generar un problema para Del Toro: en 2020, él hizo el guión de Las brujas, remake de la película que estelarizara en 1990 Angelica Huston. El remake estuvo a cargo de Zemeckis y Del Toro y Alfonso Cuarón también produjeron la cinta. Así es la meca del cine.

En los recientes Critics Choice Awards, Del Toro, galardonado una vez más por su Pinocchio –previamente recibió el globo de oro-, manifestó en su discurso de agradecimiento, que su proyecto no le interesó a los grandes estudios y que buscó por 15 años llevarlo a cabo a pesar de las negativas de los pesos pesados del cine. Este discurso implícitamente revela dos cosas: la competencia cada vez más intensa entre los grandes estudios de Hollywood frente a los grandes del streaming y, por el otro, que éstos últimos generan opciones para cineastas a quienes la meca del cine les cierra las puertas. El caso de Tim Burton parece corroborar esta tendencia. En 1984, cuando hacía sus pininos en los estudios Disney, produjo el largometraje Frankenwinnie, que emula la obra de Mary Shelley, Frankenstein, pero en el caso de Burton, el protagonista es un perrito atropellado que muere y a quien su dueño, un niño, lo revive. Cuando terminó su Frankenwinnie, los estudios Disney lo despidieron supuestamente por mal utilizar los recursos de la empresa. Con el tiempo, Burton se convirtió en un reconocido cineasta y en 2012 hizo un largometraje con la misma historia y en stop motion a la que Rotten Tomatoes la califica con 88 puntos. El Frankenwinnie de 2012 se dio tras una de varias reconciliaciones entre Burton y Disney con quien ha tenido un matrimonio de rupturas y reencuentros. Burton ha hecho igualmente películas financiadas y/o distribuidas por la Warner Brothers, la 20th Century Fox, la Weinstein Company, Sony Pictures y Paramount. Tras el fracaso de Dumbo, película en acción viva de 2019 a la que los señores de los tomatazos la reprobaron con 45 puntos y cuyo resultado tan negativo Burton lo atribuye a las intromisiones de Disney en la hechura del filme, el aclamado cineasta se fue a Netflix a desarrollar su famosa Merlina. Tras su ruptura con la empresa del ratón, Burton dijo tajante “Disney es un circo horrible.”¹ ¿Significa esto que Netflix, Amazon y compañía serán los receptores de talentos que ya no encuentran cabida ni apoyo en los grandes estudios? ¿O es simplemente una nueva división internacional de la oferta de entretenimiento donde los grandes estudios apuestan por las franquicias y los súper héroes y súper villanos, mientras que en streaming se producen otras temáticas para los demás nichos de audiencia? Netflix se ha ganado la reputación de ser una opción para producciones independientes y también como exitosa creadora de sus propios contenidos.

Es importante mirar a la manera en que se consume el cine y el entretenimiento en el momento actual, porque ello ayudaría a explicar las tendencias reseñadas líneas arriba: por supuesto, hay una oferta en salas tradicionales que implican que la audiencia debe desplazarse físicamente al lugar de exhibición. Hay un público fiel a esta tradición. El streaming, en cambio, elimina la necesidad de desplazamiento, toda vez que, a través de una computadora, tableta, TV o incluso en el teléfono celular, se puede acceder al entretenimiento.

Dado que los mercados de audiencia están cada vez más segmentados, hay público para las salas de cine, como también para el streaming en casa, en el trabajo o hasta en el transporte público. Los creadores del entretenimiento lo saben. Los grandes estudios cinematográficos han apostado por ofertar productos vía streaming para este segundo público que no va a las salas de cine, si bien hoy por hoy parece que Netflix y Amazon Prime Video llevan la delantera sobre Disney+ y HBO Max -en éste último caso, la experiencia de esta empresa es muy interesante y encaja con las tendencias actuales, dado que históricamente ha producido películas para las salas de cine, como también series y largometrajes que ha estrenado directamente en TV. Otro competidor importante es AppleTV, si bien su audiencia es más reducida que la de las empresas referidas en especial porque su oferta no se puede disfrutar en Android. Hay consorcios que se posicionan en segmentos del mercado, como hace, por ejemplo, Paramount+, que cuenta con películas especialmente de tipo familiar, un catálogo infantil, eventos deportivos y también coloca en su oferta los estrenos rápidamente, tras días de su exhibición en cines. Los grandes de Hollywood están obligados a estudiar y entender la segmentación de los mercados para poder posicionarse en las plataformas de streaming.

Claro que la pandemia ayudó a los consorcios de streaming a posicionarse en momentos en que las audiencias estaban ávidas de entretenimiento y no podían asistir, por ejemplo, a las salas de cine o a las ofertas culturales de manera presencial. En el escenario post pandemia se observa esta reconversión del sector del entretenimiento, en que queda de manifiesto que hay un apetito para disfrutar de series, películas y videojuegos de manera inmediata y en cualquier lugar donde la audiencia se encuentre, si bien el público que previo a la pandemia iba a las salas de cine, está regresando a ellas. Para decirlo de otra manera: el entretenimiento hoy va a buscar a sus segmentos de audiencia. Hasta no hace mucho era al revés: las audiencias de todo tipo iban a buscar el entretenimiento cuando su oferta, por cierto, era más limitada. También está el tema de las edades: en México se sabe que son los millenials quienes más se suscriben a plataformas de streaming.²

Como se apuntaba previamente, más que una reinvención de la industria del entretenimiento se ha generado una segmentación o adaptación para los nichos de audiencia y también una suerte de división entre las súper producciones con grandes efectos especiales en IMAX, 3D y demás que serían vistas en salas de cine y otras producciones que mayormente se desarrollan por los gigantes del streaming para ser consumidas en casa o en gadgets.

Aun cuando esa parece la norma, los grandes estudios también recrean historias que en el pasado les redituaron, si bien en sus nuevas versiones, salvo excepciones, distan mucho de emular los logros de aquéllas. Ahí está el caso del ya citado Dumbo, que los estudios Disney produjeron en 1941 -con una calificación de los señores de los tomatazos de 98 puntos de 100 posibles- frente al Dumbo de Tim Burton de 2019 -que reprobó con 45 puntos, esto es, con menos de la mitad de su antecesor-; el Rey León de 1993 -con 93 puntos- frente al Rey León de 2019 -con apenas 52 puntos-; Aladino de 1992 con la voz del recordado Robin Williams -y que recibe 95 puntos- frente al Aladino de 2019 con Will Smith –calificada con 57 puntos-; Superman: la película protagonizada por Cristopher Reeve -Rotten Tomatoes le da 93 puntos- frente a El hombre de acero de 2013 con Henry Cavill -con 53 puntos-; Psicosis, la del maestro Alfred Hitchcock de 1960 -con 96 puntos- frente a Psicosis de Gus van Sant de 1998 -con 40 puntos-; Las brujas de 1990 -93 puntos- frente a Las brujas de 2020 -49 puntos-; El silencio de los inocentes –con 95 puntos- frente a Hannibal -con 39-; Pantera negra -96 puntos- frente a Pantera negra: Wakanda para siempre -con 84-; La sirenita de 1989 -con 92 puntos- frente a La sirenita de 2019 -con 36 puntos. Hay excepciones, por supuesto, donde las segundas partes superan a las primeras. Ahí está el caso de Top Gun de 1986 -que recibió 58 puntos- frente a Top Gun Maverick -que ha sido elogiada por la crítica y que cuenta con 96 puntos-; Toy Story II -con la calificación perfecta de 100 puntos-; Batman comienza -84 puntos- frente a su secuela El caballero de la noche -con 94 puntos.

En este ir y venir de “viejas versiones” para “actualizarlas” y ponerlas a disposición de las nuevas generaciones -o de manera más clara, para aprovechar los nichos de audiencia- hay aciertos pero pareciera que se parte del supuesto de que si algo tuvo éxito en el pasado, basta un copy-paste para traerlo a consideración del público de hoy. Evidentemente ese es un error. Aunque en descargo de lo expuesto, los estudios no generan productos para que Rotten Tomatoes las califiquen con altas o bajas puntuaciones. La industria del entretenimiento es lucrativa, si bien todas las empresas que la generan, sin excepción, necesitan el consumo del público para el desarrollo ulterior de más oferta. Si un producto tiene éxito o si fracasa, debe haber una oferta continua para hacer frente a esas debacles. Cuando House of Cards, la serie emblema de Netflix tuvo que ser cancelada tras los escándalos en la vida real de su protagonista, Kevin Spacey, parecía como si la empresa se hundiría pero no. Fue capaz de recuperarse, generar una amplia variedad de contenidos y hoy cuenta con 221 millones de suscriptores en todo el mundo, no obstante que sus precios han aumentado. La Fox, que en sus orígenes operó como empresa de TV de paga, tuvo gracias a Los Simpson y otras series de animación para adultos en horario prime time –para las audiencias de 18 a 49 años-, un éxito rutilante. Hoy esa oferta es parte de Disney+ quien compró aquella división de la Fox, lo que hace que la compañía del ratón tenga un monopolio en animación no sólo para el nicho de público infantil, sino también para el adulto. Esta tendencia al monopolio en la industria del entretenimiento de Estados Unidos es histórica y no parece que vaya a cambiar dado que se reproduce también entre los gigantes del streaming.

El Pinocchio de Guillermo del Toro
Con este telón de fondo se puede mirar a Pinocchio, película animada en stop motion que Guillermo del Toro señala que le tomó 15 años realizar. Como se refería, el propio Del Toro, en la reciente entrega de los Critcis Choice Awards explicó que por años tocó varias puertas en Hollywood para hacer realidad esta película y que los grandes estudios rechazaron su propuesta hasta que llegó a Netflix.

Pinocchio es la obra literaria italiana más conocida en el mundo. Escrita por Carlo Collodi entre 1881 y 1883 y publicada como una serie de relatos denominados Le avventure di Pinocchio, se inscribe en el contexto de la unificación italiana y el nacionalismo exacerbado de la Italia de finales del siglo XIX, cuando también se producía una transformación económica con la migración de las zonas rurales a las ciudades. Le avventure di Pinocchio cuenta la historia de una traviesa marioneta de madera creada por el carpintero Geppeto. Pinocchio se mete a menudo en problemas, y suele decir mentiras por lo que le crece la nariz. Pinocchio vive diversas aventuras y atraviesa múltiples vicisitudes hasta que termina transformado en un niño de carne y hueso.

Del Pinocchio de Collodi se han hecho múltiples versiones, tanto literarias como en teatro, TV y cine. A propósito de la literatura, el escritor ruso Aleksei Tolstoy hizo en 1936 una historia basada en la de Collodi, y al personaje de madera lo bautizó como Buratino. En la animación soviética se crearon Las aventuras de Buratino en 1975. Ello corrobora la universalidad del personaje. Se trata de un ícono de la cultura universal fácilmente identificable por chicos y grandes y que incorpora temas como la paternidad, la inocencia, la infancia, el precio de mentir, el peligro, etcétera. Es una historia aspiracional: trabajar para lograr el objetivo, en este caso, ser un niño de carne y hueso, aunque en las numerosas versiones que se han hecho de la obra literaria, hay importantes variaciones.

Pinocchio ha dado pie a producciones de acción viva y animadas. Indudablemente la más icónica es la hecha por los estudios Disney en 1940 a la que Rotten Tomatoes le da la calificación perfecta de 100 puntos. Es conocida universalmente y si bien Blanca Nieves y los siete enanos, película de 1937, marcó un hito en la animación mundial -con una calificación de 97 puntos- es con Pinocchio que los estudios de Burbank logran la excelencia -y, no se pierda de vista, en plena segunda guerra mundial. No debe sorprender entonces el interés generado por adaptar esta obra una y otra vez, con resultados variados, desde lo excelso hasta lo ridículo. De la obra maestra de Disney de 1940 se ha transitado a otras. Posiblemente la peor sea la de Roberto Benigni de 2002, quien interpreta al propio muñeco y que fue calificada con un lapidario 0, en parte por lo grotesco de un Benigni interpretando a una marioneta -que se supone que es un niño, no un adulto-, en parte también, por el fallido doblaje al inglés que se hizo del protagonista. El actor se redimió en la versión de 2019 dirigida por Matteo Garrone, donde interpreta en esta oportunidad a Geppeto, en tanto el niño de madera recae en el actor infantil Federico Lelapi. Los señores de los tomatazos le dieron 84 puntos.

Ahora bien: alguien en Disney tuvo la idea no genial de hacer un nuevo Pinocchio de acción viva con Tom Hanks en el papel de Geppeto. La intención, se entiende está en sintonía con lo visto en otros remakes de la empresa del ratón. Sólo que pese a su costo exorbitante de 150 millones de dólares ha recibido toda clase de críticas, al guion, a los diálogos, a la nula aportación que hace al laureado filme de 1940, y hasta al papelón que hace el propio Hanks. Robert Zemeckis, el director de la película ha brillado en Hollywood por la incorporación de sofisticados efectos especiales a sus producciones, si bien parecería que por preocuparse por la forma descuida el fondo, esto es, la historia misma. Esta crítica es recurrente a su trabajo, si bien se reconoce que cuenta con importantes producciones como ¿Quién engañó a Roger Rabbit? de 1988 y Escape al futuro I de 1985, ambas con 95 puntos. El Pinocchio de Zemeckis fue estrenado directamente en streaming en Disney+ y al día de hoy es considerada la peor película del director.

Eso hace que la versión de Pinocchio de Guillermo del Toro sea muy meritoria. El cineasta tapatío, cuando trabajaba en la producción de la película, explicó en entrevistas que si bien admira la versión de Disney de 1940, decidió apartarse de ella. Y así lo hizo en más de un sentido. Para empezar, los costos de producción fueron de aproximadamente 35 millones de dólares -que es más o menos la quinta parte de lo que costó la película de Zemeckis. Tras una muy bien orquestada campaña de publicidad de parte de Netflix, el flamante Doctor Honoris Causa por la UNAM ha recaudado más del doble de lo que costó hacer su entrañable Pinocchio. Zemeckis no se acerca ni remotamente a recuperar lo que Disney invirtió, por lo que la película se perfila como un fracaso estruendoso.

La marioneta de Pinocchio, tal y como aparece en el largometraje de Del Toro, está basada en las imágenes que sobre el muñeco hizo el autor e ilustrador estadunidense Gris Grimly, conocido por sus versiones tanto de Pinocchio de 2002 como de Frankenstein. El tapatío confeccionó una historia en la que de nuevo coloca en un escenario bélico como lo hizo previamente en El espinazo del diablo de 2001 -93 puntos de los señores de los tomatazos- y El laberinto del fauno de 2006 -95 puntos- al protagonista del cuento de Collodi. ¿Será una deferencia al hecho de que la gran película animada de Disney vio la luz en 1940, esto es, en plena guerra? La película de Del Toro es la mejor calificada por la crítica hasta la fecha respecto a su filmografía, incluso por encima de La forma del agua de 2017 que le valió varios premios en todo el mundo, incluido el Oscar -la película recibió la calificación de 92 puntos.

El Pinocchio de Guillermo del Toro como reza el título de la película, es un trabajo mucho más personal, una reinvención de la famosa historia en que lo mismo se hace un homenaje no sólo a Collodi, como a los padres del stop motion, desde Georges Meliès Willies O’Brien y Ray Harryhausen, pasando en la época contemporánea por Wes Anderson y Tim Burton. Ambientada en la Italia del fascismo en la segunda guerra mundial, Del Toro aprovecha para satirizar la figura de Benito Mussolini y el fascismo, la explotación y el abuso infantil, pero también evoca la búsqueda de identidad de un Pinocchio que toma decisiones primero a la ligera y a medida que trascurre la historia, se torna más responsable hasta enfrentar a su abusador, el Conde Volpe y salvar a Geppeto.

La muerte recibe un tratamiento prioritario en la película de Del Toro. Destaca el duelo de Geppeto al haber perdido a su pequeño Carlo -así llamado en homenaje a Collodi-; su decisión de construir un sustituto para mitigar el dolor -a la usanza de lo hecho por Víctor Frankenstein cuando decide crear a su criatura-; las múltiples “muertes” de Pinocchio quien no puede fallecer porque no es un niño de verdad; la presencia de los conejos negros, que son quienes cargan los féretros de quienes mueren y mientras esperan el arribo de un nuevo cuerpo, juegan a las cartas; y finalmente la decisión de Pinocchio de rescatar a Geppeto aunque sea a costa de su propia inmortalidad. De hecho, el Pinocchio de Del Toro no se transforma en un niño de verdad, pero la humanización del personaje se acrecienta a medida que todos los seres que ama mueren. La muerte es lo que le da sentido a la vida.

Hacer una película sobre la marioneta más famosa del mundo con titiriteros resulta lógico, pero no sencillo. En su enorme campaña publicitaria, Netflix no se ha cansado de mostrar la hechura de la película, la complejidad que involucró desde el diseño de los personajes, la manipulación de sus movimientos, la construcción de los sets de filmación, además de entrevistas con Del Toro y la pléyade de estrellas que participaron en el largometraje. Como plus se tiene la música a cargo del laureado músico francés Alexandre Desplat, quien con Del Toro, ya obtuvo el premio Oscar por la música de La forma del agua.

La película termina siendo entrañable, una acertada versión del siglo XXI que rinde tributo a la historia que Collodi escribió a fines del siglo XIX. Posee numerosos elementos mexicanos, desde el Hada Buena y la Muerte que semejan alebrijes, hasta el empleo de madera del país para crear a Pinocchio, pasando por el Taller del Chucho, donde Del Toro impulsa a la industria de la animación en su natal Guadalajara, con artistas, diseñadores y escenógrafos nacionales. El diferendo con Cinemex, que impidió la exhibición de la película en cines no ha sido obstáculo para que el público mexicano -y el de todo el mundo- pueda disfrutar de esta producción. Tanto la UNAM, como salas independientes, además de la Cineteca Nacional, quien exhibió una exposición con Pinocchio y Geppeto y decenas de detalles sobre la forma en que se construyó a los personajes, han permitido que las audiencias no se limiten a verla en Netflix. El 30 de diciembre pasado, en una función gratuita en el Zócalo de la Ciudad de México, las autoridades calcularon en 10 mil los asistentes a su exhibición.

Del Toro hizo una animación en stop motion única. A diferencia de Zemeckis entendió que el fondo es forma y trabajó ambos en paralelo. La hechura de la película ha sido aclamada y le ha valido, hasta ahora, el Globo de Oro y el Critics Choice Awards, como antesala a lo que parece una certeza para la noche del próximo 12 de marzo. Del Toro se perfila como el único cineasta en la historia en ganar el premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood por una película en acción viva –La forma del agua- y una película animada. Este no es un tema menor.

Los premios Oscar comenzaron a entregar el galardón a largometrajes animados apenas en 2002, cuando la película de Dreamworks -empresa fundada por Steven Spielberg- Shrek se alzó con la codiciada estatuilla. La explosión de la animación en EEUU y el mundo, gracias al empleo de computadoras, generó amplias posibilidades para el género. El éxito de la película que cuenta las aventuras del ogro verde, abrió las puertas para que Dreamworks creara sus estudios de animación, mismos que le han permitido competir con Pixar. Pero… la estatuilla, desde 2001 hasta 2022 ha ido para Pixar con 11 galardones -de 16 nominaciones que ha tenido-, lo cual es a todas luces injusto -considerando a la animación japonesa y francesa para citar dos casos muy conocidos. El único galardón en animación para Japón, el país del anime, fue para El viaje de Chihiro de Hayao Miyazaki en 2003. De ahí en fuera, el premio parece un baile entre Pixar y Disney –al final es casi lo mismo, toda vez que la primera es subsidiaria, desde 2006, de los estudios Walt Disney. Esta última ha tenido 13 nominaciones de las que ha ganado 6 -cuatro como Disney y 2 como Dreamworks también su subsidiaria. Esto significa que la dupla Pixar-Disney se ha impuesto en 17 de 21 nominaciones. Por eso es tan importante lo que ha logrado Guillermo del Toro con su Pinocchio y ello explica la extensa campaña de difusión y relaciones públicas de Netflix. Además, desde que se premia a largometrajes animados, sólo una vez ha sido galardonada una película en stop motion, la británica-estadunidense Wallace y Gromit en 2006.

Si esto parece controvertido, considérese lo siguiente: por largo tiempo se ha dicho en los círculos cinematográficos, que el premio Oscar a la mejor película animada se creó para proteger a las películas de acción viva. Peor es que se ha reiterado una y otra vez que la animación es sólo para el público infantil, lo cual resulta conveniente porque eso abre la puerta a que domine la acción viva tan sólo por el tema del star system hollywoodense. Los Simpson -para quienes, por cierto, Del Toro hizo un chiste del sofá en su especial de noche de brujas XXVI en 2013, además de haber sido simpsonizado en la temporada 30, episodio 15 en marzo de 2019- hace tiempo dejaron claro que la animación se rige por nichos de audiencia y que la más redituable como mercado ha sido la de 18 a 49 años, en parte, por su poder adquisitivo, aunque esto está cambiando ante el envejecimiento de los espectadores. Es por ello que, en cada oportunidad Guillermo Del Toro insiste en que la animación es cine y no es exclusivamente para niños -aunque los adultos la pueden ver con los peques. Los dichos de Del Toro recuerdan la controversia suscitada en 2008 cuando la excelsa WALL-E obtuvo el premio Oscar a la mejor película animada cuando la crítica la aclamó y pidió que se le considerara también para el premio como mejor largometraje. La sombra de la sucedido en 2008 pulula en el ambiente. Más de uno está pidiendo que el Pinocchio de Guillermo del Toro también sea considerado como mejor largometraje -además de mejor película animada. Si eso sucediera, sería un éxito para Netflix que es vista naturalmente con recelo por los grandes estudios. Pero si sólo recibiera el galardón a mejor película animada, también será un gran logro al colocar a un largometraje en stop motion producido por el gigante del streaming a la cabeza de lo mejor del cine mundial. Pase lo que pase, si el lector aun no ha visto el Pinocchio de Guillermo del Toro es altamente recomendable que lo haga cuanto antes. Es la clase de producciones que van más allá del entretenimiento al conmover y empatizar con los espectadores de una manera única y que se ha abierto paso por derecho propio en medio de las políticas y politiquerías -que no son lo mismo- de Hollywood. ¡Mucha suerte a Guillermo del Toro el próximo 12 de marzo!

¹ Los Andres 139° (25 de octubre de 2022), “Tim Burton se mudó a Netflix: “Disney es un circo horrible””, disponible en https://www.losandes.com.ar/espectaculo/tim-burton-se-mudo-a-netflix-disney-es-un-circo-horrible/

² Mariana Ramos (13 enero, 2021), “Millennials Mexicanos: los que más gastan en plataformas de streaming”, en Marting4ecommerce, disponible en https://marketing4ecommerce.mx/millennials-mexicanos-los-que-mas-gastan-en-plataformas-de-streaming/

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